NUESTRA LINEA Y SUS TAREAS DE CONSTRUCCIÓN POLÍTICA


Daniel De Santis
16 de septiembre de 2007

La Rebelión de 2001-2002 modificó favorablemente la situación política para el campo popular. Una manifestación de ello, entre otras, es que hemos recuperado el lenguaje marxista, otra, y que va junto con ella, que recomenzamos a discutir tácticas y estrategias de acumulación de fuerzas. Cómo muchas grupos de izquierda han desgastado nuestro vocabulario, somos un poco reacios a usar expresiones grandilocuentes por lo que preferimos explicar lo que pensamos y hacemos. Pero nos ha ocurrido que algunos compañeros, al no encontrar esas expresiones, piensan que es un subterfugio para deslizarnos hacia el reformismo, el populismo o el pacifismo. Para nada es así. Estuvimos tentados en titular este trabajo como: Nuestra estrategia de construcción revolucionaria, por lo anterior no lo hicimos, pero si a algún compañero le parece más claro nos hacemos cargo. Queremos dejar aclarado que en ningún caso estamos hablando de una estrategia de poder. Cuestión, ésta, que dejamos para más adelante, el motivo quedará esclarecido por el propio informe. Sobre la evolución de la estrategia de poder en el marxismo hicimos una extensa exposición, el año 2005, la que se puede leer en www.catedracheguevara.com.ar

Este escrito es la actualización de otro que titulábamos grandilocuentemente: La tarea fundamental en la lucha por el por hoy, pero la grandilocuencia no se inscribía en lo que criticamos antes, sino que buscaba torear a los que nos criticaban por intentar incorporar en nuestro arsenal político a la lucha electoral. El texto partía de cuestiones de orden general pero centraba su conclusión en un tema muy importante pero parcial. Han pasado tres años y como los debates han subido de nivel queremos ponernos a tono.

Decíamos, vamos a partir del mismo enfoque que llevó al PRT a definir su estrategia de guerra revolucionaria. Éste, en febrero de 1968, iniciaba las resoluciones de su IV Congreso aplicado una cuestión metodológica, se formulaba preguntas de orden general para luego pasar a considerar lo particular:

“Comencemos por el principio: ¿cuáles son los requisitos generales que todo marxista revolucionario debe exigir cuando se consideran los problemas de la estrategia de poder y de lucha armada?

1) En primer lugar debemos hacer un análisis de la situación económica capitalista mundial y de la lucha revolucionaria internacional… Debemos pasar luego a efectuar un análisis de la situación económica y de la lucha revolucionaria en la región y el país, tomando en cuenta el desarrollo de las fuerzas productivas que nos permitirá tener un primer criterio para establecer las posibilidades de una “verdadera” revolución (si el capitalismo aún puede desarrollar o no las fuerzas productivas), la existencia o no de clases revolucionarias, la relación entre la superestructura política y la estructura social, el desarrollo desigual de la economía y las fuerzas revolucionarias país a país, región a región, etc. Este análisis nos permite establecer: a) las posibilidades de desarrollo de la revolución y su ritmo desigual en las distintas regiones del mundo y en el país, b) cuál es la clase revolucionaria y sus posibles aliados, c) cuál es la combinación específica de tareas y consignas de la revolución en sus distintas etapas (tareas democráticas, socialistas, nacionalistas, etc.) para cada región y país.

2) En segundo lugar debemos hacer un análisis de la relación de fuerzas entre las clases. Debemos ver el grado de organización y cohesión de las fuerzas sociales contrarrevolucionarias, la complejidad y nivel de su Estado, el desarrollo de la técnica militar y el ejército, sus contradicciones internas, tanto en el orden nacional como internacional. Debemos ver también el grado de organización y fuerza de las clases revolucionarias, su experiencia y conciencia revolucionaria, si han logrado construir un sólido partido revolucionario, si han logrado desarrollar una fuerza militar y las características de esta fuerza (si es poderosa o débil, etc.). Este segundo aspecto, en combinación con el primero nos permitirá establecer: a) la dinámica futura de la lucha revolucionaria (si será corta o prolongada, si será una guerra nacional o civil o una combinación de ambas, las características que adquirirá la lucha en cada período de acuerdo a las formas específicas de lucha de cada clase y a la relación de fuerzas existente). Es muy importante este análisis ya que de él dependen las tareas y la política que nos demos en cada etapa y nos permite establecer las características de ésta y su estrategia (defensiva u ofensiva, de lucha armada parcial o generalizada, etc.) teniendo en cuenta no sólo las necesidades de la etapa actual, sino la preparación de nuestras fuerzas para la que le sigue; b) las condiciones concretas para la victoria de la revolución que varían de país a país y difieren en cada época histórica”.

Recordemos que el capitalismo a nivel mundial vivía una etapa de agotamiento de la onda larga expansiva de la económica iniciada por el keynesianismo y el new deal (mal llamados del estado benefactor), de la explosión de las fuerzas productivas de la segunda pos guerra y de los dorados años 50. El campo socialista se había ampliado y consolidado luego de la segunda guerra, se había completado el proceso de descolonización del África, en Vietnam el Partido de los Trabajadores y el Ejército del Pueblo realizaban la gran ofensiva del año nuevo lunar acorralando a las tropas yanquis invasoras. En América Latina la Revolución Cubana había sacudido las conciencias de nuestros pueblos y estos daban nacimiento a un nuevo movimiento revolucionario en todo el Continente. En nuestro país el capitalismo soportaba una crisis coyuntural montado sobre una ya crisis crónica, en el plano político se vivía bajo una dictadura militar que se mantenía, de hecho, desde 1955 con el resultado de una marcada ilegalidad e ilegitimidad del sistema de dominación. Esta situación se extendía a los partidos burgueses. En cuanto a las masas, entre ellas, en particular en la clase obrera industrial de las grandes fábricas, se estaba gestando un nuevo auge con características distintas a todos los anteriores, el nuevo auge tendría un contenido que avanzaría hacia la revolución y el socialismo. Estos análisis, que realizaba el PRT, fueron confirmados por el surgimiento de la CGT de los Argentinos y su programa del 1 de mayo de 1968 y por las gestas de características insurreccionales de 1969 conocidas como el Cordobazo y el Rosariazo.

El hechos distintivo era que se conjugaban, tanto en el orden internacional, como continental y nacional, una crisis económica con una crisis política, junto al fortalecimiento de la conciencia y de la organización del movimiento de masas. Toda esta situación se expresaba en un estado de ánimo de ofensiva y las conciencias estaban listas para que la vanguardia iniciara la lucha armada revolucionaria, es más, quienes no lo hicieron quedaron al margen del movimiento de masas.

A partir de mediados de la década de 1970 la situación comenzó a cambiar, el imperialismo encontró respuesta al estancamiento de las fuerzas productivas vía el neo liberalismo, este auge económico propulsado por el capital financiero, principalmente especulativo, logró desdibujar el papel de la clase obrera, la revolución retrocedió en todo el mundo, en nuestra América había caído el Comandante Guevara y, salvo algunos éxitos parciales y limitados en el tiempo como en Chile, Nicaragua y Grenada, la revolución fue derrotada, se instauraron sangrientas dictaduras militares y, como culminación de este retroceso, a nivel mundial se produjo la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética. En nuestro país este período tuvo el rostro sangriento de la dictadura terrorista, un breve paréntesis en el primer año y medio del gobierno de Alfonsín, para retomar el rumbo siniestro de los 10 años de entrega económica y política de Ménem con su componente más difícil de revertir: los cinco millones de trabajadores empujados al desempleo. Política continuada dos años más por De la Rúa y Álvarez hasta los históricos combates de masas del 19 y 20 de diciembre de 2001. En el plano económico internacional a partir de la crisis del tequila la economía mundial comenzó a tener problemas y en la Argentina se vivió entre 1997 y 2003 la mayor crisis de nuestra historia, superando en duración y en profundidad a la iniciada en 1929.

La Rebelión popular del 19 y 20 de diciembre de 2001.

A diferencia del período antes analizado no se conjugaron la crisis económica y la política con el fortalecimiento ideológico y organizativo del movimiento de masas y revolucionario. Éste todavía sufría la devastación de la derrota de fines de los 70. La crisis económica más grave no trajo como consecuencia la revolución social como en un enfoque economicista hubiese sido previsible. En ningún momento la lucha armada revolucionaria fue una tarea que tuviera vigencia política. Esta afirmación quedó demostrada, entre otros muchos hechos, por que todos aquellos compañeros que la llevaron adelante y fueron detectados sufrieron el mayor aislamiento político. ¿Quién puede dudar de la justicia del intento de ajusticiamiento del médico torturador Vergés? Pero justicia y política, aún la revolucionaria, no son lo mismo. Más adelante criticamos duramente a los que empuñaron demagógicamente el discurso armado. A los compañeros que fueron consecuentes con sus análisis los respetamos y valoramos, aunque no podemos dejar de indicar que no era la tarea de la etapa.

Un análisis similar al que ahora estamos haciendo nos llevó, sólo dos días después de producida la Rebelión del 19 y 20 de diciembre, a caracterizar la situación política de la siguiente forma:

“Una primera conclusión, o mejor dicho acercamiento intuitivo, es que los hechos de esta última semana van a significar una mutación en la conciencia de nuestro pueblo. Dentro de algunos meses y con más claridad dentro de algunos años seguramente hablaremos de un antes y un después del 19 y 20 de diciembre de 2001. En esos días quedó en claro que, pese al retroceso en la conciencia verificado en los últimos 25 años, en el pueblo ha comenzado a renacer la dignidad”.

Y unos días después precisábamos que:

“No fue ni un febrero de 1917, ni un nuevo Cordobazo. Las conciencias de los sectores más avanzados de las masas no estaban pensando en el socialismo como en aquellas gestas. La vanguardia social comenzaba a sacudirse el tremendo peso del individualismo burgués, el temor por el telegrama de despido, la apatía por la sucesión de frustraciones producto de seguir a dirigentes burgueses como Alfonsín y Ménem, y pequeño burgueses como Álvarez. La persistencia de la crisis económica y estas frustraciones, llevó a amplios sectores de nuestro pueblo a renegar de la democracia burguesa, pero no a suplantarla en su conciencia por la necesidad de una revolución social; sino que continuó moviéndose dentro de los marcos de las reivindicaciones democráticas. Pero su democratismo era un democratismo consecuente expresado en la consigna “que se vayan todos y que no quede ni uno solo”. De allí su importancia y su potencialidad. Para poder sintetizar el contenido de estas jornadas tuvimos la necesidad de crear una nueva categoría. Dijimos: fue un movimiento democrático en contra de la democracia burguesa. La izquierda, principalmente trotskysta, no comprendió esto y creyó estar a las puertas de una revolución socialista. Otros, como el PCR, inicialmente no le dieron toda la importancia que merecía. Estos errores contribuyeron a que el movimiento no desplegara toda su potencialidad”.

Desde esos días hasta el 26 de junio de 2002 el pueblo movilizado, y en particular los sectores nucleados en las organizaciones piqueteras y en las asambleas populares, mantuvieron la iniciativa política. La burguesía no encontraba la forma de encausar la situación dentro de los marcos institucionales. Recordemos que hasta políticos reformistas y burgueses mantenían una posición beligerante al promover elecciones en forma inmediata. Tuvieron que montar la provocación del 26 de junio en el puente Pueyrredón, en la que reprimieron y balearon a los manifestantes con el trágico saldo de dos muertos en las filas populares: Allí ofrendaron sus vidas, heroicamente, Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. No fue una circunstancia desgraciada ni casual, fue una acción pensada y planificada por el Gobierno de Duhalde, en connivencia con el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires encabezado por Solá. Este hecho modificó la situación política.

El objetivo de máxima del Gobierno Duhalde era desalojar al pueblo de las calles y canalizar la situación hacia una salida electoral totalmente controlada por el PJ. La inmediata, masiva y contundente respuesta a la contraofensiva derechista frenó en seco el intento de desalojar al pueblo de las calles del país1 pero no alcanzó, debido al declive posterior de las movilizaciones y a la división en las organizaciones piqueteras y asamblearias, a neutralizar el segundo objetivo que logró consumarlo.

La izquierda, tanto la reformista como la revolucionarista, que ya estaba profundamente confundida pensando, aunque con matices, que se encontraba ante un auge revolucionario por el socialismo, perdió completamente el rumbo al no aceptar los resultados de la maniobra burguesa. Ésta a partir del 26 de junio consolidó el control de la situación y delineó el terreno de la lucha de clases.

Era correcto exigir elecciones libres y democráticas antes del 26 porque hubiese permitido un gran avance de la organización y la conciencia de las masas. Hubiese permitido el surgimiento, con fuerza, de una nueva identidad política de masas. Pero aún en el nuevo contexto era correcto y necesario la presentación de candidaturas populares y de izquierda: teníamos el candidato que llegó a estar primero en las encuestas, miles de militantes y no militantes nos acercamos a Zamora para que encabezara un amplio espacio de unidad popular. Este renunció a ser candidato presidencial profundizando mucho más el retroceso logrado por la maniobra represiva de la burguesía. Las Asambleas Populares hubiesen encontrado como un objetivo natural discutir el programa de gobierno de ese enorme espacio popular y democrático.

Otro aspecto, y no menor, que se puede leer con claridad en toda la etapa abierta con el fin de la dictadura es que las masas repudian la violencia venga de dónde viniere. Durante el gobierno de Alfonsín las movilizaciones contra las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y otras marchas por los Derechos Humanos fueron tan masivas como las grandes concentraciones de la CGT. El detonante de las movilizaciones del 19 y 20 de diciembre de 2001 no fue el corralito, como a veces se indica, sino el discurso de De la Rúa anunciando el Estado de Sitio. Posteriormente fue muy evidente cómo la propaganda burguesa logró enfrentar a la población con los piqueteros, “causantes de la violencia”, inmediatamente después de los hechos del 26 de junio de 2002. Y cuando la mentira propagandística quedó al descubierto y la población comprendió que los causantes de la violencia y los asesinos estaban del lado de las fuerzas represivas, la opinión pública modificó inmediata y masivamente sus opiniones. En ambos casos repudiaban a los violentos, primero engañada, a los piqueteros, luego, al saber la verdad, a los represores.

La lucha por el poder.

Aquí me voy a permitir hacer un largo paréntesis para explicar lo que entiendo como la tarea central del movimiento revolucionario en esta etapa. Apelo para ello a la segunda parte de mi intervención en el acto del 23 de diciembre de 2003 en homenaje a los compañeros del Batallón General San Martín, del ERP, que libraron la Batalla de Monte Chingolo (en la primera se reivindicaba el intento de copamiento de batallón de arsenales y a los compañeros que allí lucharon heroicamente):

“Compañeros, ¿Yo les estoy proponiendo que vayamos a tomar un cuartel? ¿Yo les estoy proponiendo que es la hora de tomar las armas? No. Yo les estoy diciendo que es la hora de organizarnos, de prepararnos para reiniciar la lucha por el poder con la misma determinación que lo hicieron nuestros hermanos hace 28 años. Pero para lograr nuestros objetivos tenemos que ser millones, no alcanza con la bronca de algunos cientos o de varios miles.

Entonces, a todas las tareas de organización tenemos que agregarle una muy importante, aprender a disputarle la conciencia de los hombres y mujeres del pueblo a la burguesía, esa es la lucha fundamental en este momento. Hoy aquí somos trescientos compañeros, cada uno de nosotros debe acercarse a su vecino, a su compañero de trabajo o de estudio, a su amigo y convencerlo de lo que nosotros ya estamos convencidos, y para lograrlo tenemos que partir de su nivel de conciencia y no de nuestro estado de ánimo, porque nosotros ya estamos convencidos y si vamos con toda la bronca que tenemos por todas las injusticias quizás el compañero no nos comprenda y no nos acompañe. Entonces tenemos que aprender a ser maestros de nuestros compañeros, y para eso es bueno no olvidarse de cómo pensábamos nosotros antes de estar concientizados de la necesidad de la revolución. Así encontraremos la paciencia necesaria, las palabras adecuadas, las propuestas justas y mañana seremos miles y esos miles serán nuevos educadores de su pueblo para pasar a ser cientos de miles y, luego, millones. Nuestras propuestas, nuestras ideas deben lograr enderezar la voluntad del 75 o quizás del 80 % de la población detrás del objetivo revolucionario.

Nuestra lucha no debe ser sólo por objetivos aislados: un bolsón de comida, un plan trabajar, un puesto de trabajo, un salario justo, una salita y una calle de asfalto, o agua potable y cloacas para el barrio. Tenemos que pelear por eso y por mucho más. Pero además nos tenemos que preparar para ser poder, para saber y poder gobernar este país. Tenemos que prepararnos para dirigir la economía, la salud y la educación, para organizar al pueblo en su participación en una democracia directa, tenemos que aprender a defender ese poder conquistado. En síntesis, tenemos que prepararnos para sustituir el poder de la burguesía y el imperialismo por el poder del pueblo revolucionario.

La disputa de la conciencia de las masas es una lucha ideológica, pero en cierto punto comienza a ser una lucha política, es parte de la lucha política. Entonces tenemos que aprender a hacer política, de la buena, la nuestra, una política revolucionaria. En la izquierda argentina no sabemos hacer política, pasamos de la lucha reivindicativa a la lucha ideológica y nos salteamos, porque no sabemos y porque no tenemos fuerza suficiente, la lucha política.

Y, ¿qué es la lucha política2? Es saber valorar las relaciones de fuerza entre las clases enfrentadas y de acuerdo a esas relaciones de fuerza dirigir nuestras acciones para que después de cada una de ellas nuestras fuerzas sean mayores y las del enemigo de clase menores. Pero para hacer política es necesario tener fuerza, si no tenemos fuerza lo que hacemos es ideología, que está bien que la hagamos porque es parte de nuestra lucha, pero no alcanza. Es por esto que la política es lo que más nos cuesta aprender a las fuerzas revolucionarias porque para hacerla hay que tener fuerza, es como el problema del huevo y la gallina y en resolverlo radica, hoy, la sabiduría de los militantes revolucionarios, resolver este “misterio”, ¿cómo comenzar, con las pocas fuerzas que contamos, a hacer política revolucionaria?

Nuestros compañeros, a quiénes hoy estamos recordando, estaban aprendiendo a hacer política a disputarles espacios de poder a la burguesía. Eso también hemos perdido en estos años y tenemos que recuperarlo. Y la política no se hace siempre en el terreno que nosotros elijamos. El terreno de la lucha política, las más de las veces, lo elige el que tiene más poder, en este caso la burguesía, si no aceptamos esta parte de la verdad no aprenderemos a desarrollar la lucha política de la clase obrera y del pueblo. A veces podremos, con inteligencia y audacia, determinar el terreno de esa lucha, pero, repito, las más de las veces el más fuerte elige el terreno de la lucha, es por ello que las fuerzas revolucionarias deben desarrollar la astucia.

Nos han arrebatado la idea de que nosotros, el pueblo, los que trabajamos con nuestras manos, los que hacemos todos los bienes que se ven sobre la tierra, los que hemos sido empujados a la pobreza, a todos nosotros nos han arrebatado la idea de que tenemos derecho al disfrute de los avances de la técnica, a la idea de ser feliz en nuestra vida cotidiana. Compañeros, nosotros también tenemos derechos, nuestros chicos también tienen derecho a jugar en libertad, a tener algo más que un plato de comida, tenemos que soñar con un mundo en el que el pueblo alcance la felicidad colectiva y ese mundo hasta ahora se llamó un mundo socialista, un mundo constituido y construido por hombres y mujeres con una nueva consciencia solidaria y socialista. Ese mundo es por el que lucharon y murieron nuestros compañeros”.

Luego del Cordobazo, que posibilitó que las masas y las fuerzas populares tomaran la ofensiva política, la lucha armada se puso a la orden del día como la tarea central en la estrategia de poder revolucionaria. ¿Qué significaba esto? Que había que desarrollar todas las formas de lucha y las más variadas formas de organización pero que, en última instancia, la actividad rectora de la estrategia, la que permitía la síntesis de todas las demás era, sin lugar a dudas, la lucha armada revolucionaria con carácter ofensivo.

La izquierda reformista calificó sin fundamento alguno, por supuesto, a la lucha revolucionaria como foquismo, mesianismo, y a los militantes que la desarrollaban como pequeños burgueses desesperados, agentes del imperialismo, etc., etc.

Si hoy no está planteada la lucha armada revolucionaria con carácter ofensivo como en los 70, nos debemos preguntar: ¿En qué momento las fuerzas populares confrontan su proyecto con el de la burguesía? ¿Cuándo le dicen al pueblo cuál es su programa? Antes de contestarnos estas preguntas veamos por donde estamos avanzando.

Con un poco de humor.

Leímos a Lenin: de El Estado y la revolución aprendimos como se vale la clase dominante para dominarnos y explotarnos, de las enseñanzas de la revolución de 1905 que de las derrotas se sacan enseñanzas y no arrepentimientos, de la Guerra de Guerrillas que Lenin no se quedó en 1905 con sólo la insurrección, de El izquierdismo enfermedad infantil en el comunismo dedujimos que es la enfermedad que más aqueja a la izquierda argentina, más de allí también sacamos lo que es el reformismo. Del viejo Marx y de su amigo Engels las líneas generales de cómo salir de la explotación del hombre por el hombre, que el capitalismo tiene contradicciones y es por eso que allí debemos meter la estaca para hacer palanca.

De Mario Roberto aprendimos a jugar con la cabeza levantada para poder ver toda la cancha. Él nos dijo que con Lenin y Trotsky no se terminaban los revolucionarios, que debíamos aprender de Mao y su larga marcha; del bueno del Tío Ho que se puede combatir y escribir poesías; de Giap, el triunfador de Dien Bien Phu, a tomar cuarteles; del teórico de la revolución en épocas de reflujo Gramsci que en la mala también debe haber combate. De Antonio tenemos mucho que sacar ya que esta situación se parece, aunque es mucho más grave, a la que siguió a la derrota de la revolución en Europa. Que en Alemania había luchado y escrito Luxemburg, una polaquita “más grande que no se que”, que se llamaba Rosa y que Georg Lukács anduvo haciendo sus cosas en Hungría. Que aquí cerquita, en Perú, apareció un tal José Carlos En defensa del marxismo de apellido Mariátegui.

. A Fidel lo conocimos de primera mano, sabíamos que la barba le creció cuando andaba por la Sierra Maestra pero que antes habló a cara descubierta en un Hotel de Nueva York alertando a propios y enemigos que en el año 1956 serían libres o serían mártires. Allí no se tapó la cara porque violando las reglas de la clandestinidad nos estaba enseñando que primero es la política y luego es la conspiración; y en aparente contradicción el Subco Marcos se la tapó, para hacer política, porque los que la muestran por televisión lo hacen desde la hipocresía.

A esta altura del partido Simplicio, que se escapó de un libro de Galileo, nos pregunta ¿y el partido de cuadros?¿y el programa marxista-leninista? ¿y la bandera roja con la hoz y el martillo? El Che serio sale al ruedo y nos advierte: ojo con los ladrillos soviéticos y Fidel, cómplice, le guiña el otro y le comenta: la hicimos tan bien como Maradona, le quebramos la cintura a los yanquis y con el amague algunos todavía no se dieron cuenta que teníamos el partido pero no se lo contamos a nadie, simplemente lo hicimos en las montañas disfrazado de verde olivo.

Terminado el humor les queremos decir que los revolucionarios debemos abrir la cabeza todo lo que nos sea posible, aprender no sólo de los grande revolucionarios, también debemos conocer a los intelectuales del capitalismo por lo del viejo proverbio chino. Eso es lo que intentamos en todas las construcciones que estamos encarando. El partido revolucionario llegará antes o después, lo importante hoy es construir la identidad revolucionaria que creemos es el guevarismo.

¿Se puede construir una organización revolucionaria sin una situación revolucionaria?

Nuestro gran dilema, desde hace varios años, es: ¿cómo se construye una organización revolucionaria sin una situación revolucionaria? Estamos ensayando algunas respuestas:

El primer punto es reconocer que partimos de una extrema debilidad. En los 15 años anteriores a diciembre de 2001 realizamos varios intentos de reagrupamiento revolucionario, los cuales fracasaron. De allí sólo se mantuvo un núcleo de obreros. Con ellos recurrimos a nuestro mejor militante: Ernesto Guevara. Su pensamiento fue el más agudo del último medio siglo y su práctica lo convalidó. Nuestra línea de trabajo fue dirigirnos a la juventud, nuestra experiencia nos decía que, aunque dispersa, existía una numerosa juventud guevarista. Con un puñado de éstos jóvenes iniciamos en el segundo semestre de 2003 las clases de la Cátedra Ernesto Che Guevara. Durante más de ochenta encuentros estudiamos el pensamiento de Guevara y leímos a los clásicos del marxismo. Recorrimos las revoluciones en América Latina desde Tupac Amarú hasta la actualidad. Repasamos aspectos de la historia argentina. En el quinto año nos metimos con la historia del Partido Revolucionario de los Trabajadores y del Ejército Revolucionario del Pueblo que estamos concluyendo. Del nutrido grupo de “alumnos” fueron saliendo los militantes de la actual Juventud Guevarista fundada el 17 de agosto de 2004 en homenaje al Libertador José de San Martín. El núcleo obrero inicial se mantiene y forman el primer escalón de cuadros. Los compañeros que se han ido sumando provienen de diversas clases populares siendo en su mayoría estudiantes universitarios. Estamos orgullosos de que sean nuestros compañeros.

No quisimos recorrer el camino trillado de agruparnos en un partido de cuadros. Porque la mayoría de los esfuerzos recientes caen en la formalidad de ponerse un nombre, elegir un comité central y editar un periódico. Rechazamos el concepto de partido de cuadros porque somos leninistas. Lo que el revolucionario ruso definió en el artículo uno de los estatutos y luego construyó fue un partido de militantes. Intuimos que aquella denominación proviene del stalinismo, habría que investigarlo. También lo rechazamos porque nos huele a elitismo, para nosotros todos los militantes tienen un voto. ¿Quiere decir esto que estamos en contra de que los militantes se eleven al nivel de cuadros revolucionarios? De ninguna manera, son muy necesarios, los tenemos que formar. En esto no hay novedades, se deben formar en la lucha de clases, en particular de masas y en el marco de la organización revolucionaria. Como decía Gramsci son los capitanes del ejército revolucionario, pero el partido es y debe ser de todos los militantes. Por lo tanto, lo que aspiramos a construir es un partido de militantes pero, como interpretamos que no hay condiciones para ello lo ponemos como un objetivo, a mediano plazo.

La Juventud Guevarista

Estos razonamientos nos llevaron a definir a la Juventud Guevarista como una organización política de masas en varios sentidos. Entonces no es una organización de cuadros pero tampoco es una organización de militantes, para ser de la JG alcanza con querer serlo y adherir a lineamientos muy generales del guevarismo. Nos valemos para ello de la definición de guevarismo del cubano Fernando Martínez Heredia y un llamamiento A la juventud guevarista el que recorre a grandes trazos la historia argentina y evoca a la revolución cubana.

Pero hay una cuestión de honor: hay que ser buenas personas, honestas, trabajadoras o estudiosas o ambas cosas; alejadas de los vicios, de la corrupción, de las agachadas, del patoterismo, de las barras bravas. Aspiramos a ser la barra buena. ¿Puede ser de la JG alguien que no tenga trabajo o que no estudie? Por supuesto que sí, porque somos solidarios. No somos elitistas, creemos que todos podemos mejorar. Somos selectivos en el sentido de que no dejamos librado al azar la introducción de vicios que distraigan a los jóvenes de las preocupaciones políticas y revolucionarias.

Nos podrán preguntar ¿y los militantes? Les respondemos que nos queremos formar como militantes entregados de cuerpo y alma a las tareas de la militancia, pero en la JG pueden estar los que contribuyan con la cuota que cada uno tenga para dar.

Ha estado muy de moda la consigna de la organización horizontal. La rechazamos porque esa formulación ha encubierto el más exacerbado de los elitismos. Nosotros no somos horizontalistas, somos democráticos. ¿Quién elije a los dirigentes? Por ahora los selecciona las mismas tareas, pero nos está llegando el momento de elegirlos y así será. Un compañero/a un voto y quizás sea secreto (en los partidos de cuadros el voto era cantado lo que muchas veces significaba el control de la nomenclatura sobre la militancia), lo tenemos que discutir evaluando los pro y los contra de los distintos sistemas y formas de votación.

Llamativamente la JG se ha visto rodeada de varios artistas populares, algunos de ellos de incorporación plena, ellos han introducido la idea de organizar un frente de la cultura. Las actividades culturales y recreativas son de nuestro interés, las apoyamos e impulsamos. No renegamos porque la burguesía ha convertido al Che en una camiseta, la llenamos de contenido.

En los barrios populares estamos encontrando nueva presencia, usamos los medios de comunicación alternativos al servicio del pueblo y de la construcción política. Formamos nuestros propios equipos de comunicación y organización.

Los trabajos sociales con los más desprotegidos no nos son ajenos, allí encontramos extraordinarios compañeros con los que hemos transitado, por años, caminos paralelos, y muchos jóvenes guevaristas. Nos despiertan un hervidero de nuevas ideas y nos brindan una enorme potencialidad política.

En el debate de ideas tenemos claro que el primero y principal es con las ideas que siembran los capitalistas e imperialistas a través de sus medios de comunicación de masas. Los usamos pero no creemos que los podamos cooptar, construimos los nuestros: Además de los equipos radiales editamos la revista En la senda del Che, fundamos A formar filas, editora guevarista, y una Editorial formal. Son sólo un principio.

En la Universidad junto a los problemas económicos y académicos llevamos el mensaje de la política de los guevaristas, el debate teórico nos encuentra con sólidos principios. Estamos revolucionando los conceptos de la política universitaria. En los colegios secundarios los más jóvenes también dicen presente.

Desde el núcleo obrero hemos participado en el surgimiento y seguimos trabajando en las fábricas recuperadas y, por otro lado, estamos iniciando la construcción de una corriente sindical en el marco del Movimiento Intersindical Clasista. Para nosotros clasista no es sinónimo de socialista, sino mucho más amplio. Se es clasista cuando se reconoce perteneciente a una clase, diferenciada de la de los patrones o capitalistas, con intereses económicos y políticos propios. Apelamos al protagonismo de las bases y a la resolución democrática de los diferentes puntos de vista proletarios. Agustín Tosco y Leandro Fote son nuestros ejemplos. Leímos a Lenin cuando nos recomienda trabajar en los sindicatos reaccionarios, lo aplicamos, pero no hacemos un dogma de ello. Trabajamos donde están las masas.

Aspiramos a la progresiva fusión de nuestros pequeños grupos, el primero de ellos nos vincula sólidamente con el movimiento sindical y avanzamos hacia la unidad construyendo juntos en la base. No es fácil pero persistimos.

¿Cómo vamos conformando una identidad política de la cual el pueblo pueda sentirse parte?

La gran tarea de la Juventud Guevarista es el desarrollo en el pueblo de una identidad política de masas. Su carencia quizás haya sido el punto que faltó madurar en el movimiento revolucionario de los 70. No somos dogmáticos, aprendemos de la historia, pero no nos golpeamos el pecho por haber luchado, es lo mejor que tenemos. Pero la identidad de masas no es suficiente, debe ser revolucionaria. En la Alemania de los años 20 todos los obreros eran socialistas o comunistas y la revolución no triunfó.

Cuando los capitalistas quieren relegitimar su dominación llaman a las elecciones y como nos enseñó Marx, la ideología dominante en la sociedad es la ideología de la clase dominante, entonces ante su llamado el pueblo va y vota y antes habla de política más que nunca. En ese período los revolucionarios no podemos ni debemos estar ausentes, sería un contrasentido que no hablemos con el pueblo cuando el pueblo está dispuesto a hablar con nosotros. Nosotros lo hemos experimentado en las tres elecciones en las que participamos. Lenin enseña mucho sobre esto y Santucho también. El aprovechamiento revolucionario de la lucha electoral es la táctica que nos permitirá masificar nuestra política.

El tema más conflictivo, la lucha electoral.

Este es el tema más controvertido en la izquierda pretendidamente revolucionaria de nuestro país. Es por eso que nos vamos a extender en este punto. Primeramente recordaremos unas pocas citas de los clásicos en relación a la importancia de la participación de las fuerzas revolucionarias en los parlamentos burgueses.

En El izquierdismo enfermedad infantil en el comunismo, Lenin escribe: “Mientras no tengan fuerza para disolver el parlamento burgués y todas las otras institución reaccionarias, están obligados a actuar en el interior de dichas instituciones, precisamente porque hay todavía en ellas obreros embrutecidos por el clero y por la vida… De lo contrario, corren el riesgo de convertirse en simples charlatanes”. Más adelante afirma: “Los bolcheviques hemos actuado en los parlamentos más contrarrevolucionarios, y la experiencia ha demostrado que semejante participación ha sido, no sólo útil, sino necesaria para el partido del proletariado revolucionario, precisamente después de la primera revolución burguesa en Rusia (1905) para preparar la segunda revolución burguesa (febrero de 1917) y luego la revolución socialista (octubre de 1917). No nos queda más que pedirle a nuestros izquierdistas que no se ensañen con nosotros y tengan el coraje de discutir con Lenin.

No tenía palabras más moderadas para criticar a los izquierdistas Mario Roberto Santucho: “Rechazar en principio la elección y adoptar el boicot antes de que estén definidas las situaciones concretas es un punto de vista anarquista, ultra izquierdista, típicamente pequeño-burgués, que nuestro Partido en este momento está expuesto a sufrir”. Santucho le dice esto a quienes consideran en forma apresurada la táctica del boicot, imaginémonos lo que les diría ante la propuesta de la abstención pasiva. No nos extenderemos en estos argumentos ya que son para otras etapas políticas, de ofensiva general revolucionaria.

Nosotros tenemos muy claro que las elecciones periódicas son la principal arma de dominación de la clase dominante y la república parlamentaria la mejor envoltura de la dictadura de la burguesía. A través de ellas se re-legitiman sus representantes cada dos años. Si acordamos que es su principal arma de dominación no nos podemos hacer los desentendidos, no podemos ignorarlas. Tenemos que destruirla o, al menos, meterle un palo en la rueda. La actitud de muchos grupos pretendidamente revolucionarios se nos presenta como si ante un enemigo que nos dispara desde un nido de ametralladoras nosotros, en forma displicente, nos damos la vuelta. No vacilarán en matarnos por la espalda. Eso es lo que ocurre en nuestra realidad, y no es un simple juego simbólico sino que, luego de cada elección el movimiento de masas decae hasta que la realidad erosiona la confianza lograda por el recambio de sus representantes.

Como en toda actividad política revolucionaria lo importante es fijar en forma muy concreta los objetivos que nos proponemos:

En primer lugar nos permitirá llegar con nuestro mensaje a amplios sectores populares. Es el momento de expresar ante el pueblo cual es nuestra concepción de sociedad a la que aspiramos, mucho más ampliamente que en un conflicto económico o sectorial (antes hemos aclarado que hacemos propaganda todo el tiempo y no sólo en la elecciones). Además vemos que la simple denuncia de las iniquidades y atropellos del capitalismo muchas veces caen en el vacío por el mal uso que de ellas hacen los grupos de izquierda, ni que decir de algunas consignas de lucha3. Por nuestra experiencia en la base social podemos afirmar que a las masas le interesa escuchar y debatir sobre política y sobre qué pretendemos los revolucionarios si llegamos al gobierno (el tema de la toma del poder no es tratado en este trabajo, sólo estamos tratando de su construcción en este período histórico).

Nosotros tenemos trabajo en algunas ciudades, allí el juego electoral nos permitirá “peinar”, recorrer, conocer la realidad política de cada una de esas ciudades. Pero no la realidad superestructural, sino la realidad política en los barrios, en la base. Ese conocimiento nos ayudará a afinar nuestra política, bajarla de lo abstracto a lo concreto, de las generalidades a la acción de masas. Pero además “descubriremos” a muchos compañeros que están desilusionados o descreídos de los partidos burgueses, en primer lugar del peronismo, y con ellos comenzar a trabajar juntos. La existencia de estos compañeros la intuimos. Intuición fortalecida porque ya tenemos algunas muestras y con algunos de ellos estamos trabajando.

Por nuestra experiencia sabemos que el PJ se adueña de los lugares de votación, imprime un control policiaco sobre los votantes. Fiscalizar una elección no es un tema reformista, es una acción de feroz confrontación política, en el que los fiscales de una política revolucionaria se deben preparar para un combate en la primera línea de fuego del capitalismo. No es una arenga es la realidad, la hemos y la seguimos comprobando. Nos acordamos de Lenin cuando les dice a estas gentes, que se oponen a participar, que no saben de lo que están hablando. Una muestra reducida de ello es el caso de las recientes elecciones en la provincia de Córdoba, en la que el Frente Cívico y Social es sólo una variante no deseada, lo que nos permite imaginar el grado de confrontación que usaran contra fuerzas revolucionarias.

Nos podrán decir que justamente por esto no vale la pena. Enorme error. Ellos, los capitalistas, pelearán denodadamente porque saben mejor que nuestros izquierdistas que por allí pasa uno de los frentes de disputa de la conciencia de las masas. Tan es así que por nuestros estudios de las revoluciones en América latina podemos afirmar que todas las del siglo XX, están asociadas a una elección burguesa

Curiosa ideología la de algunos grupos de izquierda que se oponen a que el pueblo vote, cuando el sufragio universal ha sido una conquista de la izquierda. Curiosa ideología la de esta izquierda que vocifera clamando por la violencia cuando el pueblo la repudia y los burgueses son los que la utilizan. Los que violan la propia legalidad burguesa, impidiendo votar, son los burgueses. Los que violan sistemáticamente el discurso demagógico de la paz social y utilizan masivamente la violencia y el terrorismo contra el pueblo son los burgueses y los imperialistas. Nosotros estamos por la democracia y cuanto más profunda mejor y somos pacíficos, el pueblo es democrático y pacífico.

Curiosa ideología la de esa izquierda que clama por no votar y por la violencia. Más que socialistas parecen fascistas. ¡Cómo los va a querer el pueblo! Pero nosotros comprendemos que en realidad, estos compañeros, confunden el doctrinarismo con la política. Por la doctrina nosotros sabemos que la burguesía es insaciable, y que en su afán de ganancia no repara en medios para aumentarla. Entonces, enceguecida por el signo dólar, ante el peligro de no poder aumentarla, en las crisis, violan sistemáticamente su democracia y utilizan masivamente la violencia contra el pueblo. Es en ese momento cuando el pueblo toma conciencia que no le queda otro camino que armarse para resistir y es en esas coyunturas políticas en las que los revolucionarios nos ponemos al frente de esas tareas, para que además de resistir logremos vencer.

Se puede argumentar que la participación en la lucha electoral ejerce una presión reformista sobre la organización, sobre los militantes y sobre las masas. ¡Pues tienen razón! Pero, acaso, la lucha política revolucionaria es un paseo por un campo de rosas. También el reformismo argumentaba en los 60 y 70 que si entrabas a la lucha armada te podían herir, encarcelar o matar (desaparecer no se conocía). Era el riesgo de aquel momento, hoy el riesgo que se corre es caer en el reformismo. Ante esta dificultad tenemos que tener la misma actitud que los jóvenes de hace tres décadas y aceptar el desafío que nos impone la lucha de clases y prepararnos lo mejor posible para salir victoriosos.

En conclusión, si hoy las fuerzas revolucionarias no se preparan para ser una alternativa en el plano electoral están desertando de la lucha por el poder, se ubican en el terreno del reformismo verborrágicamente armado. No debemos prestar oídos a aquellos que en forma más que oportunista, durante 20 años ¡veinte años es mucho tiempo!, han justificado su existencia corriendo por izquierda, con mucho tiroteo de palabra y ninguna acción práctica, a los verdaderos revolucionarios.

Vamos a hacer una aclaración que ayude a disipar falsas y mal interesadas interpretaciones. Los que hacen demagogia con la lucha armada confunden a esta con la autodefensa de masas, en algunos casos por desconocimiento y en otros deliberadamente. La autodefensa de masas, al contrario que la lucha armada, no necesita para tener vigencia de una situación de auge y de la existencia de una dictadura militar para llevarla adelante sino que, debe hacerse, en principio, siempre. ¿Para que sirve la autodefensa de masas? Justamente para lo que su nombre indica. Hasta hace un año la represión se restringía a varias provincias y regiones de una provincia, en los últimos meses esa represión se ha extendido a todo el país de la mano del gobierno nacional. En todos los casos en que la clase dominante se muestre agresiva con las movilizaciones populares hay que responderles, con efectividad, en el terreno que ellos creen que es de su exclusividad. Pero lo que no debe ser la autodefensa es un discurso para esgrimir dialécticamente en una discusión, para melonear militantes. Por el contrario se debe organizar con todas las medidas de conspiratividad y también de efectividad para que, llegado el momento, actúe con eficacia.

En el año 1996 comenzamos la lucha contra la autocrítica, que era más un levantar la bandera blanca de rendición ante el enemigo de clase, un arrepentimiento y reconocimiento cristiano de la culpa que un verdadero balance. En un principio estábamos casi solos. Nos atacaron y nos calumniaron por reivindicar la lucha revolucionaria. Fuimos criticados incluso por muchos que ahora se subieron al carro del izquierdismo. Hoy consideramos que esa batalla la hemos ganado, hay varias expresiones de ello. Pero para alcanzar ese triunfo no estuvimos solos, encontramos como principal aliado a las masas con su Rebelión del 19 y 20 de diciembre de 2001. Comprobado esto, desde hace unos meses, pasamos a primer plano, en los debates teóricos, la lucha contra el izquierdismo, enfermedad infantil, producto del vaciamiento de la experiencia revolucionaria, pero también abonado por una concepción fundamentalista, en nuestro país, de raíz cristiana4, no marxista. Ahora también estamos casi solos, pero ya no en un sentido individual sino como organización política. La batalla será dura pero estamos preparados anímica y teóricamente. Nuestra tarea es sólo poner un mojón de conciencia entre las masas a donde volcamos nuestro esfuerzo. El verdadero triunfo de las posiciones revolucionarias lo alcanzaremos cuando nuestro pueblo y en particular la clase obrera re-tome el papel de vanguardia en la lucha contra la explotación capitalista y contra la dominación imperialista.

Con nuestra clase y nuestro pueblo. Con los nombres y las enseñanzas de nuestros dirigentes como bandera: Santucho y el Negrito. Tosco y Fote. Pujals, Gorriarán, Bonet y Germán. Urteaga, Menna. Ledesma, Carrizo y Castello. Con los Héroes de Trelew y Los chicos de la noche de los lápices. Con las nuevas legiones de militantes revolucionarios le rendimos nuestro apasionado informe al Comandante de la revolución latinoamericana: antiimperialista y socialista, Ernesto Che Guevara. Y le mandamos un abrazo a la fuente de nuestra inspiración, el eterno Fidel.

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