Soberanía Alimentaría

¿Que significa Soberanía alimentaría?

Es el derecho que tenemos todos de acceder a una alimentación sana y variada. Es el derecho de los campesinos de definir que alimentos producir y las formas de hacerlo.

Una alimentación sana, quiere decir, una producción de alimentos sin el uso de agroquímicos. Estos son sustancias químicas muy toxicas, que causan daño a la salud de las personas que los aplican en los cultivos, daños en la salud de la gente que consume estos alimentos así producidos y daños al medio ambiente. ¿Porque? Por qué son sustancias que pueden resistir a la degradación, que se acumulan en las cadenas alimenticias y que son transportados a grandes distancias por el viento y el agua, contaminando así el aire, los ríos, arroyos, esteros, pozos y napas de agua.

Que sea una alimentación variada, tiene relación con una producción que va en contra del actual modelo agrícola, que propone, entre otras cosas, el monocultivo de soja en grandes extensiones, acompañado sólo con la siembra de trigo y maíz. Esto desplaza la siembra de otros cultivos, muchas veces especies locales o regionales, como el caso del Algodón en Chaco y Santiago del estero y la caña de azúcar en Tucumán. A su vez produce el desplazamiento de otras actividades como la lechería, la producción de carne, los frutales, las hortalizas, el tabaco y la yerba mate. (Entre 1998 y el 2005 los cultivos regionales perdieron casi 2 millones de hectareas, estos fueron reemplazados por la soja- Diario, Pagina 12)

Hay estimaciones que dicen que alrededor de 13.000 especies de plantas han sido usadas como alimento por los seres humanos a través de la historia. La oca, el apinchu, el ullucu, mashua, aracacha – todas raíces – que junto a más de 700 variedades de papa y leguminosas como los porotos (pallar, purutu, tarui, chuy) contribuyeron a una dieta mejorada. Esto es sólo una muestra de una rica y amplia biodiversidad – no sólo agroambiental, sino sociocultural – que permitió el desarrollo de nuestros pueblos meso y sudamericanos.

Han sido las agriculturas campesinas y familiares las que han garantizado la alimentación de sus comunidades durante siglos. Son los agricultores, campesinos y familiares, quienes con su esfuerzo y dedicación han realizado un proceso de domesticación de las especies, a través de la producción, la selección, el almacenamiento y el intercambio de las distintas semillas.

A este proceso de domesticación práctica, se suma el de la ciencia del mejoramiento vegetal, que produjó un incremento importante en la productividad de los cultivos, pero por otra parte, no pudo aportar una solución a la creciente crisis por el acceso a los alimentos.

Por un lado se redujo de manera importante la variedad alimenticia. Sólo alrededor de 200 plantas se han domesticado como cultivos con fines comestibles. Esta tendencia nos ha llevado a la presente situación en la cual sólo alrededor de 20 especies, son de importancia económica mayor y constituyen la base de la alimentación mundial. Así se reduce y uniformiza cada vez más la producción de alimentos básicos de consumo popular.

Por otra parte, este mejoramiento produjo toda una serie de restricciones a los agricultores en el acceso a las semillas. Es imposible hacer agricultura sin semillas. Y las grandes corporaciones lo entendieron perfectamente. Inventaron entonces la propiedad intelectual sobre las formas de vida. Con la llegada de las semillas híbridas (son la primera generación descendiente de dos líneas parentales distintas dentro de una misma especie. Si se vuelven a sembrar dan plantas y rendimientos desuniformes, no conservan así las características de sus padres) y transgénicas (semilla modificada genéticamente, por medio de la inclusión de un pedazo de ADN de una célula a otra. Por ejemplo, introducir el gen de una bacteria a una planta de maíz), los agricultores ya no pueden guardar, seleccionar, almacenar e intercambiarlas, ahora deben comprar la semilla todos los años, para asegurar su cosecha y alimentación. El acto de cuidar, reproducir y compartir las semillas ha pasado a ser un delito.

Las semillas transgénicas han sido desarrolladas por compañías de alta tecnología, cuyo poder se concentra en poco menos que cinco corporaciones. Sólo tres transnacionales (Monsanto, Dupont y Syngenta) manejan un 44% del mercado mundial de semillas patentadas.  Este sistema de patentamiento les asegura beneficios extraordinarios. Además las compañías han logrado crear una tecnología que permitiese controlar de forma absoluta la producción y el abastecimiento de semillas: esta es la tecnología Terminator. Es básicamente un mecanismo suicida genéticamente. Como resultado, quien intenta resembrar estas semillas, encontrará que las mismas se autodestruyen (no germinan, germinan mal o no fotosintetizan), y por tanto, no habrá ni cosecha ni alimento posible. Desde este punto, “Las corporaciones transnacionales vinculadas a la producción agropecuaria y la salud, han concentrado un enorme poder”, Bayer es una de ellas.

Reconocer que la alimentación es un derecho humano fundamental. El problema de acceso a los alimentos fue encubierto por el modelo de la revolución verde que surgió difundiendo la idea de que aumentando la producción de alimentos, con un alto uso de plaguicidas, fertilizantes, semillas híbridas y transgénicas, se resolvería el problema del hambre en el mundo. Hoy, 40 años después, vemos que no se ha resuelto el problema del hambre, sino que se mantiene y se agrava notablemente. Este es un problema de distribución de los alimentos en la población mundial, actualmente hay 1.200 millones de personas desnutridas, con dietas que no cumplen el mínimo necesario de calorías y otras tantas sobrealimentadas, con problemas de obesidad. Y peor aún a causa del actual modelo agrícola se han generado una serie de problemas sociales, ecológicos y económicos.

Existe una relación directa entre el modelo productivo implantado y las consecuencias que provoca: Agricultores sin tierra, suelos desbastados y bosques arrasados.

Eduardo Galeano dice “las antiguas voces todavía nos dicen que somos hijos de la tierra, y que la madre tierra no se vende ni se alquila…” haciendo referencia a que el derecho a la tierra y los alimentos que allí se producen, es de todos.

Movimiento de Solidaridad con el Mo.Ca.S.E.

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