¿Qué problemas soluciona la Ley de Tierras?

diciembre 27, 2011

En su discurso de asunción presidencial, Cristina Fernández exhortó a los legisladores a sancionar el proyecto de Ley de Tierras afirmando que así se podrá “cuidar un recurso estratégico como es la tierra en un mundo que va a necesitar de los alimentos como de la energía”.Con éstos argumentos la ley fue votada el pasado jueves por el Congreso casi sin debate. Pero la pregunta es, ¿qué tiene que ver todo esto con la ley? Allí se pretende evitar extranjerización de la propiedad de la tierra, un fenómeno que no ha aumentado sustancialmente en las últimas décadas, mientras es la apropiación de sus recursos por medio de alquileres o concesiones lo que ha crecido exponencialmente.

De puño y letra

El texto en cuestión se llama “Ley de Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad, Posesión o Tenencia de las Tierras Rurales” y fue presentado en abril de 2011. En el primer capítulo se explica el ámbito territorial y el personal de aplicación de la ley, aclarando que se hace mención a “tierras con destino rural, sea para usos o producciones agropecuarias, forestales, turísticas u otros usos rurales”. En el segundo capítulo se explicitan sus dos objetivos: la creación de un Registro Nacional de Tierras Rurales y la regulación de los límites de la titularidad de tierras rurales, donde lo primero es necesario para lo segundo. En el tercer capítulo explicitan a qué se referirán con “titularidad extranjera sobre la propiedad de las tierras rurales”, incluyendo allí no sólo a las personas de nacionalidad extranjera que poseen tierras en el país sino a las sociedades donde haya una proporción de capital extranjero superior al 50%. En el artículo 7 de ese capitulo establece que no más del 15%[1] de las tierras rurales en el territorio nacional puede ser de titularidad extranjera; en el número 8 agrega además que personas físicas o jurídicas de la misma nacionalidad no pueden poseer más del 30% de las tierras permitidas para los extranjeros; y en el artículo número 9 las tierras rurales de un mismo titular extranjero no podrán superar las 1000 hectáreas o una “superficie equivalente”.

Los últimos capítulos se dedican a Registro Nacional de Tierras Rurales y a crear el Consejo Interministerial de Tierras Rurales como autoridad para la aplicación de la ley. De estos sólo es necesario destacar el artículo número 16 por el cual se aclara que “la presente ley no afecta derechos adquiridos y sus disposiciones entrarán en vigencia el día siguiente al de su publicación”.

Tierra y propiedad en la Argentina

El nuevo estudio de la FAO citado por la presidenta en su discurso de asunción constituye una fuente fundamental para analizar la estructura de propiedad de la tierra. En el libro denominado “El Estado de los Recursos de Tierras y Aguas del Mundo para la Alimentación y la Agricultura”[2] nos alerta sobre el proceso de extranjerización de la tierra en nuestro país: de las 48 mayores empresas agropecuarias, 19 eran nacionales, 20 extranjeras y las 9 restantes casos de propiedad mixtos. En cuanto a la propiedad de la tierra, los autores destacan que es de muy difícil determinación debido a la parcialidad de los datos existentes, pero estimaron que entre 14,5 y 27 millones de hectáreas pertenecen hoy a capitales foráneos, o sea, que entre el 5 y el 10% del territorio nacional está en manos extranjeras, proporción que crecería hasta el 8,3 y el 15,5% si se comparan con la superficie productiva, aunque la mayoría de las tierras están fuera de las zonas de mayor productividad de la pampa húmeda.

Por otra parte, en un importante trabajo de Eduardo Basualdo limitado al estudio del agro pampeano, el autor compara la estructura de la propiedad en la región desde 1988 a la fecha y concluye que “tampoco puede llamar la atención que la incidencia del capital extranjero no se incremente durante el período analizado. Por cierto, la estabilidad de la participación extranjera significa que sigue siendo tan poco relevante como hasta ese momento, lo cual determina que la situación sectorial en esta materia presente un marcado contraste con lo que ocurre en otras producciones primarias que generan renta (petróleo, gas, minería en general), en las actividades financieras, en la prestación de servicios públicos, en la producción industrial, etc., donde la incidencia del capital extranjero alcanza niveles extraordinariamente elevados en términos históricos”[3].

Las implicancias del proyecto de ley de Tierras

A partir de estos datos podemos sacar varias conclusiones fundamentales. En primer lugar, se debe explicar que no hay contradicción en el hecho de que la mayoría de las grandes empresas agropecuarias son extranjeras o tienen lazos con inversores externos, y a la vez la propiedad de la tierra de este grupo alcanza magnitudes mucho menores. Esto se debe a que las modalidades de propiedad que se han extendido en las últimas décadas con la expansión de la frontera agrícola no son la típica titularidad de la tierra sino diferentes formas de alquiler o arrendamiento que han dado extensión a los famosos pooles de siembra, no sólo en la zona tradicionalmente agrícola sino también hacia el norte en Santiago del Estero y Chaco y hay intentos de hacerlo también al sur en Río Negro.

Por otra parte, aún tomando en cuenta los datos más pesimistas sobre el nivel de extranjerización de la tierra, nos encontramos con que la situación actual está lejos del límite impuesto por el proyecto de ley, por lo cual no sólo las grandes extensiones de propiedad extranjera quedarán como están, sino que serán mínimas las limitaciones para que personas de otras nacionalidades alcancen la titularidad de tierras en el país. De manera que la ley es, por lo menos, un intento de evitar un proceso del cual no existen tendencias en las últimas décadas, puesto que nada dice de las principales formas de apropiación de la riqueza agrícola por empresas extranjeras en nuestro país. Los grandes grupos financieros internacionales que invierten en empresas como El Tejar o Los Grobo seguirán remitiendo cada vez más ganancias al exterior a medida que expanden la zona de cultivo asociándose con los propietarios locales, corriendo a las poblaciones campesinas.

Por estas razones las virtudes de la ley son menores a las presentadas por el gobierno y sus propagandistas. Éstas se reducen a la creación del Registro Nacional de Tierras Rurales que permitirá desarrollar políticas más efectivas hacia el sector y la limitación a 1000 hectáreas o “superficie equivalente” para las compras futuras de extranjeros.

Pero las ausencias de la ley opacan todas sus buenas intenciones. En primer lugar, las señalada limitación sobre la legislación del derecho de propiedad, posesión o tenencia de la tierra, que al no tomar en cuenta las distintas formas de arrendamiento no pone en cuestión la apropiación de los recursos del suelo por las empresas agrícolas transnacionales que intervienen en la mayor parte de la producción del campo argentino. Por otro lado, las limitaciones a la propiedad son exclusivamente para las tierras con destino rural, dejando por fuera la superficie del territorio nacional utilizada para otras producciones primarias como la extracción de petróleo, gas y minerales en general, en las cuales intervienen predominantemente empresas extranjeras.

Entonces, ¿soluciona la Ley de Tierras las problemáticas de la tierra en nuestro país? ¿Evitará el uso monopólico del principal recurso nacional? ¿Frenará los violentos desalojos impulsados por empresarios agropecuarios? ¿Facilitará la titularización de la tierra de las comunidades campesinas? ¿Resguardará la propiedad de los pueblos originarios? ¿Evitará la expulsión de las poblaciones rurales a la ciudad en búsqueda de una mejor vida que pocas veces llega? ¿Garantizará el acceso a la tierra para todos aquellos que la trabajan?

Lamentablemente debemos responder en forma negativa a todas estas preguntas. La Ley de tierras no sólo está lejos de una reforma agraria sino también de ser un acto de soberanía nacional. Evidentemente, quienes realmente estemos decididos a construir una Argentina socialmente justa y económicamente independiente deberemos seguir construyendo una alternativa política desde el pueblo y para el pueblo.

Seguiremos entonces trabajando por la Unión del Pueblo.

Rafael F ( UP-LA PLATA)


[1] La propuesta original de enviada por la presidenta establecía el límite en el 20%, pero ese porcentaje se redujo por las modificaciones realizadas en la Cámara de Diputados.

[2] The state of the world’s land and water resources for food and agriculture (SOLAW) – Managing systems at risk. Food and Agriculture Organization of the United Nations, Rome and Earthscan, London. FAO December 2011.

[3] Eduardo Basualdo “El agro pampeano: sustento económico y social del actual conflicto en la Argentina”, en cuadernos del CENDES número 68, mayo-agosto de 2008


Se viene el Campamento Nacional de la Juventud Guevarista

diciembre 27, 2011

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comunicacionjg@gmail.com


Declaración de la Unión del Pueblo de La Plata sobre la quita de subsidios

diciembre 22, 2011

Subsidios, Tarifas y el Costo de los Servicios Públicos

Desde hace tiempo los economistas liberales y la oposición de derecha cuestionaban al gobierno nacional  por su “excesivo” gasto público, llamando a la austeridad fiscal criticaban la corrupción de algunos funcionarios y proponían diversos recortes, entre ellos los subsidios millonarios que el Estado nacional otorgaba a las empresas privadas que prestan servicios públicos concesionados. Durante la campaña electoral los candidatos de la derecha instalaron en los medios una crítica casi unánime a los subsidios, pero lejos de profundizarse en cual era el problema de los mismos y como se los corregía se fue generando la idea de que estos son una especie de enfermedad invasiva que se va comiendo el presupuesto nacional y que hay que exterminar de inmediato. Por ejemplo, Duhalde dijo “Hay dos tipos de subsidios bien diferenciados.  Los sociales, que no se deben cuestionar, porque son 10 mil millones  de pesos, por más que estén mal dados, en forma incorrecta. A  veces una familia tiene cinco subsidios y otra ninguno, aunque lo  necesite. Pero los otros son los importantes, porque hay 90 mil  millones de pesos en otros subsidios que es necesario ir resolviéndolo  rápidamente, pero con el cuidado de ver el ritmo en el que se va a  ir solucionando, porque no se soluciona de un solo golpe, porque  puede pasar como a Evo Morales, el presidente de Bolivia, que casi  se pone a su país de sombrero. Son cuestiones serias.” [1]

Por su parte el gobierno nacional durante la campaña defendió su política de subsidios como un pilar fundamental del “modelo”. De hecho así fue, gracias a las privatizaciones que hizo el gobierno de Menem en los ’90, cuando se regalaron las empresas estatales a precios irrisorios, manteniendo los monopolios, con organismos de control inútiles y sin obligación de invertir en la mejora de los servicios. Estas concesiones fueron hechas a medida de los capitales que tomaron control de las empresas y a los que se les garantizó grandes ganancias con mínima inversión.

Luego de la caída de la convertibilidad se decidió mantener las concesiones, mantener congeladas las tarifas como medida para incentivar la actividad económica y otorgar subsidios para mantener la rentabilidad de las empresas extranjeras que controlan los servicios públicos. Esto hizo que a medida que la economía fue creciendo, se necesitaron mayores inversiones, los costos de los servicios aumentaron, las tarifas aumentaron relativamente poco y los subsidios crecieron exponencialmente alcanzando éste año los 80 mil millones de pesos.

Pero de lo que nadie habla es de la ganancia empresaria. Si vemos como funcionaron estas empresas, resulta que las grandes inversiones de capital que permitieron el mantenimiento o en el mejor de los casos el mejoramiento del servicio fueron hechas por el Estado, y una parte importante de las tarifas también la paga el Estado, variando mucho según la zona del país, por ejemplo en la ciudad de Bs As el subsidio llega al 290%, mientras que en La Plata es del 100% y en Córdoba o Santa Fe del 70%.

Entonces, por qué tiene que haber un grupo empresario trasnacional que gane enormes cantidades de dinero por administrar lo que es nuestro, y sin correr ningún riesgo.

Hay que reducir el costo que implica la empresa privada, el Estado junto a los trabajadores deben hacerse cargo de la administración de estas empresas, con el fuerte control de los usuarios. Esto permitiría ahorrar mucho dinero que se pierde hoy en sueldos de ejecutivos y en remesa de las ganancias que muchas veces van para el exterior.

Pero si ahora estamos hablando de los subsidios es porque el gobierno al poco tiempo de ganar las elecciones por un amplio margen, tomó la consigna de la derecha y anunció el pronto recorte de estos beneficios.

El ministro de Planificación Federal, Julio De Vido y Amado Boudou, en ese momento Ministro de Economía, anunciaron un primer paso que consistía en el fin de los subsidios a la luz, gas, electricidad y agua corriente a grandes empresas como bancos, casinos, bingos, financieras, etc. Y un segundo paso de constituir una comisión encargada de evaluar la eliminación de los subsidios de estos servicios públicos para el resto de los usuarios, comenzando por la Ciudad de Buenos Aires y algunas zonas del Conurbano, pero teniendo en cuenta la capacidad de pago de los usuarios de manera de no perjudicar a los sectores de menores ingresos. En seguida  los periodistas preguntaron si esto significaba un aumento de las tarifas, a lo cual ambos ministros contestaron negativamente. Muy bien por ahora no hay aumentos de tarifas, pero si parte de la tarifa la pagaba el Estado vía subsidios, al eliminarlos los usuarios tendrán que pagar el total de la misma con lo cual su gasto aumentará considerablemente, se habla entre un 50 y un 300 %, lo cual es un golpe muy importante para los salarios de una enorme masa de trabajadores. Además de ello, en algunas jurisdicciones ya han aumentado o se han anunciado aumentos de tarifas: en Córdoba la electricidad aumentó 15% este mes y el año que viene lo hará 12% más; en Santa Fe el mismo servicio aumentó 14% y se debate cuánto lo hará el agua; en La Plata y alrededores ya reanunciaron aumentos de electricidad para actualizar costos, pero no se sabe cuál será el monto.

Para tranquilizar a los futuros afectados el gobierno ha dicho que en los casos de usuarios residenciales que no vivan en barrios exclusivos o en un country, recibirían junto a la factura de los servicios una declaración jurada por la cual puede pedir la continuidad del subsidio. Esto suena bastante extraño, por un lado muy poca gente va a aceptar gustosa el aumento, y la gran mayoría va a considerar que su situación amerita la ayuda estatal. Se necesitaría una infraestructura administrativa enorme para poder procesar la situación de las 12 millones de personas que vivimos en el área metropolitana y difícilmente se pudiera armar en dos meses como pretende el gobierno. Por el otro lado está la cuestión del criterio para otorgar el beneficio, o donde se pone la línea para determinar quien tiene que hacer un mayor esfuerzo para mantener las finanzas del Estado. De hecho viendo las 12 preguntas que llegaran a los usuarios para que puedan pedir la continuidad del beneficio, queda claro que se lo otorgaran a todos los sectores más pobres pero después hay una amplia zona gris que tendría que demostrar que “posee ingresos familiares insuficientes para afrontar el pago de la tarifa plena”. Si bien De Vido afirmó que “una persona con ingresos por $5.200 mensuales merece continuar recibiendo el subsidio”[2], no existe ninguna normativa clara al respecto y nada garantiza que la línea no pase por los 1.450 pesos que gana un jubilado de la ANSES con la mínima. Finalmente la decisión quedará a consideración de los funcionarios encargados de la “sintonía fina” de la que habló la Presidenta, pero es muy probable que aumenten en cuentagotas para medir la reacción del pueblo.

Sin embargo a muchos nos parece correcto que se les cobre más a los ricos, de hecho al pensar que durante 10 años se le subsidio la luz al City Bank, como a todas las grandes empresas, no puede dejar de escandalizarnos. Pero qué pasa con el resto, qué pasa con aquella familia de trabajadores que viven en un barrio que no es ni Puerto Madero ni una villa miseria, que los padres trabajan y no cobran la asignación pero llegan ajustados a fin de mes…

Por otra parte, cuando se analiza la propuesta en términos de su peso económico los interrogantes se multiplican: Si finalmente se redujeran los subsidios a todos los sectores anunciados hasta ahora y todas las personas en la “zona gris” dejaran de percibirlo, el Estado nacional se ahorraría menos de 5 mil millones de pesos, lo cual significa que ni si quiera alcanzarán para reducir los gastos en este rubro durante el 2012, que seguirá en aumento por efecto de la inflación y la expansión de los servicios alcanzando según algunas estimaciones el monto de 90 mil millones de pesos.

Entonces, ¿se limitará la quita de subsidios a las personas que claramente no los necesitan? Nos reservamos nuestro derecho a duda. Sobradas experiencias tenemos de cómo cuando el Estado necesita ahorrar los trabajadores deben hacer el mayor esfuerzo, mientras que los empresarios cuidan sus ganancias. Por eso tendremos que estar atentos y salir a la calle si el aumento de tarifas es generalizado para demostrarles que no estamos dispuestos a que el crecimiento de los precios siga quedándose con nuestros salarios.

La quita de subsidios es otra trinchera más en la que se está disputando la distribución de los costos de la crisis internacional. Los empresarios presionaron todo este año para devaluar el peso, volver al sistema financiero internacional y controlar los salarios para mantener la competitividad en el mercado global, y todo indica que en 2012 el gobierno les hará todos esos favores. El aumento del dólar, la campaña anti sindical y los techos salariales ya comenzaron, mientras que la vuelta al FMI fue una de las primeras promesas del nuevo Ministro de Economía.

Los trabajadores tendremos que estar bien organizados y pelear duro para que nuestros salarios le ganen a la inflación.

La cuestión pasa porque las empresas de servicios públicos vuelvan a ser del Estado, pero esta vez con un protagonismo de los trabajadores y usuarios en su administración y control. Desde las privatizaciones en los 90, el mantenimiento de las ganancias empresarias nos ha costado mucho a todos los argentinos, mientras que los servicios públicos luego de mejorar un poco fueron en clara decadencia. Hoy en día las principales inversiones en la generación y distribución de electricidad y gas, por ejemplo, la sigue realizando el Estado y las empresas no tienen obligación alguna de invertir para mejorar el servicio.

Con más o menos subsidios, los que más ganan con todo esto son los empresarios. Si el Estado necesita ahorrar dinero que deje de garantizarles su ganancia y se haga cargo de los servicios públicos. ¿Acaso reestatizar las privatizadas no es “profundizar el modelo”?

ü    Texto discutido y aprobado por la Unión del Pueblo de La Plata, diciembre de 2011.


[1] Duhalde: la inflación se baja con “sintonía fina” y los subsidios “no se pueden sacar de un golpe” Diario Hoy – 20/10/2011

[2] Según De Vido, mantendrían los subsidios el 65% de los hogares, Clarín – 04/12/11


Sumate a participar de la pintada del mural guevarista en Berisso

noviembre 22, 2011

juventudguevaristaberisso@yahoo.com.ar

http://www.facebook.com/juventudguevarista.berisso


Presentación de “Biografías y relatos insurgentes” de Abel Bohoslavsky

noviembre 22, 2011

Presentación del CESSLA y revista  Sísifo del SiTOSPLAD
Biografías y relatos insurgentes
El Sindicato de Trabajadores de la Obra Social para la Actividad Docente (SiTOSPLAD), adherido a la CTA (Central de Trabajadores Argentinos)  te invita a la presentación del Centro de Estudios Sociales y Sindicales Luis Arédez (CESSLA) y de su revista anual Sísifo, que en este primer número,  presenta las Biografías y Relatos Insurgentes de Abel Bohoslavsky.
 En sus páginas, adornadas con imágenes, algunas inéditas, podremos adentrarnos en la comprensión de una época – los insurgentes años ’60 y ’70, parte de la trayectoria del Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo y del sindicalismo clasista. Para quienes no fuimos contemporáneos de los sucesos, la historia militante de Abel nos sirve para captar cabalmente las subjetividades y los contextos.  Los escritos  presentan un entramado  necesario para comprender las continuidades y rupturas con el presente, abierto a la polémica, no para encontrar juicios definitivos sino para formular nuevas preguntas y buscar nuevas respuestas desde el presente.
Según el historiador Pablo Pozzi quién prologa los relatos, se trata de una obra que “contiene ensayos llenos de pasión que se basan en una experiencia política de décadas de lucha. Son polémicos y provocadores, en un buen sentido. O sea, no te dejan indiferente; y esto aunque no coincidamos con lo que expresa porque son planteos pensados y con fundamento. Lo más importante es que humanizan a los militantes”.
La antropóloga Cecilia Hidalgo afirma que los escritos de Abel “logran  transmitir la complejidad social, cultural y subjetiva de procesos políticos e hitos insoslayables de la historia argentina contemporánea, aún pendientes de una reconstrucción acabada”.
 El autor, junto con Daniel De Santis (también militante e historiador de la época) expone su visión y vivencias del Cordobazo, el Viborazo y reconstruye la génesis de  agrupaciones sindicales y políticas de la Córdoba rebelde.  Por eso, como dice Abel, “estas biografías y el relato histórico-político exceden largamente lo personal. Son patrimonio colectivo de quienes pensamos que la Historia es algo más que un libro de historia. Que la disfruten”.
  Los esperamos.
 
Miércoles 30 de noviembre, 18,30 hs. – CTA Capital Federal
Independencia 766
Ciudad de Buenos Aires

 


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