Guevaratos y los Derechos del Niño

Una de las primeras cosas que queremos es aprender.

 Sabemos que no se puede aprender con la panza vacía, o con frío, o si uno no tiene donde dormir, y sabemos que hay dos cosas que van juntas: para tener un mundo mejor en el que todos podamos aprender, hay que saber que todos tenemos derecho a aprender, también a abrigarnos, a comer, a vivir en una casa, a poder ir al médico y a jugar.

Por eso ¡¡qué mejor que aprender entre todos, los derechos de los chicos!!

 Los chicos somos más chicos que los grandes y por eso nos llamamos así: chicos y grandes. No somos como los adultos sólo que en distinto tamaño. Somos chicos y queremos, pensamos, aprendemos y sabemos cosas a nuestra medida.

 Vamos conociendo el mundo a medida que crecemos. A veces crecemos despacio o crecemos rápido o crecemos mal según cómo nos va en la vida. A veces somos seres poco interesantes para los grandes porque no somos como ellos. Les interesa que repitamos cosas como loros y sólo eso les importa, porque les parece divertido. Y la mayoría de los grandes que conocemos no se animarían a hablarle a otro grande, como le hablan a un chico por ser chico.

 Millones de familias viven bajo presiones, para algunas la vida es más difícil que para otras: a muchas no les alcanza la plata para vivir dignamente, muchas no tienen casa, otras no tienen trabajo, otras no tienen plata para ir al médico, hay chicos que tienen que ir a trabajar en lugar de ir a la escuela.

 Y como somos los más chicos de la sociedad, somos víctimas de muchas cosas.

 La mitad de los chicos que va a la escuela bonaerense llegan a las aulas con hambre. El índice de pobreza que tanto nombran en la tele es un numerito que nos dice que la mitad de los chicos que van a la escuela tienen hambre. O sea que la mitad de los chicos va a la escuela a no poder aprender, porque el ruido de la panza no les deja pensar, no les deja atender, no les deja tener ganas.

La mitad de los chicos va a la escuela a nada. O mejor dicho, va a la escuela a comer y no a aprender; entonces, los chicos que debieran ir a aprender van sólo a comer.

 Pero hay más todavía: un niño que desde la gestación, o sea cuando está en la panza de su mamá, hasta los 5 años no recibe una alimentación adecuada sufre en su desarrollo neuronal una atrofia, un daño no reversible, o sea que va a tener menor capacidad de aprender…y si encima ese nene al ingresar a la escuela se encuentra con que no le enseñan, la cosa se pone peor. Y esto que pasa en la provincia de Buenos Aires pasa en el país; las provincias más pobres, las que necesitan más de la educación, son las que menos dinero reciben por chico; las que más educación necesitan, reciben menos. La posibilidad de una educación igualitaria es una mentira y es que una igualdad de oportunidades equivaldría a una igualdad en el punto de partida, es decir que todos los chicos lleguen a la escuela con verdaderas posibilidades de aprender, con muchas ganas de jugar y sin que la única gana que tengan sea la de comer.

 Y los chicos en el medio de esto lo único que podemos hacer es patear a un gato o a un perro… y que no lo pateamos porque además pobre, le dolería y eso no está bien.

 En mi barrio cantamos una coplita que dice así:

Mi padre manda a mi madre,

mi madre me manda a mí,

yo mando a mis hermanitos,

¡todos mandamos aquí!

 Pareciera que acá mandar quiere decir tener más derechos, de arriba para abajo, como una escalera. En la historia de la humanidad, muchas veces pasó como en la copla… los manda más decidían quiénes eran los manda menos. Así se estableció la discriminación entre los hombres. Eso pasó con los indios, con los negros, con las mujeres, con los niños, con los pobres, con los más débiles de distintas épocas y países. Por eso hubo que defender los derechos humanos, o sea los derechos que tenemos todas las personas por el solo hecho de ser personas. Pero parecería que acá hay una escalera donde algunos están más arriba y tienen más derechos, y que los chicos tenemos menos derechos que los grandes.

 Cuando un país tiene pobreza, violencia, inestabilidad, falta de democracia, esta presión cae sobre sus habitantes, sobre la familia y sobre los más débiles. Por eso tenemos que conocer los derechos de los chicos para poder defenderlos.

 Por suerte la mayoría de los países se reunieron y discutieron hasta llegar a un acuerdo sobre diez principios que contienen los derechos del niño.

 Todos estos principios, los diez, son para todos los niños del mundo, para todos todo. Empecemos entonces por el comienzo: un niño necesita atención antes de nacer. Seguridad no solamente en su casa sino en la sociedad en la que vive, para que se pueda crecer bien. Hay que cuidar a la mamá cuando está con panza, necesita cuidado médico, comida y una familia que la apoye.

 El bebé tendrá derecho a protección especial. Por ejemplo en caso de guerra, de accidentes o catástrofes, ese chico y todos los chicos tienen que ser ayudados primero. Lo mismo tienen derecho a todas las cosas que le permiten crecer bien: a estar sano, a jugar, a ir a una biblioteca, a estudiar, a tener paz…

 También hay derecho a tener un nombre y una nacionalidad. Todos los chicos necesitan amor y cuidados. Sería conveniente que el Estado se preocupara especialmente de los menores para que sean felices. Pero a veces todo esto no se cumple porque estos principios no son obligatorios ni para los ciudadanos ni para los Estados. Hay una gran diferencia entre lo que permite la ley y lo que realmente pasa con los chicos. Tenemos que darnos cuenta de eso. Nos encontramos con que estos derechos no se cumplen, se violan a  menudo, los chicos no están protegidos, muchos no pueden educarse, ni siquiera viven con su familia…

 ¿Y entonces? Me estoy acordando de las Abuelas de Plaza de Mayo… las abuelas tienen una organización que se dedicó especialmente a buscar a los chicos desaparecidos y a devolver a sus verdaderas familias a los que habían sido llevados a otros hogares. De los chicos que fueron encontrados, algunos viven con sus legítimas familias. En otros casos continúan con la familia adoptiva y en contacto con sus verdaderos abuelos.

 Cuando vino el golpe militar de 1976, muchas familias o papás jóvenes, fueron llevados por la fuerza por los militares y nunca más se supo de ellos. Son los desaparecidos. En muchos casos los chicos de los desaparecidos fueron a parar a otras familias que querían un niño. Por eso la organización de Abuelas de Plaza de Mayo se preocupó de recuperar a esos niños y devolverlos a sus verdaderas familias. Lo mismo pasó con bebés que nacieron en las cárceles mientras las mamás estaban presas. Muchos chicos fueron recuperados, otros no.

 Por eso, como sabemos que muchas veces, muchísimas veces, los derechos de los chicos no se respetan, lo primero que tenemos que hacer es aprender los derechos y contárselo a otro y a otro y a otros más, como hicieron las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo. Y después juntarnos todos los chicos que ya sabemos nuestros derechos y pedir que se los respete, porque aunque somos chicos, sabemos el ejemplo de las ramitas… a una ramita sola la quiebra cualquiera, pero a cien ramitas juntas…¿Quién las quiebra?

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