Octubre 31, 2008


Soberanía Alimentaría

Octubre 23, 2008

¿Que significa Soberanía alimentaría?

Es el derecho que tenemos todos de acceder a una alimentación sana y variada. Es el derecho de los campesinos de definir que alimentos producir y las formas de hacerlo.

Una alimentación sana, quiere decir, una producción de alimentos sin el uso de agroquímicos. Estos son sustancias químicas muy toxicas, que causan daño a la salud de las personas que los aplican en los cultivos, daños en la salud de la gente que consume estos alimentos así producidos y daños al medio ambiente. ¿Porque? Por qué son sustancias que pueden resistir a la degradación, que se acumulan en las cadenas alimenticias y que son transportados a grandes distancias por el viento y el agua, contaminando así el aire, los ríos, arroyos, esteros, pozos y napas de agua.

Que sea una alimentación variada, tiene relación con una producción que va en contra del actual modelo agrícola, que propone, entre otras cosas, el monocultivo de soja en grandes extensiones, acompañado sólo con la siembra de trigo y maíz. Esto desplaza la siembra de otros cultivos, muchas veces especies locales o regionales, como el caso del Algodón en Chaco y Santiago del estero y la caña de azúcar en Tucumán. A su vez produce el desplazamiento de otras actividades como la lechería, la producción de carne, los frutales, las hortalizas, el tabaco y la yerba mate. (Entre 1998 y el 2005 los cultivos regionales perdieron casi 2 millones de hectareas, estos fueron reemplazados por la soja- Diario, Pagina 12)

Hay estimaciones que dicen que alrededor de 13.000 especies de plantas han sido usadas como alimento por los seres humanos a través de la historia. La oca, el apinchu, el ullucu, mashua, aracacha – todas raíces – que junto a más de 700 variedades de papa y leguminosas como los porotos (pallar, purutu, tarui, chuy) contribuyeron a una dieta mejorada. Esto es sólo una muestra de una rica y amplia biodiversidad – no sólo agroambiental, sino sociocultural – que permitió el desarrollo de nuestros pueblos meso y sudamericanos.

Han sido las agriculturas campesinas y familiares las que han garantizado la alimentación de sus comunidades durante siglos. Son los agricultores, campesinos y familiares, quienes con su esfuerzo y dedicación han realizado un proceso de domesticación de las especies, a través de la producción, la selección, el almacenamiento y el intercambio de las distintas semillas.

A este proceso de domesticación práctica, se suma el de la ciencia del mejoramiento vegetal, que produjó un incremento importante en la productividad de los cultivos, pero por otra parte, no pudo aportar una solución a la creciente crisis por el acceso a los alimentos.

Por un lado se redujo de manera importante la variedad alimenticia. Sólo alrededor de 200 plantas se han domesticado como cultivos con fines comestibles. Esta tendencia nos ha llevado a la presente situación en la cual sólo alrededor de 20 especies, son de importancia económica mayor y constituyen la base de la alimentación mundial. Así se reduce y uniformiza cada vez más la producción de alimentos básicos de consumo popular.

Por otra parte, este mejoramiento produjo toda una serie de restricciones a los agricultores en el acceso a las semillas. Es imposible hacer agricultura sin semillas. Y las grandes corporaciones lo entendieron perfectamente. Inventaron entonces la propiedad intelectual sobre las formas de vida. Con la llegada de las semillas híbridas (son la primera generación descendiente de dos líneas parentales distintas dentro de una misma especie. Si se vuelven a sembrar dan plantas y rendimientos desuniformes, no conservan así las características de sus padres) y transgénicas (semilla modificada genéticamente, por medio de la inclusión de un pedazo de ADN de una célula a otra. Por ejemplo, introducir el gen de una bacteria a una planta de maíz), los agricultores ya no pueden guardar, seleccionar, almacenar e intercambiarlas, ahora deben comprar la semilla todos los años, para asegurar su cosecha y alimentación. El acto de cuidar, reproducir y compartir las semillas ha pasado a ser un delito.

Las semillas transgénicas han sido desarrolladas por compañías de alta tecnología, cuyo poder se concentra en poco menos que cinco corporaciones. Sólo tres transnacionales (Monsanto, Dupont y Syngenta) manejan un 44% del mercado mundial de semillas patentadas.  Este sistema de patentamiento les asegura beneficios extraordinarios. Además las compañías han logrado crear una tecnología que permitiese controlar de forma absoluta la producción y el abastecimiento de semillas: esta es la tecnología Terminator. Es básicamente un mecanismo suicida genéticamente. Como resultado, quien intenta resembrar estas semillas, encontrará que las mismas se autodestruyen (no germinan, germinan mal o no fotosintetizan), y por tanto, no habrá ni cosecha ni alimento posible. Desde este punto, “Las corporaciones transnacionales vinculadas a la producción agropecuaria y la salud, han concentrado un enorme poder”, Bayer es una de ellas.

Reconocer que la alimentación es un derecho humano fundamental. El problema de acceso a los alimentos fue encubierto por el modelo de la revolución verde que surgió difundiendo la idea de que aumentando la producción de alimentos, con un alto uso de plaguicidas, fertilizantes, semillas híbridas y transgénicas, se resolvería el problema del hambre en el mundo. Hoy, 40 años después, vemos que no se ha resuelto el problema del hambre, sino que se mantiene y se agrava notablemente. Este es un problema de distribución de los alimentos en la población mundial, actualmente hay 1.200 millones de personas desnutridas, con dietas que no cumplen el mínimo necesario de calorías y otras tantas sobrealimentadas, con problemas de obesidad. Y peor aún a causa del actual modelo agrícola se han generado una serie de problemas sociales, ecológicos y económicos.

Existe una relación directa entre el modelo productivo implantado y las consecuencias que provoca: Agricultores sin tierra, suelos desbastados y bosques arrasados.

Eduardo Galeano dice “las antiguas voces todavía nos dicen que somos hijos de la tierra, y que la madre tierra no se vende ni se alquila…” haciendo referencia a que el derecho a la tierra y los alimentos que allí se producen, es de todos.

Movimiento de Solidaridad con el Mo.Ca.S.E.


YA SALIÓ EL 5to NÚMERO DE En la senda del Che

Octubre 22, 2008

SUMARIO #5

SITUACIÓN NACIONAL

No a las retenciones y después… La vida argentina luego del voto no positivo, las posibilidades históricas, y las nulas medidas en favor de las mayorías.

ANÁLISIS

¿POR QUÉ EL CHE FUE A BOLIVIA? A 41 años de su caída en combate, los habladores sobre Guevara volverán a decir que fue un tipo honesto y coherente pero que murió porque se confundió y pecó de foquista. Quienes pregonan eso están diciendo -sin animarse del todo- que él también vivió confundido, y eso es mentirle a la historia.

INTERNACIONAL

BOLIVIA: La dignidad de un pueblo que resiste al imperialismo yanqui y a la derecha más fascista entre los fascistas.

Escriben: Jorge Ubertalli y Antonio Peredo.

ENTREVISTA

Stella Calloni: un llamado a la participación y la unidad de los hombres y mujeres latinoamericanas contra la recolonización de la cultura del fracaso y el desencanto.

LOS AUTÉNTICOS HIJOS DE LA TIERRA

Un viaje a la verdadera resistencia agraria y a los tiempos del Movimiento Campesino de Santiago del Estero.

CULTURA

Homenaje a Víctor Jara a 35 años de su asesinato, la canción al servicio de los derechos de los pueblos de vivir en paz.

CONTRATAPA

El General San Martín y una bandera para la definitiva independencia de los pueblos de América.

Pediselo a tu guevarista más cercano, o escribiendo a: enlasendadelche@gmail.com

Ediciones anteriores en versión digital:

www.juventudguevarista.com


Octubre 21, 2008


Raymundo Gleyzer y el Cine de la Base

Octubre 20, 2008

Nota publicada en: En La Senda Del Che (Revista de la Juventud Guevarista) Nº 2 junio/julio 2007

 Como documentalista, encontró en el cine el medio ideal para comunicar sus ideas y denunciar las atrocidades del régimen capitalista. Convencido de poner el cine al servicio de los trabajadores y de usar la cámara como una herramienta de combate y reivindicación de las luchas obreras.

 Nacido en Buenos Aires en 1941, Raymundo Gleyzer comenzó a dirigir a principio de los ‘60. Pasó quince años dirigiendo en condiciones de riesgo, filmando y exhibiendo clandestinamente, a resguardo de la persecución ideológica y hasta de la Triple A.
Las primeras películas de Gleyzer abordaban los conflictos campesinos y obreros con la profunda empatía que caracterizaría todos sus trabajos. Como puede verse en La tierra quema (1964, nordeste brasileño) y Ocurrido en Hualfin (1965, Catamarca) con la colaboración del documentalista Jorge Prelorán.

 Su habilidad como periodista, director y camarógrafo lleva a Gleyzer a incursionar en los formatos televisivos tradicionales para intentar sacudirlos un poco. Así llega a Telenoche, donde es enviado como corresponsal a las Malvinas, logrando capturar imágenes de manera clandestina, con las cuales se realizó el corto Nuestras Islas Malvinas de 1966.
Siguiendo camino por Latinoamérica, en 1971, con su compañera Juana Sapire, filma: México, la Revolución congelada donde denuncia la traición de los gobiernos a tan heroica gesta, film también censurado en la Argentina dictatorial. En correspondencia con su desarrollo político, filma con el PRT el corto Swift, Ni olvido ni perdón, (sobre el fusilamiento a los presos políticos en Trelew), Los Traidores (denunciando a la burocracia sindical peronista) y Me matan si no trabajo y si trabajo me matan, todas estas, realizaciones de denuncia, de propaganda, de agitación, pero fundamentalmente de construcción revolucionaria. Porque Raymundo revolucionó los métodos, no sólo las temáticas. Participaban los trabajadores mismos en sus obras, hacían su cine, un cine acorde al desarrollo del movimiento obrero de la época, clasista, de combate, socialista, un cine de la base, como se llamó su grupo de trabajo. Cine de la Base es proyectado para llevar el cine a los barrios, a las fábricas, acompañando las inquietudes, los debates presentes en el pueblo.
 Tenían un objetivo ambicioso: crear 50 salas en todo el país para llegar al obrero, que era el protagonista y espectador de las imágenes que capturaba Gleyzer, porque entendía que era en el público donde se completaba la película, donde se realizaba. Poco a poco los locales de Cine de la Base debieron cerrar, la represión crecía en la Argentina de las tres A, y es el 27 de mayo de 1976, cuando un “grupo de tareas” busca callar a Raymundo, llevándolo al centro clandestino de detención El Vesubio.

Los revolucionarios nunca mueren

 La obra de Gleyzer había sido silenciada y confinada al exilio, hasta que en el año 2002 sale a la luz Raymundo, una película de los realizadores Ernesto Ardito y Virna Molina, en la cual reconstruyen minuciosa y conmovedoramente la obra y militancia
de Gleyzer hasta sus últimos días. Raymundo Gleyzer fue el más arriesgado y más comprometido de una generación de cineastas que intentaban mostrar los grandes conflictos y desigualdades de la Argentina y de Latinoamérica.
Conocer su obra y reivindicar su militancia es la manera de adoptar su legado, para entender al arte como herramienta transformadora.