Sobre la Res Pública [1]

“…la república pareció ser una cosa natural. Cada partido la interpretó a su manera. Arrancada por el proletariado con las armas en la mano, éste le imprimió su sello y la proclamó como una república social.”

Karl Marx, El 18 Brumario de Luís Bonaparte

Desde 1792 el concepto de república ha tomado forma para buena parte de la población del mundo. Dejó de ser una alocada idea de algunos filósofos charlatanes, como los llamaban sus contrarios, para convertirse en la manera en que se organizaría buena parte de las naciones del mundo. Y si pensamos en la república, la democracia surge como una cualidad principal. De todos modos, es necesario aclarar, que la idea de república se refiere fundamentalmente a la “representación”, es decir a la existencia de un grupo de personas que por sus cualidades especiales representan al conjunto de la sociedad, y por otro lado, la idea de democracia alude a que estos representantes sean elegidos por la mayoría. Esto explica que haya monarquías que se consideran democracias y repúblicas que se consideran autoritarias.

Los procesos políticos que desarrollan los pueblos van moldeando las ideas, y la idea de república, saliendo de su inicial estrechez, se fue mezclando con la de democracia. Por ejemplo: a mediados del siglo XIX, con la segunda república, los obreros de París, que habían sido fundamentales para derrocar al rey, toman la ciudad para exigir el cumplimiento de las tres consignas, no solo libertad e igualdad, como estaban haciendo los nuevos gobernantes, dueños de fábricas y negociantes, sino también la fraternidad, la república social. Los obreros no se contentaban con votar regularmente y tener representantes, además querían que resolvieran sus problemas de hambre y desocupación.

Otro concepto que tenemos incorporado y que comparte raíces con los dos anteriores es el de ciudadanía. Ciudadana es la persona que tiene derechos políticos, o sea que elige y puede ser elegida para ejercer el poder delegado por la sociedad. Grandes luchas y debates se dieron y se dan para determinar quiénes son ciudadanos y cuál es el grado en que se delega el poder a los representantes. Los teóricos liberales de la república y la democracia nos hablan de que el interés general, el bien común y la felicidad del pueblo están garantizados por el “pacto social”, pero en realidad es la justificación de un sistema que permite la dominación de una minoría sobre la mayoría.

Ya nos enseñó Marx que la sociedad está dividida en clases sociales que tienen intereses diferentes. Entonces el contrato social, que supuestamente, es celebrado por el conjunto de los ciudadanos para constituir la nación y el estado, es en realidad un mito sobre la creación de la sociedad burguesa.

En realidad las fracciones de la clase dominante, la burguesía, acuerdan la creación de instituciones que garanticen la dominación política sobre el conjunto de la sociedad. Se constituye una forma de estado, o sea, la utilización de la fuerza física, la administración pública, la educación, la prensa, la religión, el mercado, etc. Surgen con el tiempo toda una serie de instituciones que buscan resolver los conflictos sociales de manera que no se cuestione el sistema en sí, y sobre todo que estas soluciones no necesiten del uso de la fuerza, pero en el caso de que sea necesario utilizarla cuente con el consenso mayoritario de la población. La creación de consenso es esencial para garantizar la dominación; ya que el uso abierto de la violencia hace más visible el carácter injusto del sistema.

Sin embargo el sistema no es perfecto, nunca puede anularse indefinidamente la lucha de clases ni la capacidad de las fuerzas sociales de cambiar la realidad. Las instituciones de la república burguesa están atravesadas por la pugna entre las clases y las fracciones de clases. Sumado a esto, el sistema económico que resguarda, el capitalismo, entra en crisis recurrentemente. Tampoco hay que creer que caerá inevitablemente por su propio peso, nada de eso, simplemente se pretende decir que la lucha política es constitutiva del sistema e imprescindible para cambiarlo.

Ahora bien, la Argentina ha logrado consolidar su sistema democrático liberal, tanto es así que en 2001 en medio de una profunda crisis económica, social y política, las clases dominantes no cuestionaron el sistema, se respetaron los procedimientos constitucionales y el parlamento ofició de elector del “piloto de tormentas” como gustaba llamarse Duhalde.

Por su parte el pueblo fue más allá y cuestionó la forma liberal de la democracia. Como dice Daniel De Santis: “…llevó a amplios sectores de nuestro pueblo a renegar de la democracia burguesa, pero no a suplantarla en su conciencia por la necesidad de una revolución social; sino que continuó moviéndose dentro de los marcos de las reivindicaciones democráticas. Pero su democratismo era un democratismo consecuente expresado en la consigna “que se vayan todos y que no quede ni uno solo”. De allí su importancia y su potencialidad. Para poder sintetizar el contenido de estas jornadas tuvimos la necesidad de crear una nueva categoría. Dijimos: fue un movimiento democrático en contra de la democracia burguesa.”[1]

Desaprovechada esta oportunidad por la izquierda a la hora de construir una alternativa política que planteara la superación de las formas burguesas de representación, que le diera a la sociedad una alternativa palpable de democracia popular que eliminara el clientelismo, que reformulase la ciudadanía: en definitiva, que partiendo del cuestionamiento democrático abriese un camino, un tránsito, hacia una nueva institucionalidad, la cual promueva el autogobierno de masas, como base del poder popular.

Se nos hace imprescindible entonces desarrollar esta tarea política. Los revolucionarios tenemos que asumir la difícil tarea de construir poder popular, con el debate, la participación y la movilización de amplios sectores. Generar proyectos que nos muestren preparados para gobernar y por medio de los cuales se generen espacios reales de auto-gobierno. Así como los trabajadores son potencialmente capaces de autogestionar sus fábricas, los vecinos lo son de ordenar sus barrios.

Tenemos que explicar que los problemas estructurales tienen solución disputándole el poder real a la burguesía y que tenemos un proyecto político para hacerlo.

No se trata de confiar en que desde los parlamentos podemos hacer las reformas que cambien de raíz al sistema, terminen con la alienación del hombre y la ley del valor. Estamos concientes que para eso se necesita una revolución socialista que se extienda a escala mundial. Los socialistas, no debemos desentendernos del funcionamiento de las instituciones burguesas mientras éstas tengan vigencia para las masas populares, sino mantenernos ante ellas concientes de que no se trata de formas eternas ni inmodificables, en un estado de participación crítica.

Justamente por eso es que analizamos la realidad y vemos que en las condiciones actuales debemos usar a favor de nuestro proyecto político la legitimidad que tienen las ideas democráticas. Desarrollar las tareas democráticas al interior de las instituciones burguesas, no es la primera ni la más importante, sino una trinchera más desde de la cual debemos combatir la vacía democracia representativa.

No podemos descuidar nuestras construcciones por fuera de las instituciones burguesas, al contrario queremos que se potencien ambas construcciones.

Partiendo de nuestra experiencia particular, en la ciudad de La Plata, el 28 de octubre último, hemos visto que gran parte del pueblo valora positivamente a las elecciones y de que éste es un momento de debate político que vive la sociedad. Ya que en los últimos comicios pese a la incomodidad de hacer largas colas que podían durar varias horas y aún sabiendo que en la práctica no hay ninguna penalidad por no votar, la votación no cerró, en algunas escuelas, hasta bien entrada la noche. Esto nos llamó particularmente la atención, teniendo en cuenta que los medios masivos de comunicación anunciaban un masivo desinterés y apatía generalizada. Incluso el mismo domingo 28 varios canales de televisión parecían querer desalentar la participación electoral por la forma en que abordaban su cobertura del proceso eleccionario.

Quizás solo haya sido una mala impresión, pero podríamos preguntarnos, si en realidad a la clase dominante, a alguna de sus fracciones, o a sus mediaciones políticas, no le conviene generar esta apatía electoral. No tenemos argumentos sólidos al respecto, simplemente nos parece interesante pensarlo y estar alerta, sobre todo si se empieza con la tan anunciada reforma política.

También pudimos ver que hubo en una parte importante del electorado un voto bastante meditado que se expresó en los cortes de boleta. Esto se veía en las colas al evaluar el tiempo que pasaban los votantes en el cuarto oscuro, y produjo que en La Plata, la Coalición Cívica ganara los cargos de presidente y senadores provinciales, el Frente Para la Victoria gobernador y diputados nacionales, y finalmente el Frente Renovador Platense a intendente.

Un aspecto, del que sí podemos hablar con mayor seguridad[2], es el nivel de abstencionismo, o sea la cantidad de gente que pudiendo ir a votar, no lo hizo. Al respecto queremos aclarar que nos resulta muy difícil trasladar a la realidad este número, ya que no sabemos cuantas personas que aparecen en el padrón están en condiciones de ir a votar realmente (muerte, enfermedad, edad, viaje, etc), y a la vez los que realmente decidieron no ir a votar, es muy difícil saber su motivación.

De cualquier manera, el medio de abstencionismo en los ’90 en la provincia de Buenos Aires fue del 16,74% del padrón, llegando a su máximo histórico en 2001 con 22,93%. En 2007 sigue siendo superior a la media de los ’90 con 20,95%. Luego de analizar la serie histórica no nos parece un buen indicador para ver el nivel de aceptación por parte de la sociedad de las instituciones democráticas, ya que el aumento de 6,19% en 2001 no parece dar cuenta de la gravedad de la crisis, que analizáramos anteriormente. Tampoco nos parece que la baja del 3,43% en el nivel de abstencionismo que se dio entre 2001 y 2003, de cuenta del grado de recomposición del sistema de dominación.

Otro dato que nos parece interesante para analizar es el llamado “voto bronca” , o sea la suma de votos en blanco y anulados, si bien no lo desarrollaremos aquí una hipótesis para abordar estos datos puede ser que aumenta en relación a la falta de alternativas políticas y disminuye cuando se confrontan proyectos diferentes.

Tenemos mucho que estudiar para salir del terreno de la especulación, pero nos atrevemos a plantear que la mayor parte de la sociedad no es tan apática a la hora de decidir su voto, y que el marketing político, las redes clientelares y los votos cautivos no alcanzan para ganar una elección. La construcción y el convencimiento político parecen seguir siendo fundamentales para conseguir el apoyo popular.

La propuesta es buscar los caminos que nos permitan profundizar estos debates democráticos. Deberíamos plantearnos por qué un sistema que dice basarse en la soberanía popular sólo permite que el soberano se exprese una vez cada dos años. E insistir en cómo puede ser que el único ejercicio posible del soberano sea delegar su poder en representantes que no tienen ni que rendir cuentas ni pueden se revocados de sus cargos, para poner en evidencia la verdadera naturaleza de la democracia burguesa. Deberíamos cuestionar cómo las clases dominantes, que también son dirigentes, han logrado instalar la idea de que las instituciones democráticas actuales son inmodificables, eternas, haciéndolas aparecer como el resultado de un desarrollo natural. Por el contrario sabemos que el actual sistema democrático surge de un desarrollo histórico, real, social y complejo.

Partiendo del grado de conciencia de las masas y sin subestimarlas debemos encarar estas tareas. El desafió es grande pero el futuro podría ser nuestro si acertamos a construir una táctica política y sus medios de propaganda que combinen la intervención democrática y la perspectiva socialista.

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(1)Res Pública: del latín “Cosa Pública”, “Estado”, “República

(2)De Santis, Daniel: Informe al Comandante Che Guevara: a 40 años de su caída en combate, nuestra línea y sus tareas de construcción política. A formar filas, La Plata 2007.

(3)Por que lo hacemos en base a los datos publicados por el ministerio del interior sobre la provincia de Bs. As.: http://www.mininterior.gov.ar/elecciones/estadistica/e_ant.asp

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