Raymundo Gleyzer y el Cine de la Base

Nota publicada en: En La Senda Del Che (Revista de la Juventud Guevarista) Nº 2 junio/julio 2007

 Como documentalista, encontró en el cine el medio ideal para comunicar sus ideas y denunciar las atrocidades del régimen capitalista. Convencido de poner el cine al servicio de los trabajadores y de usar la cámara como una herramienta de combate y reivindicación de las luchas obreras.

 Nacido en Buenos Aires en 1941, Raymundo Gleyzer comenzó a dirigir a principio de los ‘60. Pasó quince años dirigiendo en condiciones de riesgo, filmando y exhibiendo clandestinamente, a resguardo de la persecución ideológica y hasta de la Triple A.
Las primeras películas de Gleyzer abordaban los conflictos campesinos y obreros con la profunda empatía que caracterizaría todos sus trabajos. Como puede verse en La tierra quema (1964, nordeste brasileño) y Ocurrido en Hualfin (1965, Catamarca) con la colaboración del documentalista Jorge Prelorán.

 Su habilidad como periodista, director y camarógrafo lleva a Gleyzer a incursionar en los formatos televisivos tradicionales para intentar sacudirlos un poco. Así llega a Telenoche, donde es enviado como corresponsal a las Malvinas, logrando capturar imágenes de manera clandestina, con las cuales se realizó el corto Nuestras Islas Malvinas de 1966.
Siguiendo camino por Latinoamérica, en 1971, con su compañera Juana Sapire, filma: México, la Revolución congelada donde denuncia la traición de los gobiernos a tan heroica gesta, film también censurado en la Argentina dictatorial. En correspondencia con su desarrollo político, filma con el PRT el corto Swift, Ni olvido ni perdón, (sobre el fusilamiento a los presos políticos en Trelew), Los Traidores (denunciando a la burocracia sindical peronista) y Me matan si no trabajo y si trabajo me matan, todas estas, realizaciones de denuncia, de propaganda, de agitación, pero fundamentalmente de construcción revolucionaria. Porque Raymundo revolucionó los métodos, no sólo las temáticas. Participaban los trabajadores mismos en sus obras, hacían su cine, un cine acorde al desarrollo del movimiento obrero de la época, clasista, de combate, socialista, un cine de la base, como se llamó su grupo de trabajo. Cine de la Base es proyectado para llevar el cine a los barrios, a las fábricas, acompañando las inquietudes, los debates presentes en el pueblo.
 Tenían un objetivo ambicioso: crear 50 salas en todo el país para llegar al obrero, que era el protagonista y espectador de las imágenes que capturaba Gleyzer, porque entendía que era en el público donde se completaba la película, donde se realizaba. Poco a poco los locales de Cine de la Base debieron cerrar, la represión crecía en la Argentina de las tres A, y es el 27 de mayo de 1976, cuando un “grupo de tareas” busca callar a Raymundo, llevándolo al centro clandestino de detención El Vesubio.

Los revolucionarios nunca mueren

 La obra de Gleyzer había sido silenciada y confinada al exilio, hasta que en el año 2002 sale a la luz Raymundo, una película de los realizadores Ernesto Ardito y Virna Molina, en la cual reconstruyen minuciosa y conmovedoramente la obra y militancia
de Gleyzer hasta sus últimos días. Raymundo Gleyzer fue el más arriesgado y más comprometido de una generación de cineastas que intentaban mostrar los grandes conflictos y desigualdades de la Argentina y de Latinoamérica.
Conocer su obra y reivindicar su militancia es la manera de adoptar su legado, para entender al arte como herramienta transformadora.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: