Ganemos las calles, las plazas y caminos!

¡POR EL PAN Y LA CARNE DE NUESTRAS FAMILIAS!

¡POR LA LECHE DE NUESTROS NIÑOS!

Nuevamente las entidades rurales ocultan en los discursos su objetivo principal: Aumentar los precios de los productos agrícolas y las carnes, aumentar sus enormes ganancias a costa del pueblo trabajador, de la ciudad y también del campo. El gobierno que ayer los apañó, hoy es sólo un obstáculo.

El mal llamado “paro del campo” tuvo su mayor costo en nuestras familias. En sus últimos días veíamos las estanterías de los almacenes y las góndolas de los supermercados vacíos y los precios por las nubes. No esperemos a que esto vuelva a ocurrir y agravado. Detengámoslo ahora. Mal llamado “paro” porque no están dejando de trabajar tranqueras adentro. Los propietarios cortan las rutas mientras que “sus” peones siguen realizando las duras tareas del agro.

Debería llamarse la tragedia del campo porque el grueso de las personas que cortan las rutas no son los terratenientes, ni los exportadores, sino sus víctimas: los pequeños y medianos productores. Éstos, desde hace años, como no pueden alcanzar la rentabilidad de los terratenientes y pools de siembra, y rehenes de los acopiadores que les pagan, no el precio internacional sino, el que ellos quieren, terminan arrendando sus tierras y finalmente vendiéndolas a los terratenientes, a los exportadores, a los acopiadores, a los contratistas, los que muchas veces son los mismos personajes. Por este camino, y no por las retenciones, entre 1988 y 2002 desaparecieron 103.400 productores, principalmente en establecimientos de menos de 500 hectáreas. Para tomar conciencia y luchar contra la tragedia, esta vez, es bueno mirarse el ombligo y no cuidar el de los grandes “ruralistas”. Los chicos nunca se convertirán en tales, los asalariados menos. Las excepciones confirman la regla.

Estamos ante una nueva conquista del desierto. La llamada revolución verde o sea la industrialización y tecnificación de las tareas rurales ha elevado los rindes verticalmente pero ha aumentado los costos de producción que no pueden afrontar los pequeños productores. La incorporación de China, India y otros países al masivo consumo de alimentos, ha traído como consecuencia una enorme elevación de sus precios. Conclusión: menos productores y más ganancias repartidas entre menos.

EE.UU. para mantener su nivel de vida necesita consumir cada vez más energía, de allí las guerras por el petróleo. Los científicos han descubierto la posibilidad y ya están produciendo combustibles a partir de los alimentos. Ha comenzado la guerra por su control. El lockaut de las entidades agrarias es la primer batalla en la Argentina, en Bolivia están a punto de dividir al país hermano.

El sector agropecuario está compuesto por muchos y diversos actores que, por su condición, sus necesidades, sus intereses, sus objetivos, difieren unos de otros. De los más de 170 millones de hectáreas agropecuarias de todo el país, 74 millones están en poder de tan sólo 4.000 dueños. Los 936 terratenientes más poderosos tienen en su poder 35 millones de hectáreas (un promedio 35.000 c/u) y 137.000 agricultores poseen la misma cantidad de tierras (2 millones de hectáreas) que sólo 4 dueños (Benetton (900.000), Cresud (460.000), Bunge (260.000) y Amalia Lacroze de Fortabat (220.000). En la región pampeana hay 4 millones de hectáreas en manos de sólo 116 dueños. En el país existen alrededor de 80.000 productores de soja, pero tan sólo 20 compañías concentran el 70% del total de la producción sojera.

Es erróneo e ingenuo creer que el cumplimiento de las reivindicaciones de los pequeños productores se logra “uniéndose” a esa oligarquía que vive de la explotación de los más desfavorecidos, de la perpetuación de esa desigualdad. La derecha más recalcitrante y retrógrada (SRA) quiere “libertad” de comercio pero no desarrollo del país, es para eso que animó este conflicto, utilizando al pequeño productor como excusa. Ahora arremete contra el gobierno al tiempo que ella es una pieza clave en el proyecto agro exportador (y “agro explotador”) que éste lleva adelante. Y el pequeño productor, “representado” por la FAA, se enganchó detrás del gran tractor de la SRA, en unos casos acorralado por la situación, en otros por la propia idiosincrasia de algunos pueblos y en otros por ambas cosas. Nos costó más de 12 años de historia aprender que el neoliberalismo nos hace mal, es un error volver a creer en sus beneficios.

Deberíamos escuchar con más atención a los verdaderos trabajadores del campo. Dicen los campesinos del Mocase: “Nosotros, los campesinos, ya no formamos parte de la cadena productiva, por falta de una política de desarrollo hacia nuestro sector y por la violencia de los empresarios y terratenientes insaciables… Somos parte del campo, pero de los que trabajamos nuestra tierra con nuestras propias manos, que vivimos en ella, y la queremos cuidar y preservar para nuestras futuras generaciones”.

Un programa para los pequeños y medianos productores

La medida de las retenciones móviles sería progresiva en tanto le saque plata a los que más tienen y se la de a los pequeños y medianos del campo y la ciudad y sirva para la industrialización del país, pero, esto no es así lamentablemente. La aplicación de las retenciones indiscriminadas se tomó, no por imprevisión sino, por desinterés hacia los pequeños y medianos productores rurales. Las retenciones deben ser diferenciadas, es decir, sacarle más al que más tiene y menos al que menos tiene. Pero esta medida no es más que una, y debe estar acompañada de otras: la suspensión de ventas de tierras al extranjero, la estatización del comercio exterior, la diversificación de la producción, el apoyo a los sectores más postergados de las economías regionales (con maquinarias, subsidios), la creación de mecanismos de participación directa en lo que atañe a cómo producir riqueza y cómo distribuirla, el control público sobre las empresas monopólicas abastecedoras de insumos al campo (agroquímicos y fertilizantes), promoción a la formación de cooperativas agrícolas para multiplicar la productividad, políticas de reforestación de la superficie devastada por la sojización, políticas de saneamiento de áreas infectadas por millones de litros de agro tóxicos y transgénicos, devolución de las cientos de miles de hectáreas robadas a los pueblos originarios en las últimas décadas, reforma de las leyes laborales para trabajadores rurales vigentes desde la dictadura, y más y más… Una verdadera Reforma Agraria que ni el gobierno ni las entidades del campo están dispuestas a llevar a cabo. Desde los poderosos se alienta la concentración de las riquezas en pocas manos desconociendo que la biodiversidad, el régimen de lluvias y el clima no provienen de ninguna inversión capitalista sino que son una riqueza de los pueblos.

La política del gobierno no beneficia al pueblo. El reclamo de los piquetes tampoco. La medida estatal, aunque progresiva, es muy insuficiente; pero no hay que negarla sino superarla. Un proceso de desestabilización del gobierno beneficia a los poderosos locales y al imperialismo, es decir, se juega el juego de la oligarquía. Se trata de organizarse de manera independiente por una reforma verdadera que, ni la Sociedad Rural, ni quienes se enriquecen rompiendo los suelos con la venta excesiva de soja transgénica tienen intención de impulsar o acompañar.

La disponibilidad o no de capital (propiedad de la tierra y los medios de producción) con el cual competir en el mercado es el origen de la desigualdad. Los que lo poseen en abundancia, terratenientes y exportadores, obtienen grandes ganancias y se quedan con las tierras de los que lo poseen en cuentagotas, los chacareros y campesinos; y los no lo poseen en absoluto venden su fuerza de trabajo: 1.300.000 son los peones rurales, de los cuáles sólo 325.000 tienen salarios en blanco, con un promedio que no llega a los $1.500 mensuales. Son los trabajadores peor remunerados y trabajan en las condiciones más deplorables. A partir de una ley de la dictadura en 1980, aun vigente, los trabajadores rurales se encuentran fuera de la Ley de Contrato de Trabajo.

La sorpresiva y generalizada legitimidad que adquirieron los piquetes es consecuencia de la propaganda interesada de los grandes medios de comunicación. Resulta que ahora los piquetes están buenos, son justos y efectivos. En un corte de calle había un cartel que decía: “El campo también es argentino”. Lástima que nos acordamos tan tarde. Esos medios han negado los verdaderos problemas agrarios. No hablaron de la propiedad de la tierra; de los que no la poseen; de la expulsión de miles de campesinos y originarios de sus montes; de Monsanto, Nidera, Cargil, Grobocopatel, Fortabat, los pools sojeros y las multinacionales que no están perdiendo nada con las retenciones (¿o alguien los vio quejarse?); de la diferencia entre tener una hermosa camioneta para recorrer el campo y caminar descalzo y enfermo por la contaminación de los agro tóxicos; de la servidumbre de los peones rurales que trabajan en un nivel de precariedad que recuerda épocas feudales y viven con los sueldos más bajos del país; de las nuevas formas de colonización y genocidio.

Cabe interrogarnos: ¿Queremos pagar 10 $ el kilo de pan, 12 $ el litro de leche, 50 $ el de carne y 100 $ el de queso por satisfacer de esos productos al mercado mundial? ¿Seguiremos extendiendo el área de la soja para tomar su leche y comer milanesas verdes? ¿Haremos algo frente al proceso de sojización que destruye suelos, montes y vidas? ¿Volveremos a cortar las rutas cuando la SRA esté feliz con su economía liberada y la nuestra más aplastada? ¿Repudiaremos la compra de las tierras mapuches por parte de empresarios nacionales y extranjeros y sus intenciones de desalojarlos por la fuerza? ¿Seguiremos gritando que “el campo también es argentino” cuando ya no queden ni 10 m² que no estén en manos de extranjeros o de oligarcas nacionales?

Porque somos parte conocemos el esfuerzo y las banderas de los campesinos y peones rurales. Por eso la Juventud Guevarista se suma, una vez más, a la voz de los sin voz.

¡Por una real y no discursiva distribución de la riqueza!

¡Por trabajo en blanco para todos! ¡Plena ocupación!

¡Por aumentos de salarios y seguridad en el trabajo!


¡CON LOS CAMPESINOS Y PEONES RURALES!

¡CON LAS RETENCIONES MÓVILES Y MUCHO MÁS!

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