Santucho tenía pie plano

santucho61

En la noche del 7 de diciembre de 1970, en el Madison Square Garden de Nueva York, al promediar el noveno round de la pelea, Ringo Bonavena lo tuvo groggy al boxeador más grande de todos los tiempos: Muhammad Alí. En el último round, sabiéndose vencido, salió a jugarse como lo hacen los héroes de leyendas épicas y después de tres caídas se consumó su derrota, la más dolorosa de la historia del boxeo argentino. Terminada la pelea nadie se puso a recriminarle que había perdido porque era medio gordito, porque no tenía cintura o porque tenía pie plano. Al contrario: los aficionados argentinos lo amaron más que nunca y comprendieron que si había llegado tan alto había sido porque Bonavena también era un grande.


No ha tenido el mismo reconocimiento de varios de sus “aficionados” Mario Roberto Santucho. Después de su caída en combate, de la derrota de su Partido y del intento revolucionario, se ha insistido en “sus errores y limitaciones”. Por el contrario, nosotros pensamos que Santucho fue el revolucionario que, a lo largo de nuestra historia, puso a la burguesía contra las cuerdas y la tuvo groggy, y si llegó hasta allí fue por sus virtudes y no porque tenía “pie plano”. De allí que lo más constructivo sea no andar hurgando tanto en sus defectos sino en desplegar las virtudes que lo hicieron el más grande revolucionario argentino y uno de los más destacados de América Latina. Es por eso que hoy voy a escribir sobre una de sus virtudes.

Entre los militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores se le daba mucha importancia al hecho de ser un compañero humilde, lo cual es una virtud, pero a veces se caía en los aspectos formales de ella. En este sentido se decía que Santucho era humilde porque, por ejemplo, en las reuniones se sentaba en un rincón, no hablaba, o hablaba poco, cebaba mate y pasaba inadvertido. O se decía que era humilde porque llegaba a una casa y cocinaba o barría el lugar de la reunión y situaciones similares. Yo creo que, sin desmentir ni dejar de valorar estos hechos, la humildad o no de un dirigente de la talla de Santucho se debería medir por otras actitudes, ya que cualquier buena persona haría estas cosas.


Hace unos años le conté a Ana María, su hija mayor, la circunstancia en la que conocí a su padre. Fue en diciembre de 1972, Santucho recién había regresado de Cuba, luego de la fuga de Rawson. En una casa que me habían prestado funcionaba una escuela de formación política cuyos alumnos eran militantes del Partido Obrero Revolucionario (de Bolivia) y, debido a que se habían manifestado algunas indisciplinas, me avisaron que un dirigente partidario iría a hablar con ellos. El día estipulado llegaron a la casa, en las afueras de La Plata, dos compañeros. Uno, el dirigente que yo no conocía ni sabría quién era hasta tiempo después, entró a la casa, y el otro se quedó conmigo bajo unos eucaliptos. Pensando que el que venía con el dirigente sabría acerca de una cuestión teórica, le pregunté por qué Lenin caracterizaba a la Argentina como un país formalmente independiente pero que, desde el punto de vista económico, era una colonia comercial inglesa, mientras que el PRT caracterizaba a la Argentina como una semi-colonia. El compañero me dijo que él no sabía, pero que se lo preguntara al que había entrado a la casa, que seguramente tendría la respuesta. Cuando éste salió, repetí la pregunta a lo que inmediatamente me contestó que: la caracterización de Lenin correspondía a una etapa anterior a la crisis económica mundial iniciada en 1929, y que a partir de esa fecha el grado de nuestra dependencia del imperialismo había aumentado. Luego comencé a decir que tenía una actividad en otro lugar… Me interrumpió y me dijo: “Usted, compañero, se queda acá.” Le dije a Ana María que para mí su padre no era un compañero anónimo que cebaba mate sino que, por éste y otros hechos, se mostraba como un jefe. El rostro de su hija se iluminó. No le gustaba la versión oficial sobre la humildad se su padre.


Hace poco Anita Badosa, una compañera de HIJOS, en el marco de una entrevista, me preguntó: entonces, ¿por qué era humilde Santucho? Después de pensar bastante y transpirar un poco comencé a contestarle:


Desde la fundación del PRT, e incluso desde antes, en la época del Frente Único entre el FRIP y Palabra Obrera, la corriente liderada por Santucho fue minoritaria con respecto a la liderada por Nahuel Moreno. Esto fue así hasta la reunión del Comité Central del Partido en enero de 1968, cuando Santucho ganó la mayoría. En esos casi cuatro años Santucho acató y se disciplinó a la mayoría, y no se le ocurrió dividir al PRT. En cambio Moreno, al primer traspié, abandonó la reunión del Comité Central y al Partido provocando su primera división.


Cuando poco después de la fundación del ERP, en julio de 1970, comenzaron a llevarse a cabo acciones militares masivas, una de las más habituales era desarmar policías. Como en varios desarmes hubo policías que se resistieron, y ante esa situación Santucho explicaba que ello se debía a que no se apretaba con suficiente energía y convicción. Pero no se quedó sólo con la explicación, sino que recorrió el país acompañando a los distintos equipos militares enseñando a sus compañeros a realizar desarmes.


En su libro Todo o nada la periodista María Seoane reprodujo acríticamente la opinión del militante peronista José Carlos Ramos. Éste cuenta que, en su casa de Córdoba, entre Carlos Olmedo, también peronista, líder de las FAR, y Santucho, “se daban los debates políticos más serios y cultos que presencié en mi vida… y Olmedo siempre lo aventajaba”. Y luego agrega que ambos “se respetaban profundamente”.


Quizás uno de los puntos más sublimes de la lucha revolucionaria se expresó el 22 de agosto de 1972 con la fuga del Penal de Rawson por parte de los militantes de tres organizaciones revolucionarias. Este hecho se constituyó en el máximo símbolo de la unidad de los revolucionarios. Ellos, fieles a ese espíritu, nunca se atribuyeron liderazgos personales más allá del comando unificado formado por seis compañeros. Muchos años después, en diferentes trabajos, trascendió que tal o cual había sido el jefe. Santucho nunca había dicho nada, Osatinsky tampoco.


El domingo 14 de abril de 1974, sobre el final de las deliberaciones del II Congreso del Movimiento Sindical de Base, liderado por el PRT, en el que se había formado una Mesa Directiva integrada por quince miembros (doce del PRT y tres aliados), representantes de cuatro pequeñas agrupaciones propusieron que se ampliara la Mesa a dieciséis para poder incorporar a un compañero que los representara. Se llevó la propuesta a votación y los militantes del PRT, que éramos la inmensa mayoría, fuimos instruidos por nuestros dirigentes para votar en contra de ampliar la Mesa dejando sin representación a esas cuatro fuerzas aliadas. Santucho, al enterarse, realizó una dura crítica a los responsables ya que consideró que se había actuado con extremo sectarismo, y explicó que se debió proceder con gran amplitud con los aliados y como ejemplo de esa amplitud dijo que se debería haber formado una Mesa con sólo tres militantes del PRT y dejar los otros doce lugares para los aliados.


Después de las grandes movilizaciones obreras de junio y julio de 1975, que voltearon a López Rega y a su camarilla del gobierno presidido por Isabel Perón, se realizó la reunión más numerosa de toda la historia partidaria: la sesión plenaria del Comité Central ampliado del PRT, que sustituyó al VI Congreso. Allí, alrededor de sesenta compañeros debatíamos la línea política y las tareas prácticas ante una eventual apertura democrática producto de la debilidad en que había quedado el gobierno. Luego de un descanso, al reiniciar la sesión, el destacado dirigente obrero de Villa Constitución Luis Segovia –cuya figura parecía escapada de un cuadro de Carpani- que co-presidía la reunión, dijo ante el asombro de todos los presentes:
“Recién, mientras estaba en el baño, pensaba que nosotros tenemos la suerte de tener un dirigente que tiene la inteligencia de Lenin, la humildad de Ho Chi Min y la garra del Che.” Como es de imaginar, se produjo un expectante silencio. Yo pensaba: ¿cómo hace este hombre ahora para salir de semejante aprieto?, ya que era imposible no hacerse cargo de esas palabras. Santucho dijo: “Agradezco esos elogios que no creo merecer pero que, de todas maneras, reflejan la cohesión del Partido en torno a su dirección.” Dejo librado al lector la valoración de la respuesta. Yo, en el momento, quedé conforme.


Pero quizás el hecho más elocuente de esa cualidad de Santucho se expresó en el proceso de unidad con Montoneros y la Organización Comunista Poder Obrero. A principios de julio de 1976 el Comité Ejecutivo del PRT resolvió que Santucho debía salir del país para preservar su vida. Pero como quedaba pendiente la concreción de ese proceso de unidad, Santucho postergó una semana su partida para estar presente el 19 de julio día establecido para firmar el documento unitario. El había dicho que esa unidad era de un “positivismo difícil de exagerar” por lo que se debían hacer todas las concesiones necesarias para lograrla. Sólo se debían garantizar tres ejes fundamentales: Avanzar hacia un único partido revolucionario, un único ejército popular y un frente de liberación nacional y social. Ejemplificaba diciendo que Montoneros impulsaba una CGT en la resistencia y nosotros no estábamos de acuerdo, pero que eso no debía ser un impedimento. La reunión se suspendió por problemas de seguridad y pocas horas antes de partir Santucho murió combatiendo. Fue así un héroe de la revolución y también un mártir de la unidad de los revolucionarios.


Una vez muerto Santucho, la dictadura contrarrevolucionaria del 76, más que demonizarlo, además de hacer desaparecer su cuerpo, hizo desaparecer su nombre. Tenía experiencia: no podía permitir que se trasformara en otro Che Guevara.


Finalizada la dictadura muchos se han dedicado a oscurecer su memoria, cosa que no se ha hecho con ningún otro jefe revolucionario muerto. En el caso más reciente observamos que en el marco de muchos errores y tergiversaciones, en el libro Monte Chingolo. La mayor batalla de la guerrilla argentina, tomando como base tres hechos reales que comprometían el resultado exitoso del asalto al Batallón de Monte Chingolo se construye un Santucho “obcecado, desesperado y militarista”. Esta construcción no se asienta en hechos reales sino en la ideología de los derrotados, quienes deben encontrar al gran culpable de las pérdidas, de los desaparecidos y de los muertos. Mientras que Santucho, tenaz y humilde, en julio de 1976, cuando las fuerzas revolucionarias, y las del PRT-ERP en particular, habían sido puestas a la defensiva y todos los días caían o desaparecían muchos y valiosos compañeros, dando muestras de una inquebrantable voluntad de lucha, después de reordenar la táctica partidaria, pocos días antes de su muerte escribió: “En la guerra de nuestra primera independencia los ejércitos patrios intentaron avanzar dos veces por Bolivia hacia Perú, hasta descubrir el triunfal camino de Chile; Bolívar a su vez fue cuatro veces vencido en Venezuela y cuatro veces se exilió, hasta encontrar en su quinto intento el camino de la victoria definitiva… Y en este momento de reflujo de las masas, las fuerzas revolucionarias podrán analizar serenamente las experiencias, ‘hacer un alto en el camino’, reagrupar, reorganizar y consolidar el potencial revolucionario para estar en condiciones de aportar vigorosa y organizadamente para la máxima extensión y potencia del próximo auge obrero-popular… que nos conduce a la tan ansiada liberación nacional y social de nuestra patria y de nuestro pueblo.”


Desde aquel oscuro 19 de julio Mario Roberto Santucho, con paciencia santiagueña, ha estado esperando durante veinticinco años que la juventud rebelde se acercara a sus ideas expuestas en centenares de escritos que tercamente nos recuerdan que fue el más grande de su clase, que puso esa grandeza para luchar por un mundo mejor al que la utopía y la ciencia siguen llamando socialista. Santucho aún no lo ha dicho todo. Y hace cinco años, cuando el pueblo de Buenos Aires se rebeló, en diciembre de 2001, el Comandante retomó la palabra.

Daniel De Santis

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: