EL HECHO MALDITO DEL PAÍS BURGUÉS II

Daniel De Santis. 5 de agosto de 2008
1. Introducción

“Los terratenientes son la única de las tres clases (las otras son: la obrera y la capitalista) que percibe su renta sin que le cueste trabajo ni desvelos, sino que la perciben de una manera en cierto modo espontánea, independientemente de cualquier plan o proyecto propio para adquirirla. Esa indolencia, consecuencia natural de una situación tan cómoda y segura, no sólo les convierte a menudo en ignorantes, sino en incapaces para la meditación necesaria para prever y comprender los efectos de cualquier reglamentación pública.” Adam Smith, 1776, La riqueza de las naciones.

Smith escribía esto en una época en la que la burguesía industrial luchaba por imponerse en Inglaterra. Ésta, en su origen, fue una clase explotadora pero progresista y emprendedora, por estos tres hechos logró imponerse y hacer de Inglaterra el imperio más poderoso hasta la segunda guerra mundial. También logró imponerse la burguesía industrial en EE. UU., pero no le fue fácil, después de lograr la supremacía económica debió librar una cruenta guerra -600 mil muertos y 400 mil heridos entre 1861 y 1865- contra los terratenientes del sur conocida como guerra de Secesión.

En nuestro país, en cambio, la larga guerra civil entre los terratenientes y exportadores de Bs. As. y el interior artesanal y el litoral terrateniente fue ganada por las clases parasitas de Buenos Aires. La batalla de Pavón -1861- y la guerra del Paraguay o de la triple infamia -1864-1870- fueron las que decidieron el destino terrateniente de las Provincias del Río de la Plata. Como todos los adjetivos son pobres para describir el genocidio cometido contra el Paraguay reproducimos estos datos: Su población era aproximadamente de 1.525.000 personas antes de la guerra, producto de la misma fue reducida a unos 221.000 luego de ella, de los que solamente unos 28.000 eran hombres.

2. Los hechos

Desde el 11 de marzo hasta el 17 de julio a la madrugada gran parte del pueblo argentino nos vimos envuelto en un recio conflicto o lucha de clases si se quiere. La lucha de clases no siempre se presenta en estado puro, en el que una clase bien delimitada se enfrenta con otra también claramente visible, ello ocurre raras veces en la lucha de los pueblos. Querer reducirla a ese esquema, real pero muy breve, puede llevar a grandes equívocos.

Para nosotros es claro de que se trató de un enfrentamiento inter-burgués capitalista, pero cuyo resultado no nos es indiferente a los trabajadores. El conflicto, al principio, parecía estar circunscrito al nada menor tema de la apropiación de la recta agraria extraordinaria. Pero con el correr de los días se fue trasluciendo su trasfondo político coyuntural y finalmente quedó en claro que se trataba de la confrontación de dos modelos capitalistas y sus preferencias políticas. Por un lado el agroindustrial-financiero, sustentado por “el capital financiero y sus aliados en el bloque que dirige (capitalistas agrarios, grandes exportadores, y rentistas)”, en sus dos variantes: productores de granos y carnes y aquellos vinculados a la industrialización parcial de esos productos y, por el otro la burguesía industrial y comercial. Siendo el primero más retrógrado que el segundo, ninguno de los dos representa los intereses de la nación ni del pueblo argentino. Como ambos sectores enfrentados dirigen el grueso de sus productos al mercado internacional y no al mercado interno no pueden lograr, aunque con diferencias, ni la plena ocupación de la mano de obra, ni elevar el poder de compra de la población.

Los grandes capitalistas agrarios lograron liderar al conjunto de los medianos y pequeños capitalistas del sector y a los chacareros, contando, para su movilización, con el estratégico apoyo de los medios masivos de comunicación. Lo que coadyuvo a que el frente “ruralista” lograra amplio consenso en la pequeña burguesía urbana y en sectores de los trabajadores. Por el contrario, los campesinos, sobre todo de la zona extra pampeana, por medio de sus organizaciones denunciaron el lock out patronal y se movilizaron por sus reivindicaciones.

La política de subsidios del gobierno a los capitalistas industriales exportadores y a los servicios públicos que utilizan mayoritaria y masivamente los trabajadores no fue suficiente para logran su apoyo y mucho menos su participación activa. Más allá de los mencionados subsidios, la política real del gobierno nunca pretendió modificar a favor de los trabajadores y pequeños productores urbanos y rurales la distribución del ingreso. Ya desde antes del conflicto, pero en forma visible al estallar éste, fue perdiendo base de apoyo popular y granjeándose le antipatía pasiva de grandes sectores de la clase media y sectores populares, los que acicateadas por la sistemática propaganda de los medios de comunicación, y al calor de las masivas y sostenidas movilizaciones fue transformándose en manifiesta oposición al gobierno.

Éste llevó la disputa al Parlamente en el que tenía asegurada de antemano la mayoría pero no calculó el desgaste sufrido en cuatro meses de desaciertos. La contienda se dio en las rutas, en las calles y plazas del país, como habíamos reclamado en nuestro volante del 4 de mayo, pero como el gobierno no intentó ampliar el marco de su convocatoria y ganar los lugares públicos para la participación de los trabajadores, se fue consolidando el resultado del 17 de julio.

3. Nuestro país es un eslabón en la cadena de los agro-negocios.

La agricultura del agro-negocio localizada casi exclusivamente en América del Norte, en Europa, en la región meridional de América Latina y en Australia, da trabajo a pocas decenas de millones de agricultores, que no pueden ser considerados ya verdaderamente “campesinos”. Su productividad, función directa de la mecanización (de la que tienen la casi exclusividad a nivel mundial) y de la superficie de que disponen, oscila entre los 10 y los 20 mil quintales de “cereal-equivalente” por trabajador al año.1

Uno no debe pensar que las transformaciones en el campo y el conflicto ocurrido en la Argentina son hechos nacionales. No. Esto ha sido un paso más en la marcha del gran capital financiero internacional por controlar los recursos alimentarios del mundo. La enorme masa de capitales que se alejaron de la crisis inmobiliaria en EE UU se dirigió en gran medida a los agro-negocios atraídos por la enorme alza de los precios de los alimentos.
“Según el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, los precios de los alimentos seguirán altos por varios años y que, por lo tanto, es necesario fortalecer la ‘ayuda alimentaria’. Este personaje desde su puesto anterior como jefe de negociaciones de EE.UU. en la Organización Mundial de Comercio viene haciendo todo lo posible para romper la soberanía alimentaria de los países, en función de favorecer los intereses de las grandes trasnacionales de los agro-negocios. La receta que prescribe de la ‘ayuda alimentaria’, es otra vez un apoyo encubierto a las mismas transnacionales, que tradicionalmente, son quienes venden al Programa Mundial de Alimentos los granos que ‘caritativamente’ les entregan a los hambrientos, con la condición de que ellos mismos no produzcan los alimentos que necesitan”.
“Los grandes ganadores de la crisis alimentaria son también actores centrales y grandes ganadores en la promoción de los agro-combustibles: las trasnacionales que acaparan el comercio nacional e internacional de cereales, las empresas semilleras, los fabricantes de agro-tóxicos. En estos dos últimos rubros son en muchos casos las mismas empresas: a nivel global, Monsanto es la principal empresa de semillas comerciales y la quinta en agro tóxicos. Bayer es la primera en agro tóxicos y la séptima en semillas, Syngenta la segunda en agro tóxicos y la tercera en semillas, Dupont la segunda en semillas y la sexta en agro tóxicos. Junto a BASF y Dow (tercera y cuarta en agro tóxicos), estas seis empresas controlan el total de las semillas transgénicas en el mundo, que casualmente es también la solución que proponen a todos los nuevos problemas (que ellas mismas han sido parte fundamental en provocar)”.
“Junto a los que dominan más del 80 por ciento del comercio mundial de cereales: Cargill, ADM, ConAgra, Bunge, Dreyfus; todas han tenido ganancias exorbitantes, gracias a la escasez de alimentos, la promoción y subsidios a los agro-combustibles y el alza de los precios del petróleo (muchos agro-tóxicos son petroquímicos)”.
“Las trasnacionales no se dan por satisfechas y van por más. Ahora preparan el próximo asalto, monopolizando a través de patentes, los caracteres genéticos que consideran útiles para hacer plantas resistentes a la sequía, salinidad y otros factores de estrés climático”.
“En lugar de soberanía alimentaria y control campesino de las semillas e insumos, proponen transgénicos con aún más modificaciones y más riesgos, maíz transgénico para aumentar la contaminación y la dependencia, y que hasta los campesinos más pobres, con apoyos públicos, siembren agro combustibles en lugar de comida”.2

4. El tema de las retenciones.

Más allá de los negociados y hechos de corrupción, denunciado profusamente durante el conflicto, que se le cargan al gobierno, nosotros agregamos: de los cuales no están eximidos los grandes capitalistas, incluidos los rurales, socios hasta el 11 de marzo de la política oficial, y los medios de comunicación masiva con el Grupo Clarín a la cabeza y muchos periodistas estrella como Jorge Lanata que ayer escribía para el proyecto popular liderado por Enrique Gorriarán y hoy lo hace para el diario financiado por el Zar de la soja Grobocopatel. Las retenciones móviles fue un tibio intento re-distributivo del gobierno en separar los precios locales de los alimentos de los internacionales y simultáneamente de continuar subsidiando a la industria y a los servicios públicos.

El gobierno recurrió a esta forma de impuesto por no contar en la legislación tributaria oficial con otros medios más eficaces. En la década menemista fueron eliminadas todas las formas de control del Estado sobre los capitales privados, inspirados por una concepción que floreció hace tres siglos con los fisiócratas franceses: “Dejar pasar, dejar hacer”. Pero que, tampoco, en cinco años de gobierno se intentó modificar, manteniendo como principal impuesto el IVA y no el gravamen a la especulación financiera y a las grandes ganancias del capital. Esta moderada medida re-distributiva fue resistida por los dueños de los agro-negocios y los capitalistas agrarios que lideraron en la maniobra a los pequeños productores. Los medios de comunicación, como voceros de la derecha explícita, bombardearon a la población haciendo recrudecer los más egoístas sentimientos de individualismo que en algo había moderado la Rebelión de 2001. El lock out agrario cuestionó la potestad del gobierno para recaudar impuestos. En cambio ni los medios de comunicación y ni los grandes capitalistas han dicho nada del IVA, porque es el impuesto que pagan masivamente los trabajadores y menos le cuesta a los ricos.

5. La tragedia de los chacareros es seguir a los capitalistas rurales, rentistas y exportadores.

“Asistimos a una progresiva eliminación de trabajo en el campo con la incorporación sucesiva de nuevas máquinas. El capital vino revolucionando esta actividad sin pausa. Hoy con la siembra directa no se ara más. Detrás de la cosechadora de un cultivo va un tractor cada vez más grande con la maquina de siembra directa del cultivo siguiente. Un solo hombre guía la cosechadora que llena su tolva y la descarga en el camión que va al puerto. Esta ‘nueva agricultura’ desplaza no solamente al trabajador rural sino también a los pequeños productores, a los chacareros. La productividad del capital, cada vez mayor por el valor de las nuevas máquinas, no puede ser sostenida por una hacienda de 200 hectáreas que ocupará ese herramental tres días por mes”.3

Lejos está de nosotros proponer una solución reaccionaria como sería eliminar las máquinas para mantener formas de trabajo superadas por el progreso. En la solución a este problema se encuentra otra justificación a la necesaria redistribución de ingresos. Es necesario destinar una parte de la renta extraordinaria a inversiones productivas en la industria, para el desarrollo de la ciencia, la técnica y la educación y para garantizar la salud de la fuerza de trabajo si sólo se lo quiere ver desde una perspectiva capitalista.

Decíamos en el volante del 4 de mayo: “El sector agropecuario está compuesto por muchos y diversos actores que, por su condición, sus necesidades, sus intereses, sus objetivos, difieren unos de otros. De los más de 170 millones de hectáreas agropecuarias de todo el país, 74 millones están en poder de tan sólo 4.000 dueños. Los 936 terratenientes más poderosos tienen en su poder 35 millones de hectáreas (en promedio 35.000 c/u) y 137.000 agricultores poseen la misma cantidad de tierras (2 millones de hectáreas) que sólo 4 dueños (Benetton (900.000), Cresud (460.000), Bunge (260.000) y Amalia Lacroze de Fortabat (220.000). En la región pampeana hay 4 millones de hectáreas en manos de sólo 116 dueños. En el país hay 330.000 productores agropecuarios de los cuales 220.000 poseen menos de 100 hectáreas. De los restantes alrededor de 80.000 son productores de soja, pero tan sólo 20 compañías concentran el 70% del total de la producción sojera”.

“El mal llamado ‘paro del campo’ tuvo su mayor costo en nuestras familias. En sus últimos días veíamos las estanterías de los almacenes y las góndolas de los supermercados vacíos y los precios por las nubes”. Y agregábamos “Mal llamado ‘paro’ porque no están dejando de trabajar tranqueras adentro. Los propietarios cortan las rutas mientras que ‘sus’ peones siguen realizando las duras tareas del agro”. “Debería llamarse la tragedia del campo porque el grueso de las personas que cortan las rutas no son los terratenientes, ni los exportadores, sino sus víctimas: los pequeños y medianos productores. Éstos, desde hace años, como no pueden alcanzar la rentabilidad de los terratenientes y pools de siembra, y rehenes de los acopiadores que les pagan, no el precio internacional sino, el que ellos quieren, terminan arrendando sus tierras y finalmente vendiéndolas a los terratenientes, a los exportadores, a los acopiadores, a los contratistas, los que muchas veces son los mismos personajes. Por este camino, y no por las retenciones, entre 1988 y 2002 desaparecieron 103.400 productores, principalmente en establecimientos de menos de 500 hectáreas. Para tomar conciencia y luchar contra la tragedia, esta vez, es bueno mirarse el ombligo y no cuidar el de los grandes ‘ruralistas’. Los chicos nunca se convertirán en tales, los asalariados menos. Las excepciones confirman la regla”.

“Estamos ante una nueva conquista del desierto. La llamada revolución verde o sea la industrialización y tecnificación de las tareas rurales ha elevado los rindes verticalmente pero ha aumentado los costos de producción que no pueden afrontar los pequeños productores. La incorporación de China, India y otros países al masivo consumo de alimentos, ha traído como consecuencia una enorme elevación de sus precios”.

“EE.UU. para mantener su nivel de vida necesita consumir cada vez más energía, de allí las guerras por el petróleo. Los científicos han descubierto la posibilidad y ya están produciendo combustibles a partir de los alimentos. Ha comenzado la guerra por su control. El lock out de las entidades agrarias es la primer batalla en la Argentina, en Bolivia están a punto de dividir al país hermano”.

“La disponibilidad o no de capital (propiedad de la tierra y los medios de producción) con el cual competir en el mercado es el origen de la desigualdad. Los que lo poseen en abundancia, terratenientes y exportadores, obtienen grandes ganancias y se quedan con las tierras de los que lo poseen en cuentagotas, los chacareros y campesinos; y los que no lo poseen en absoluto venden su fuerza de trabajo: 1.300.000 son los peones rurales, de los cuáles sólo 325.000 tienen salarios en blanco, con un promedio que no llega a los $1.500 mensuales. Son los trabajadores peor remunerados y trabajan en las condiciones más deplorables. A partir de una ley de la dictadura en 1980, aun vigente, los trabajadores rurales se encuentran fuera de la Ley de Contrato de Trabajo. Es imprescindible exigir la inmediata derogación de esa ley de la Dictadura y la equiparación de las condiciones de trabajo y de salarios de los peones rurales con los trabajadores de la industria. Legalizar la situación del casi millón de peones que las patronales agrarias mantienen en negro”.

“Es erróneo e ingenuo creer que el cumplimiento de las reivindicaciones de los pequeños productores se logra ‘uniéndose’ a esa oligarquía que vive de la explotación de los más desfavorecidos, de la perpetuación de esa desigualdad. Deberíamos escuchar con más atención a los verdaderos trabajadores del campo. Dicen los campesinos del Mocase: ‘Nosotros, los campesinos, ya no formamos parte de la cadena productiva, por falta de una política de desarrollo hacia nuestro sector y por la violencia de los empresarios y terratenientes insaciables. Somos parte del campo, pero de los que trabajamos nuestra tierra con nuestras propias manos, que vivimos en ella, y la queremos cuidar y preservar para nuestras futuras generaciones’.”

6. Un programa para los pequeños productores, chacareros, campesinos y peones rurales.

A continuación proponemos algunas medidas para aportar a la elaboración de un Plan Nacional Agropecuario en el que participen todos los sectores, en particular los campesinos del Frente Nacional Campesino, los peones rurales y, también, los trabajadores urbanos.

La medida de las retenciones o de un impuesto a las ganancias de los sojeros y grandes productores de cereales y carnes no es más que una, y debe estar acompañada de otras:

El apoyo a los sectores más postergados de las economías regionales con maquinarias, subsidios, la creación de mecanismos de participación directa en lo que atañe a cómo producir riqueza y cómo distribuirla. Promoción a la formación de cooperativas agrícolas para multiplicar la productividad. Diversificación de la producción agropecuaria.

El control público sobre las empresas monopólicas abastecedoras de insumos al campo (agroquímicos y fertilizantes). Políticas de reforestación de la superficie devastada por la sojización, políticas de saneamiento de áreas infectadas por millones de litros de agro tóxicos y transgénicos.

Devolución de las cientos de miles de hectáreas robadas a los pueblos originarios en las últimas décadas. Reconocimiento de la propiedad a las familias campesinas que las ocupan desde hace muchas décadas. Cumplimiento de la ley de propiedad veinteñal. Suspensión de ventas de tierras al capital extranjero.

Reforma de las leyes laborales para trabajadores rurales vigentes desde la dictadura. Cumplimiento de la jornada de 8 horas. Igualación de los peones rurales con los convenios de los trabajadores industriales.

El establecimiento de Juntas Nacionales de Granos y Carnes para controlar las exportaciones y los precios internos. De esta forma el Estado puede discriminar niveles de exportación por productores y establecer impuestos diferenciados4.

Es necesaria una verdadera Reforma Agraria. La biodiversidad, el régimen de lluvias y el clima no provienen de ninguna inversión capitalista sino que son una riqueza de los pueblos. Es por ello que las 35 millones de hectáreas que son poseídas por tan sólo 936 terratenientes (en promedio 37.000 c/u) deben ser nacionalizadas y con ellas formar las “haciendas del pueblo”. Con la producción allí obtenida se podrá regular los precios de los productos del campo para el consuno del pueblo argentino y ser una barrera a la sojización y destrucción de nuestra tierra.

7. Los métodos de lucha y el papel de los medios de comunicación.

“Los grandes medios han funcionado prácticamente como órganos de prensa y difusión de los sectores del campo afectados por las retenciones móviles”.5

La sorpresiva y generalizada legitimidad que adquirieron los piquetes agrarios es consecuencia de la propaganda interesada de los grandes medios de comunicación. Decíamos en el volante del 4 de mayo: “Resulta que ahora los piquetes están buenos, son justos y efectivos. En un corte de calle había un cartel que decía: ‘El campo también es argentino’. Lástima que nos acordamos tan tarde. Esos medios han negado los verdaderos problemas agrarios. No hablaron de la propiedad de la tierra; de los que no la poseen; de la expulsión de miles de campesinos y originarios de sus montes; de Monsanto, Nidera, Cargil, Grobocopatel, Fortabat, los pools sojeros y las multinacionales que no están perdiendo nada con las retenciones”.

Los piquetes de los trabajadores desocupados han sido criminalizados. Se los acusa de todos los males, como si la desocupación no hubiese sido obra del neoliberalismo encabezado por Ménem y continuada por De la Rua. Antes de su paso devastador por el gobierno había 500 mil desocupados, transcurridos cinco o seis años de menemato se habían multiplicado hasta 5 millones. La pregunta que deberían hacerse los que criminalizan a los desocupados es: si 4 millones y medio de trabajadores se transformaron en haraganes por arte de magia o por un gen maligno que afecta a los pobres. Respondemos, por si no logran entender: Fue obra del capital financiero especulativo, frenado por el pueblo con la Rebelión de 2001, que ahora levanta la cabeza de la mano de los agro-negocios.

Hay que tomar partido por los que conocen el campo argentino sólo por haberlo visto en algún mapa que le presentaron en las bolsas de Nueva York o Frankfurt y por varios de sus empleados de lujo que recorren nuestras tierras montados en fabulosas camionetas 4 x 4, a los que nunca nadie vio doblar la espalda para abrir un surco en la tierra, o por los campesinos que trabajan la tierra, los pocos chacareros y tamberos que ha dejado la sojización, los que caminan descalzos y enfermos por la contaminación de los agro tóxicos; a favor o en contra de la servidumbre de los peones rurales que trabajan en un nivel de precariedad que recuerda épocas feudales y viven con los sueldos más bajos del país; a favor o en contra de las nuevas formas de colonización y explotación.

8. El proyecto de una clase capitalista moderna.

En la reunión conjunta de las comisiones de Agricultura y Ganadería y de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados, del 25 de junio de 2008, Aldo Ferrer, profesor de Estructura Económica Argentina de la UBA, expuso con suma claridad los que deberían ser lineamientos estratégicos de un plan de desarrollo capitalista para nuestro país. Por ello consideramos importante citar la mayor parte de esta disertación:

“El tema que nos convoca, el de las retenciones, a mi juicio ha sido tratado hasta ahora desde una sola perspectiva, que es la de la redistribución del ingreso, la distribución de una renta que emerge no sólo de la propia producción sino además de una situación de altos precios internacionales, con un incremento de los ingresos que surgen de la producción exportable. El debate se ha planteado en términos de si es equitativo distribuir esa renta para defender el precio de los alimentos en el mercado interno y tener un reparto más equitativo de la riqueza, o si esa renta les corresponde plenamente a quienes producen los bienes exportables. A mi juicio, este tratamiento es insuficiente porque en el tema de las retenciones está implícito un problema previo y muy importante, que es el de la estructura productiva. El desarrollo moderno es un proceso que se basa esencialmente en el empleo de la ciencia y de la técnica, en la gestión del conocimiento, con vistas a elevar la productividad del trabajo en todo el tejido económico y social de una nación moderna. Para que esta incorporación de ciencia y tecnología pueda producir un desarrollo en las construcciones modernas, tienen que cumplirse varias condiciones. Una de ellas es contar con una estructura integrada y diversificada, que incorpore los diversos segmentos de la producción moderna, desde la transformación de los recursos naturales hasta las industrias de tecnología de frontera, ligadas a la biotecnología, la informática y la producción de bienes de capital. Si esto no se produce, si un sistema no tiene un suficiente grado de diversificación y no tiene capacidad de incorporar el conocimiento y gestionarlo, no puede producir el desarrollo en las condiciones contemporáneas. Esto también está muy ligado a la formación de los sistemas nacionales de ciencia y tecnología. Sólo tienen sistemas fuertes en ciencia y tecnología los países con una estructura integrada, diversificada y completa, que abarca la diversidad de las actividades productivas. No hay excepción en este sentido: no hay ningún país avanzado científica y tecnológicamente que no tenga su estructura productiva con estas características. Por lo tanto, el desarrollo del país requiere tener una estructura de esas características, que no puede sostenerse sobre un solo sector. Por ejemplo, no puede sostenerse sólo sobre la producción de productos primarios. Tampoco hay ningún país desarrollado en el mundo que se asiente esencialmente en la transformación y renta de sus productos primarios. Países muy ricos en petróleo, cobre, minerales o recursos tropicales no salen del subdesarrollo si no logran conformar una estructura diversificada compleja. En nuestro caso particular, la cadena agroindustrial, con todo el empleo directo e indirecto que genera, representa alrededor de un tercio del empleo de la fuerza de trabajo. Si no contamos simultáneamente con una gran base industrial no vamos a poder dar trabajo y bienestar a una población de 40 millones de habitantes. Dicho en otros términos: si no contamos con una estructura integrada, no vamos a poder tener pleno empleo y, por lo tanto, nos va a sobrar al menos la mitad de la población. Esto nos confronta con una característica estructural de la economía argentina que es una estructura desequilibrada, en la cual en virtud de la gran riqueza de recursos naturales en el campo y la alta eficiencia que han demostrado muchos productores del campo que están operando en la frontera tecnológica, tenemos una agricultura que, como suele decirse, es una agricultura de precisión en muchos segmentos. Esto es revelador de la actitud de muchos productores rurales que operan con las tecnologías de frontera. Contrariamente a lo que se pensaba hace tiempo, que la agricultura era una actividad de baja densidad en el empleo de conocimiento, hoy eso no sucede. La agricultura es una actividad francamente de frontera tecnológica, que es lo que ha permitido, por otra parte, el desarrollo tan importante que ha experimentado el sector sobre la base de los recursos naturales con que el país cuenta. Sin embargo, sucede que la economía argentina está inserta en el mercado mundial y que los precios relativos del mercado mundial no son iguales a los nuestros. Si nosotros transmitiéramos hacia el mercado interno los precios del mercado mundial, estaríamos determinando la estructura productiva en virtud de las señales de precios del mercado mundial. Uno puede tomar el ejemplo contrario, de precios relativos distintos, de una región altamente industrial como lo es la Unión Europea. Precisamente, porque la Unión Europea quiere tener una estructura integrada y un agro avanzado, aplica la política agrícola común, a la cual dedica la inmensa mayoría de los recursos de la región. Si no lo hiciera así, no habría campo europeo. Ha decidido justificadamente, para conseguir la seguridad alimentaria y la integración social, defender su producción primaria con el régimen de la política agrícola común. Nosotros estamos, en virtud de nuestro subdesarrollo relativo, en una situación contraria. Por lo tanto, un Estado moderno tiene la obligación y el derecho de administrar los precios internacionales de fronteras hacia adentro para lograr los objetivos del desarrollo nacional, que consisten precisamente en tener una estructura diversificada y completa, que abarque desde la producción de recursos naturales hasta la industria de servicios complejos, con vistas a gestionar el desarrollo, incorporar conocimiento y tecnología y, en consecuencia, crecer.
Tenemos que procesar las señales que vienen del mercado internacional atendiendo a esta asimetría estructural según la cual, por ejemplo, la rentabilidad en la producción de soja puede asegurarse con un tipo de cambio de dos pesos, teóricamente. Pero si queremos exportar y competir en el mercado interno con importaciones, para la producción de máquinas, de textiles, productos químicos y otros bienes, necesitamos otro tipo de cambio. Tiene que haber tipos de cambio múltiples, diferenciales, que le aseguren rentabilidad a la totalidad de la producción de bienes transables, desde la soja hasta las cosas más sofisticadas que podamos hacer. El objetivo es asegurar la rentabilidad de la totalidad de los sectores productores de bienes competitivos transables tanto en el mercado interno como en el internacional. Es por eso que el Estado nacional tiene la obligación y el derecho de administrar esas señales de precio que vienen de afuera, porque si no la estructura productiva la determina el mercado mundial y no la decisión de los habitantes del propio país. Por eso los países emergentes de Asia –-que están creciendo a tasas fenomenales–, lo que hacen precisamente es administrar las señales del mercado mundial siempre con tipos de cambio competitivos para asegurar el proceso de transformación y la inclusión en su estructura productiva de las actividades de frontera. Esto se puede hacer de varias formas: con tipos de cambio múltiples, con subsidios o con retenciones de tal manera que se asegure la rentabilidad de la producción de bienes primarios y la rentabilidad de los otros sectores. Hoy en día este desafío es muy importante y se plantea de manera muy crítica porque estamos en un momento de transformación en el mercado internacional. La incorporación de centenares de millones de seres humanos de la India, China, de Asia en general, como grandes productores de bienes complejos y grandes consumidores, está provocando esta tendencia alcista de los recursos naturales y de los commodities. Esto pasa en toda América latina y en todos los países que producen este tipo de bienes. Ahora, si nosotros cayéramos en la ilusión de pensar –como lo hicimos a fin del siglo XIX– que Argentina tiene futuro como granero del mundo especializado en un solo sector, no zafaríamos nunca del subdesarrollo. No hay ningún caso de un país que descanse esencialmente en sus recursos naturales que sean países desarrollados, aunque tengan petróleo, cobre, minerales, tierras tropicales, etcétera. La transformación productiva es esencial. Los países como el nuestro –por ejemplo, Canadá y Australia, con los cuales nos hemos comparado durante mucho tiempo–, con una dotación de recursos semejante, son prósperos porque tienen un gran campo y tienen una gran industria. De otra forma, serían también países rezagados, como lamentablemente sigue siendo nuestro país. La política de tipo de cambio es un instrumento esencial, aunque no es toda la política económica. Nosotros tenemos experiencias muy penosas de dejar de apreciar el tipo de cambio a largo plazo, produciendo efectos devastadores, en primer lugar en la industria, pero finalmente también sobre el sector más competitivo en virtud de los recursos del país.
El otro tema que suele ser polémico es el de la incidencia del tipo de cambio sobre el salario real. Se suele decir que un tipo de cambio alto competitivo deprime el salario real. En realidad, el determinante del salario real es el nivel de empleo porque el 90 por ciento del gasto de los trabajadores se hace en bienes y servicios producidos en el país. Lo que importa es el salario real en pesos y tener un salario denominado en moneda competitiva internacional que asegure la rentabilidad del conjunto de la actividad productiva. Entonces, este debate que se ha producido en torno de las retenciones y del conflicto que hemos vivido durante estos días es una ocasión extraordinaria para superar el tema y ubicarlo en el campo de la estrategia del desarrollo nacional. El país está enfrentado a un cambio en el orden mundial y tiene que ubicarse en ese mundo, no simplemente como un gran productor de productos primarios sino también de manufacturas complejas, para las cuales tiene que atender a la diversidad y a las características propias de la estructura productiva argentina. Creo que si hacemos esto se abre una extraordinaria posibilidad para la Argentina. En la historia contemporánea del país nunca se dieron circunstancias más favorables para hacerlo”.

9. El hecho maldito del país burgués.

“Argentina ha tenido en su historia moderna tres etapas bien definidas: el denominado modelo agro-exportador (1880-1930), el modelo de industrialización por sustitución de importaciones (1930-1975) y el modelo rentístico-financiero (1976-2001). El fabuloso contexto internacional con precios de las materias primas elevadas crearon las condiciones para que un grupo poderoso, conservador y reaccionario aspire a recuperar la tradicional Argentina agro-exportadora”.6

La República Argentina tiene una extensión territorial, sin contar el millón de km² que reivindicamos de la Antártica, de casi 2.800.000 km² y una población que no termina de alcanzar los 40.000.000 de habitantes, lo que da 14,3 hab/km². Es uno de los países más extenso y despoblado del mundo. La extensión territorial no es sinónimo de ser un país poderoso, los hay muy extensos y poderosos como EE. UU., China, Rusia, y en cierta forma Brasil y la India y otros, mucho menos extensos que el nuestro pero también poderosos como: Japón, Alemania, Francia, Italia, Gran Bretaña, España. Todos tienen una población mucho mayor que la nuestra. Canadá y Australia parecen ser la excepción porque son extensos, tienen pocos habitantes pero un importante desarrollo económico (con ellos hasta 1950 nos podíamos comparar). No está lejos de la verdad afirmar que uno de los requisitos del crecimiento económico es la población numerosa. No condenemos entonces a los bolivianos, peruanos, paraguayos y chilenos, ya que vienen a trabajar. Si no queremos ser solidarios con ellos al menos pensemos que los necesitamos si queremos crecer y ser un país moderno y poderoso. En cambio los rubios del norte (léase capital financiero especulativo) nos quieren esclavos.

El proyecto capitalista enunciado por Ferrer tiene como objetivo la plena ocupación de la mano de obra asalariada y la diversificación de la actividad económica, cultural y social del país.

El proyecto agro-industrial, sostenido por el sector más eficiente de la economía argentina7, que incluso lo es internacionalmente, tiene como primera limitación que le sobran 20 millones de habitantes. No es un modelo generador de empleo, por el contrario es expulsor de mano de obra. “El tiempo operativo de labranza de siembra directa es de 40 minutos la hectárea por hombre. El paquete tecnológico que combina siembra directa, semilla transgénica y el herbicida glifosato eliminó las tareas de labranza, disminuyendo brutalmente la demanda de trabajo”8.

Debido a su eficiencia pueden competir a nivel internacional sin necesidad de subsidios, es por eso que no necesitarían un dólar alto de 3,20 $. Se estima que si al dólar se lo dejara flotar libremente andaría por los 2,30 $, un poco más un poco menos. Con el dólar libre seguirían obteniendo siderales ganancias. Con las retenciones móviles, que no fueron aprobadas, el sector rural tendría un dólar equivalente al dólar libre. O sea que las retenciones, en términos absolutos, para el sector de los agro-negocios serían 0, si cero. ¿Cómo y por qué tanto revuelo por nada?

Al capital financiero, a los capitalistas agrarios, a los fondos de inversión, a los pool sojeros, a los exportadores y a las empresas imperialista productoras de agroquímicos y de semillas transgénicas no les interesa el desarrollo armónico y completo de la Argentina, sólo les interesa las fáciles, rápidas y enormes ganancias que pueden obtener. Arrastraron a sus víctimas, los pequeños productores, que como hemos señalado están siendo fagocitados por los grandes capitales al no poder producir en escala competitiva con ellos. Se apoyaron para ello en una de las mayores tradiciones de las clases dominantes argentinas, en el hecho maldito: su carácter parasitario en términos económicos. Para dejar de serlo no alcanza con ser eficientes en su sector. Hay que empujar el desarrollo del conjunto. No es que no pueden hacerlo, no les interesa. Son una clase sin conciencia nacional, son parásitos y antinacionales. La consigna levantada por la oligarquía terrateniente ayer y los capitalistas agrarios hoy: el campo es la Patria en realidad significó, una vez más, somos la antipatria y el anti pueblo.

Por su parte “El gobierno desde el inicio se ha apoyado en el modelo sojero. Profundizó este esquema con el consiguiente desplazamiento de productores, afectando la soberanía alimentaria, fortaleciendo los ‘pools’ de siembra y los grupos exportadores (Dreyfus, Cargill, Nidera, Bayer…), permitiendo la escandalosa apropiación diferencial entre los impuestos pagados por los productores y lo realmente ingresado a las arcas del Estado. No casualmente estos grupos económicos no han sido casi mencionados en la crisis actual ni por el gobierno ni por las entidades del campo”9.

Mientras que el modelo industrialista, neo desarrollista, del gobierno de los Kirchner no termina de incorporar a toda la población al mercado interno capitalista. Nos siguen “sobrando” 10 millones de habitantes. Esto ocurre porque ese modelo industrialista no está mirando al mercado interno como realización del ideal de desarrollo, sino al mercado externo, o sea que se apoya preferentemente en las exportaciones. De allí que el petróleo, la soja y bienes industriales como el acero y los automóviles hayan incrementado los volúmenes de las exportaciones. Los capitalistas agrarios, los rentistas españoles que se apropiaron de YPF, algunos rubros mineros y grupos industriales han sido y son la base de sustentación del gobierno. Los industriales han sido los más favorecidos por el dólar alto ya que con ello logran ser competitivos al exportar y aguantar la competencia de los importadores.

Los “petroleros” españoles ni chistan por el alto nivel de retenciones (del orden del 70 %), el negocio les sigue siendo muy rentable. Argentina no es un país petrolero, podríamos habernos auto abastecido por largo tiempo, pero era previsible que no mantuviéramos el nivel de exportaciones de la década anterior, las exportaciones siguen cayendo y en pocos años pasaremos a ser importadores netos de petróleo. Repsol es una empresa depredadora, prácticamente no realiza inversiones ni siquiera en la prospección de nuevos yacimientos para aumentar las reservas, y, como hace un siglo La Forestal en el Chaco, cuando no quede ni una gota de petróleo se irán sin dejan nada más que las retenciones y desolación en los pueblos. Esto ocurre por la política cómplice del gobierno y ante el desinterés general.

Los capitalitas rurales le tiraron a la cabeza al tibio intento re-distributivo que subsidia a los exportadores industriales y a los servicios públicos. Y estos, principales beneficiados del modelo no fueron capaces, porque no quisieron, de defender al gobierno que más los benefició desde hace, al menos, medio siglo.

El desarrollo y desenlace de la contienda entre las entidades agrarias, que representan los intereses de los agro-negocios, y el Gobierno que, como dijimos, representó al conjunto del gran capital nacional y extranjero demostró, una vez más, que la burguesía argentina es incapaz de realizar su propio programa.

Como en la Argentina no están ni el Presidente Abraham Lincoln, ni el General Grant, ni la criminal pero emprendedora burguesía industrial del norte de EE. UU., el programa levantado por Ferrer encuentra un solo interesado en llevarlo adelante: La clase obrera y los campesinos en alianza con la pequeña burguesía productora rural y urbana. El programa de una argentina moderna, eficiente, con plena ocupación, altos salarios, etc. sólo es posible de la mano de los trabajadores. Ese programa, desde el punto de vista de los intereses objetivos, puede representar entre el 70 y el 80 % de la población de Argentina.

Pero si bien los programas, de una burguesía pujante y moderna, que no existe, y de los trabajadores y el pueblo, pueden presentarse como similares, desde el inicio tienen una diferencia fundamental: El sello de la clase que lo impulsa. Muchas veces, en la denominada izquierda, no se lo considera como parte del programa, pero eso es un error. Del programa forman parte las medidas concretas, pero también las clases que lo llevan adelante que incluye las políticas de alianzas y discursivas, y los métodos de lucha para lograr esos objetivos. Además, de la mano de los trabajadores, es un programa que avanzaría ininterrumpidamente hacia la socialización de los bienes materiales, el desarrollo de la técnica y la construcción de una nueva consciencia solidaria.

10. La situación después de la batalla.
Una señal más que elocuente de quiénes fueron los principales vencedores en la contienda vino de EE. UU. Ni bien terminado el conflicto el diario estadounidense Financial Times informó que en la próxima campaña agrícola de Argentina se sembrarán 950 mil hectáreas más de soja.

Entre los analistas políticos hay coincidencia de que el resultado del conflicto ha provocado un corrimiento de la sociedad hacia la derecha y, por lo tanto, un fortalecimiento de ese sector político. Lo que no está tan claro es si sabrán aprovechar la ventaja obtenida. No les resultará tan fácil logran un frente único de los sectores más reaccionarios, en esto se parecen a la izquierda. En un rápido repaso histórico no encontramos gobiernos de la derecha explícita que hayan llegado por los métodos del parlamentarismo burgués, salvo en la época del fraude conservador. Si se quiere ser muy estricto vemos que los más derechistas llegaron con el apoyo del voto peronista o radical (Arturo Frondizi y Fernando De la Rua). El único proyecto encabezado por un programa de derecha que logró imponerse en las elecciones fue el de Ménem, pero el de su segundo mandato, ya que en el primero levantó un programa demagógico que engañó a gran parte del pueblo y de la militancia. En la actualidad no se perfila un liderazgo nítido que pueda aglutinar a ese enorme espacio que rodeó a los capitalistas agrarios. El mejor posicionado es Mauricio Macri quién deberá batallar o aliarse con la derecha peronista, y, dentro de ésta por ahora se la ve huérfana de tales liderazgos, lo que lo beneficia.

También es necesario tener en cuenta que muchos ciudadanos de ideas progresistas se vieron sobrepasados por la enorme masa de propaganda que presentó la reivindicación rural como un movimiento progresista. Hemos escuchado decir: “Ahora todo se va a arreglar”. Mucha gente tuvo esa esperanza. No todos los que apoyaron “al campo” son reaccionarios. Debemos tener la prudencia de diferenciarlos.

Por otro lado, vemos que se abre un importante espacio político a la izquierda del gobierno. Por supuesto muy difícil de llenar por la dispersión que reina en el campo del pueblo. Pero es necesario presentarle otra opción, diferenciada de la derecha explícita y del gobierno. Este espacio requerirá tener un programa que parta del no resuelto por la burguesía y que contemple las más acuciantes necesidades populares. Para nosotros, el eje estructurador de dicho programa es la plena ocupación. Desde allí se pueden dar una serie de respuestas a todos los grandes problemas del pueblo y de la nación argentina. La patria somos la inmensa mayoría de los nacidos en estas tierras y también todos los que habiendo nacido en otras han venido a trabajar y a estudiar. Los únicos que sobran son los explotadores nacionales o extranjeros de nuestro pueblo.10

11. Como respuesta a los interrogantes que surgen de este trabajo proponemos para debatir con nuestro pueblo el siguiente programa:

Debe ser de efectivo cumplimiento por las empresas y el Estado lo ordenado por el art. 14 bis de la Constitución Nacional: “El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil, igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial”.

Solucionar el problema del hambre es lo más urgente porque es una situación tremendamente injusta que somete a un padecimiento inhumano a gran parte de nuestra población, en particular a los niños. Como emergencia, hasta alcanzar el pleno empleo, es impostergable un seguro universal de 700 $ por familia y 100 $ por hijo. Bajando la sobre explotación de la fuerza de trabajo ocupada con el sólo cumplimiento efectivo de la jornada de 8 hs. se generarían inmediatamente 900.000 puestos de trabajo. Porque es una medida de estricta justicia y porque generaría un sostenido crecimiento de la actividad económica interna, con la consecuente creación de más puestos de trabajo estable, es necesario fijar un salario mínimo de 1.500 $ y aumentos generales del 20 al 30 % para todos los asalariados.

Puesta en marcha de un Plan de obras públicas centrado en la construcción, actividad que ocupa mano de obra intensiva, en particular recuperar y modernizar el sistema de transporte ferroviario, financiado con los recursos que se obtendrían de las medidas financieras incluidas en este programa: reforma fiscal, impuesto de emergencia a las grandes ganancias y suspensión del pago de la deuda externa.

Elaborar un Plan de Desarrollo Sectorial y Regional, que contemple a sectores de la pequeña y mediana empresa, que considere los encadenamientos productivos para agregar valor, teniendo en cuenta las ventajas productivas actuales y potenciales de la economía argentina, priorizando los sectores que generan mas empleo y más valor agregado. Considerando central el mercado interno contemplar los mercados externos regionales y mundiales que sean compatibles con nuestro desarrollo y nuestra independencia.

Para hacer efectivo lo dispuesto por la última parte del art. 14 bis: Se deben reimplantar los aportes patronales, las AFJP deben desaparecer, y en su lugar se debe integran un sano sistema único, universal y solidario de seguridad social autofinanciado.

Cambiar el actual sistema impositivo regresivo, o sea basado en impuestos al consumidor por medio del cual Benneton y un desocupado pagan los mismos impuestos, por otro progresivo basado en impuestos a la riqueza, al consumo suntuario y a las grandes ganancias. El IVA debe desaparecer. Quienes más ganan deben pagar más impuestos.

Nos hemos visto privados de una de las principales fuentes de ingresos genuinos y eficaz palanca para regular los precios internos. YPF debe ser reestatizada y administrada por el Estado, los profesionales, técnicos y obreros petroleros. La misma política se debe seguir con las demás empresas de energía (gas, carbón, etc.) y de servicios (teléfonos, aerolíneas, etc.), que además de vaciar económicamente al país prestan un servicio deficiente, los teléfonos son caros y deficientes, el servicio de agua potable es malo e insuficiente, el gas envasado es directamente una estafa y una burla con los más necesitados.

Se debe declarar, con rango constitucional, al subsuelo, la tierra, el agua y demás recursos naturales patrimonio inalienable de la Nación Argentina. Las riquezas minerales, la plataforma submarina, el litoral marítimo y fluvial, las bellezas naturales, y su explotación deben estar en manos de empresas estatales y bajo la administración conjunta del estado y sus trabajadores. El latifundio debe ser eliminado, se legislará sobre la extensión que se considerará latifundio en cada región fitogeográfica. Se establecerá el impuesto a la renta normal potencial de la tierra. Se reconocerá la propiedad de la tierra a las familias que hace decenas de años se encuentran trabajándolas. Se establecerá el principio de territorialidad para garantizar el “espacio vital” para que los pueblos originarios puedan mantener y desarrollar su cultura, sus creencias, y podamos vivir todos armoniosamente. Los extranjeros no podrán poseer extensiones de tierras en áreas de frontera, y se prohibirá el asentamiento de bases militares y/o estratégicas de potencias extranjeras.

El sector de la economía argentina quizás más deficitario es el que realmente tiene el control económico del país. Probablemente lo segundo explique lo primero. El sistema de bancos privados ha sido sistemáticamente salvado, saneado y compensado con recursos del Estado Nacional. El dinero debe estar destinado a la producción y no a la especulación. No hay ninguna razón económica para sostener la actual banca privada, fundamentalmente extranjera. El sistema bancario se debe basar en un Banco Nacional, bancos provinciales o regionales, un banco inmobiliario y una banca cooperativa. El mismo papel del Banco Central debe ser redefinido, ya que no puede ser “autónomo y autárquico” de la política nacional, tal como lo impusieron los liberales en la década del 90.

Los sistemas de salud y de educación pública llegaron a tener un alcance universal, prestando un servicio esencial en el mejoramiento y ascenso social de los argentinos. Esas conquistas fueron demolidas por el neoliberalismo. El comercio se rige por la lógica de la ganancia, esa no puede ser la de la salud y la educación. Deben instaurarse en toda su extensión los conceptos de servicios y promoción de la comunidad. Por una sistema de salud pública gratuita, solidaria y eficiente. Por una educación pública, laica, gratuita, popular y de nivel científico.

Deben ser reformulados los contenidos mismos de la enseñanza. Un país soberano y en vías de desarrollo no puede existir sin un amplio campo de investigación científica y técnica. Las Universidades y los Centros de investigación deben ser jerarquizados, para ello se necesita multiplicar varias veces el presupuesto para las Universidades Nacionales y para el desarrollo de la ciencia y la técnica ya que el actual es extremadamente bajo y responde a una visión de factoría y no de país independiente.

El problema central para el desarrollo del país y la atención de las necesidades de la población es la falta de inversión en esos rubros. Durante décadas nos pusieron delante la zanahoria de los capitales extranjeros y millones la siguieron, así nos fue. En los últimos años la economía ha crecido sin la “ayuda” internacional, quedando demostrado que es posible recuperarnos de la destrucción causada por aquellas políticas antinacionales. La principal estrechez de la economía argentina está generada, desde hace tres décadas, por la enorme y fraudulenta deuda externa. Contraída durante la dictadura terrorista y abultada en sucesivas bicicletas y especulaciones financieras por los gobiernos constitucionales, fue objeto de extensos estudios científico-técnicos y jurídicos. Su origen ilegal ha sido probado en un fallo judicial, en la causa iniciada por Alejandro Olmos, el cual fue a morir a los cajones de un Congreso que sigue a espaldas del pueblo y de la ley. “En el 2001, antes de la crisis, la relación deuda/PBI era del 54 por ciento, en el 2004 llegó al 130 por ciento, y en la actualidad (sin tener en cuenta la deuda que no ingresó al canje) es del 56 por ciento. Durante los últimos cinco años la economía creció más que la deuda, pero durante los últimos doce meses parece que esta relación se está invirtiendo. La deuda crece más que el PBI, por lo que la relación comenzará también a crecer”11. Quedando probado, una vez más, que la deuda es ilegítima e impagable, por lo tanto debe declararse materia de estudio en escuelas y universidades, desarrollarse una amplia campaña de información y esclarecimiento de la población sobre los responsables y beneficiarios de la misma y, finalmente, efectuar la denuncia de la Deuda Externa por el pueblo de la Nación Argentina ante la comunidad internacional.

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One Response to EL HECHO MALDITO DEL PAÍS BURGUÉS II

  1. lolita dice:

    bueno muy linda la info. grax

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