A 32 años del golpe militar genocida

1976 -24 de marzo- 2008

“En la noche del 23 al 24 de marzo las Fuerzas armadas contrarrevolucionarias derribaron al gobierno peronista para instaurar otra dictadura militar. El programa levantado por la Junta Militar poco después de asumir y las primeras medidas de gobierno no dejan ninguna duda respecto al carácter profundamente antiobrero, antipopular y antinacional de la dictadura. Intervención a la CGT y a todos los gremios, despido de miles de obreros, centenares de dirigentes, activistas y obreros de fábricas detenidos, decenas de nuevos trabajadores desaparecidos, clausura del parlamento, ilegalización o prohibición de los partidos políticos, implantación de la pena de muerte discrecional y ejercicio de la justicia por Tribunales militares, otorgamiento de condiciones favorables para la actividad explotadora del gran capital nacional y extranjero, alineación internacional junto al imperialismo yanqui”.

Mario Roberto Santucho, 31 de marzo de 1976.

Más allá de que ciertos sectores, consciente o inconscientemente funcionales al proceso abierto aquel 24 de marzo de 1976, sostengan que tales sucesos forman parte del pasado, y que no se deben remover “viejas heridas”, los efectos de la última dictadura militar, siguen vigentes, y la inmensa mayoría de los siniestros personajes que llevaron adelante el genocidio y el saqueo, aún gozan de impunidad.

El desmantelamiento de la industria nacional, la extranjerización de la economía, el aumento del desempleo y con ello el de la pobreza y marginalidad, productos del llamado “proceso de reorganización nacional”, constituyen el marco desolador en el que la sociedad argentina se encuentra inmersa desde aquellos días.

Que el árbol no tape al bosque

En el discurso de apertura de las sesiones ordinarias del congreso, la presidenta comparó la inseguridad de hoy, con la violencia de las FF.AA en los 70’, omitiendo decir explícitamente que la primera es fruto de la segunda, separando así la causa de las consecuencias. Si bien se reconoce como un avance el juzgamiento, en el marco de genocidio, de tres represores, resultado de la movilización popular, sobre todo a partir de diciembre de 2001, la desaparición del compañero López y el asesinato de dos testigos clave, indican una alarmante incapacidad del gobierno nacional (por falta de voluntad política y por los límites inherentes al sistema) para detener y eliminar el accionar de los residuos paramilitares enquistados en el aparato estatal.

Frente a esta situación, hoy como ayer, la lucha popular consecuente es el camino, el mismo que nos han enseñado a transitar tantos compañeros y compañeras a lo largo de nuestra historia.

JUVENTUD

GUEVARISTA

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