“El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo. Un libro que ha hecho mella en la acción política argentina”

Escrito por Daniel

PRÓLOGO al El izquierdismo, enfermedad infantil en el comunismo

Un libro que ha hecho mella en la acción política argentina, y por cuyas sendas nos queda mucho por recorrer


Prosiguiendo el trabajo de recuperar la experiencia del movimiento obrero y revolucionario y los avances de las ciencias de la historia y la sociedad realizados por el marxismo, en ésta oportunidad, presentamos un trabajo de Lenin escrito hace 89 años en Rusia.

La pregunta de rigor es por qué una editorial con muy pocos recursos como A formar filas eligió para editar como primer libro medianamente extenso El izquierdismo, enfermedad infantil en el comunismo de Lenin1.

La obra de Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) es sin duda un clásico de la literatura marxista que no perdió vigencia en las distintas etapas que ha atravesado el movimiento revolucionario desde que fuera escrito. Por nuestra experiencia nos resulta muy importante que el lector conozca como este importante libro influyó en dos periodos bien marcados de la historia argentina en un sector de la militancia revolucionaria.

El izquierdismo… era bastante conocido por amplios sectores de la militancia revolucionaria y de la izquierda argentina en las décadas de 1960 y 1970. Lo cual no quiere decir que no hubiese, dentro de las corrientes que se reivindicaban marxistas, posiciones izquierdistas ya que es una desviación producto de la inexperiencia, pero también, un fenómeno social que tiene raíces de clase no obrera. Junto con la desaparición de las organizaciones revolucionarias se ha perdido gran parte de la cultura política del marxismo. En el cuarto de siglo que se extiende desde la dictadura contrarrevolucionaria y que cubre todo la etapa de hegemonía del neoliberalismo en el terreno internacional y nacional, que incluye el desmoronamiento de la URSS y los países del “socialismo real” -más de 25 años pasaron del 24 de marzo de 1976 al 19 de diciembre de 2001-, florecieron innumerables organizaciones y grupos que han expresado cabalmente todo lo criticado por Lenin en este libro. Hasta tal punto están penetradas las desviaciones izquierdistas que al recomendar su lectura a jóvenes militantes, que se reivindican marxistas leninistas, algunos me expresaron su temor porque la lectura de estas enseñanzas y experiencias revolucionarias podían derrumbar su precaria formación política.

Desde diciembre de 2001 hemos comenzado a recuperar las enseñanzas de Lenin, y del conjunto de los revolucionarios, para actuar en consecuencia.

 

Lenin escribió este trabajo a principios de 1920 previo al Segundo Congreso de la Internacional comunista. Una de sus preocupaciones principales era impulsar el triunfo de la revolución en Europa, pero se levantaba un obstáculo de gran importancia ya que, producto de los sufrimientos de las masas al finalizar la guerra e impulsadas por el triunfo de la revolución rusa se presentaban situaciones revolucionarias en varios países europeos, varios partidos de la Internacional salteaban tareas importantísimos para movilizar en la perspectiva revolucionaria a amplias masas del proletariado y el pueblo. El siempre polémico Lenin se muestra particularmente colérico con sus compañeros que los felicitaban por el éxito del la Revolución Rusa pero se resistían a tomar sus enseñanzas. No vamos a hacer del prólogo un estudio de la obra, los/as invitamos a leerla. Sólo nos vamos a referir a algunos temas que tienen particular virulencia en el izquierdismo local. Para ello nos apoyaremos en el mejor discípulo, el que más presente lo tuvo y mejor aplicó sus las enseñanzas y que plasmó en la construcción de un Partido Revolucionario de los Trabajadores: Mario Roberto Santucho.

El capítulo 8 de El izquierdismo… se titula ¿Ningún compromiso? La misma pregunta tiene implícita la respuesta afirmativa. Lenin nos habla aquí de compromisos aceptables y compromisos inaceptables. También nos habla Lenin de la necesidad de realizar todo tipo de alianzas con sectores más o menos progresistas, más o menos comprometidos con el pueblo, con sectores inconsecuentes y aún con el enemigo. Nos habla de superar el doctrinarismo, aceptable en los primeros momentos cuando el movimiento es débil, de aprender a reconocer las diferencias de matices en el campo de la burguesía, del enemigo de clase del proletariado, para dar paso a la política revolucionaria.

Nos pueden salir al cruce y decirnos: ¡pero ahora somos extremadamente débil, no podemos hacer más que adoctrinamiento ideológico, dejemos la política para cuando tengamos más fuerza! En primera instancia esta parecería ser una recomendación en correspondencia con algunas afirmaciones de Lenin, si nos sujetáramos a la lógica formal como diría Santucho, pero, como sabemos, la realidad es siempre infinitamente más rica que la mejor de las teorías. A nosotros, que militamos en la Argentina, nos es muy claro ver cómo en nuestro país el exceso de doctrinarismo es uno de los mayores errores de los grupos de izquierda que subsistieron a la dictadura, los que no logran pasar de algunos cientos de militantes y, contradictoriamente con ello, vemos que en los innumerables grupos de pocas decenas de miembros, que en un sentido muy amplio ocupan el espacio político dejado vacante por la destrucción de las fuerzas revolucionarias, las carencias son de sentido opuesto, tienen que ver, en muchos casos, con el desconocimiento de la doctrina y cuando la leen, fragmentada, se quedan en los aspectos superficiales de la misma. Basándonos en esta realidad es que ponemos un gran esfuerzo en la recuperación de la historia y la teoría revolucionaria. Juega en ello un gran papel la Cátedra Che Guevara la que ya lleva seis años ininterrumpidos de brindar formación teórica. Junto a ella nació la Juventud Guevarista como organización política de masas que ha superado ampliamente a la Cátedra y avanza firme en convertirse en una real fuerza política. Si hubiésemos insistido sólo con la Cátedra seguiríamos siendo un pequeño grupo.

Luego Lenin pone algunos ejemplos, él nos dice que: “Las diferencias entre los Churchill y los Lloyd George-con particularidades nacionales insignificantes estos tipos políticos existen en todos los países- por una parte, y entre los Henderson y los Lloyd George por la otra, son completamente secundarias y sin importancia desde el punto de vista del comunismo puro (es decir, abstracto), es decir, el comunismo que aún no ha madurado para alcanzar la etapa de la acción política práctica de las masas. Pero desde el punto de vista de esta acción práctica de las masas, estas diferencias son de gran importancia”.2

Con todas las diferencias de distancias y matices entre ellos, para comprender mejor esta frase de Lenin habría que reemplazar a esos tres políticos ingleses, de principios del siglo XX, en este orden: a Churchill por Videla, a Lloyd George por Ménem y a Henderson por Kirchner. Son todos capitalistas pero, tal como dice Lenin, desde la política práctica es poco útil decir que uno es la continuidad del otro o, como muy habitualmente se escucha en los ambientes de la izquierda militante, que este gobierno es una continuación del neo-liberalismo de Ménem. Ambas afirmaciones son una simplificación que oculta el desconocimiento de la realidad en la que se está actuando, intentando hacer virtud de una carencia pero que, además, ayuda a desarmar políticamente a las fuerzas del campo popular. Para alguien que quedó desocupado durante el menemato y actualmente tiene trabajo, uno o el otro, no deben ser lo mismo. Tampoco es lo mismo privatizar que estatizar Aerolíneas. Quiere decir que esto que los gobiernos Kirchner son populares: no. No lo son. Por el contrario son la mejor respuesta a la estabilidad capitalista que podía encontrar la burguesía, aunque a veces ni ella misma lo tolere.

En el conflicto entre los ruralistas y el gobierno, de haber tenido fuerza y capacidad de movilización, los sectores progresistas y revolucionarios hubiésemos podido emerger como una alternativa popular a las dos variantes capitalistas. Hubiésemos podido maniobrar para meter una cuña entre: la medida progresista de las retensiones móviles, ampliando la movilización popular en su apoyo, separando a los pequeños productores de los pool de siembra, los rentistas, los grandes capitalistas agrarios y los exportadores y, su implementación retrógrada determinada por el objetivo pro gran capital del gobierno. Con las modificaciones realizadas luego de 4 meses de confrontación la resolución 125 comenzó a contemplar las aspiraciones de los pequeños y medianos productores, pese a ello o justamente por ello, los capitalistas agrarios no dudaron en voltearla. Salieron derrotados el gobierno y los pequeños productores y triunfantes los capitalistas agrarios. De este tipo de situaciones y de otras aún más comprometidas está hablando Lenin cuando se pregunta ¿Ningún compromiso?

Santucho en su informe al Comité Central Ampliado Vietnam Liberado de julio de 1975, reunido inmediatamente después de las grandes movilizaciones de junio y julio de ese año que derrotaron al ala fascista del gobierno de Isabel Perón, encabezada por López Rega, decía que:

“En la situación actual una apertura democrática constituiría en realidad un alto el fuego entre el pueblo argentino y sus enemigos que no implica riesgos para nuestro pueblo, que no constituye base alguna para la estabilidad capitalista… ”

“Pone a la orden del día la posibilidad de importantes concesiones en el terreno de las libertades, la posibilidad de que la burguesía liberal y las masas populares se proyecten nuevamente a un primer plano, agitando banderas de pacificación y libertad, y lleguen a concretar importantes conquistas democráticas hondamente sentidas por nuestro pueblo”.

“La libertad de todos los presos políticos; la derogación de la legislación represiva; la eliminación del terrorismo de derecha, es decir del terrorismo gubernamental de las AAA; congelamiento del costo de vida y aumentos dignos de salarios establecidos por convenciones paritarias”.

“Tras esos objetivos pueden y deben unirse sectores diversos, desde las fuerzas revolucionarias hasta sectores vacilantes y aún contrarrevolucionarios que se verán obligados a aceptar una posible democratización”.3

Quiere decir esto que Santucho traicionaba las más grandes movilizaciones que realizó la clase obrera, con independencia de la burguesía, después de 40 años. No, quiere decir que Santucho sabía maniobrar en momentos de debilidad del enemigo y fortaleza propia, en momentos que esa fortaleza todavía no alcanzaba para tumbar el poder capitalista, pero, si alcanzaba para fortalecer a las fuerzas obreras, populares y revolucionarias.4

Lenin en El izquierdismo… rezongaba porque: “Los comunistas ‘de izquierda’ nos colman de elogios a los bolcheviques. A veces dan ganas de decirles: ¡elógiennos menos, y procuren entender un poco mejor la táctica de los bolcheviques!5 Lo mismo le decimos a los compañeros que tanto elogian a los revolucionarios de la década del 70: ¡que elogien menos y estudien más nuestra experiencia!

La siguiente frase tiene tanta actualidad en algunos grupos de izquierda que podría incluirse sin las comillas que nadie se daría cuenta de su longevidad. “Los revolucionarios sin experiencia piensan a menudo que los medios de lucha legales son oportunistas porque en ese terreno la burguesía ha engañado y embaucado a los obreros con mucha frecuencia (sobre todo en épocas “pacíficas”, no revolucionarias), y que los métodos de lucha ilegales son revolucionarios. Eso, sin embargo, es un error”. Y luego de caracterizar como oportunistas y traidores a la clase obrera a los partidos y dirigentes que se niegan a utilizar métodos ilegales cuando ello es necesario nos dice que: “Pero los revolucionarios que no saben combinar las formas ilegales de lucha con todas las formas de lucha legal son, sin duda, muy malos revolucionarios”.6

 

El otro tema muy controvertido en la actualidad es la necesidad de aprovechar las elecciones burguesas y destinar parte de nuestras fuerzas a la lucha parlamentaria. A este tema Lenin le dedica todo el capítulo 7 en el que, desde el título mismo, nos está empujando a hacernos cargo de las elecciones y el parlamentarismo, llenando de los más vehementes improperios a quienes se niegan a hacerlo.

Dice Lenin: “Todos coincidirán en que un ejército que no se prepara para manejar todas las armas, todos los medios y métodos de lucha que el enemigo posee o puede poseer, se comporta de un modo insensato y hasta criminal. Esto se aplica más aún a la política que al arte militar”.7

Como el lector tiene en sus manos el libro de Lenin no vamos a recargar el prólogo con citas que podrá leer en el texto. Pero si queremos, antes de terminar, mostrarles cómo Santucho había recogido y difundía las experiencias y enseñanzas del revolucionario ruso.

Ni bien el Dictador Lanusse lanzó la política del Gran Acuerdo Nacional de la burguesía en el mes de marzo de 1971 Santucho recogía el guante y comenzaba su lucha para que el Partido Revolucionario de los Trabajadores esté preparado para el viraje que se avizoraba en la política argentina: A los pocos días se Comité Ejecutivo afirmaba que:

“… la madurez de un partido, su capacidad para convertirse en dirección real de las masas… se demuestra en su capacidad para hallar siempre la respuesta táctica correcta… Negar las elecciones, mantener ante ellas una actitud pasiva, no significa ninguna respuesta real al problema… La manera de hacer fracasar la farsa electoral es producto de la situación concreta que se presente en ese momento… podremos utilizar a ese fin dos métodos distintos: el boicot o la participación. Pero como decía Lenin: ‘ningún socialdemócrata que pise el terreno del marxismo, deduce la medida del boicot del grado reaccionario de tal o cual institución, sino de determinadas condiciones especiales de la lucha’.”

“… existe el peligro de una desviación ultraizquierdista, que tienda a realizar una negación abstracta de todo el problema electoral, sin tener en cuenta la situación concreta de las masas, que debe servirnos como el termómetro más eficaz para decidir nuestra política…”.8

La preocupación de Santucho por la presencia en el Partido de sectores que se resistían a preparase para la lucha electoral, fundamentalmente los que luego formaría las dos fracciones, la 22 de agosto pro peronista y la Fracción roja trotskista9, se reflejaba en la carta a su compañera Ana María Villarreal del 22 de septiembre de 1971 donde, ampliando el concepto de boicot o participación le decía: “La adopción de una u otra táctica deberá hacerse en los próximos meses y dependerá del grado de concesiones democráticas que debe aflojar la dictadura y fundamentalmente del estado de ánimo de las masas. Si se opta por el boicot, éste debe ser activo, y si se opta por la participación debe encararse desde la independencia política del proletariado y tratar de que en su torno se nucleen otros sectores populares, bajo la clara hegemonía política de la clase obrera. Rechazar en principio la elección y adoptar el boicot antes de que estén definidas las situaciones concretas es un punto de vista anarquista, ultraizquierdista, típicamente pequeño-burgués, que nuestro partido en este momento está expuesto a sufrir” (el subrayado es de la carta).10

Producto de estas presiones izquierdistas el PRT no llegó a participar con candidatos en las elecciones. Su Comité Central, reunido en febrero, demostrando la mayor honestidad intelectual no disfrazaba esta carencia, sino que se hacía cargo de las limitaciones cuando aclara que: “El Comité Central hace la salvedad y reconoce que la posición de abstención adoptada no es la más correcta, si no la opción a que la organización se vio obligada por el déficit en el trabajo legal que impidió se lograra la activa línea intervencionista que hubiera sido más eficiente para dificultar las maniobras del enemigo y lograr el máximo aprovechamiento de los resquicios legales”.11

En las escuelas del PRT Lenin figuraba, junto a Marx y Engels, a la cabezada de la bibliografía. En el estudio en las células nunca dejó de ser el autor más recomendado y leído por los militantes. El estudio era otra de las virtudes de aquella militancia pese a lo que digan sus detractores. Entre las obras básicas recomendadas figuraban en los primeros lugares: El Estado y la Revolución. El imperialismo fase superior del capitalismo. El ¿Qué hacer? Un paso adelante, dos atrás. El izquierdismo enfermedad infantil en el comunismo, Dos tácticas de la Social Democracia en la revolución democrática, las Tesis de abril, La guerra de guerrillas y Las enseñanzas de la insurrección de Moscú.

 

Si, El izquierdismo… era muy leído por estos militantes. Cualquiera, desapercibidamente, podría pensar qué ese libro estaría prohibido u oculto para los miembros del PRT. ¡No se opondría a su línea izquierdista! La verdad no era así. En primer lugar en el PRT nunca se prohibió leer nada, menos alguna obra de Lenin, al contrario se alentaba la lectura y sobre todo de los autores clásicos, no se recomendaba la formación por medio de manuales (esta opinión era coincidente con la del Che sobre los “ladrillos” soviéticos, como calificaba a los manuales de ese origen). Y no se oponía porque son dos cosas diferentes una línea política muy combativa, como era la del PRT, y una línea izquierdista. En la actualidad sobre esto también hay una gran confusión en muchos esfuerzos juveniles.

Con el auge revolucionario y el crecimiento del Partido entre las masas se fue abandonando el doctrinarismo de la época morenista y de los años de la necesaria lucha ideológica contra sus reminiscencias, retomando las valiosas experiencias principalmente junto al proletariado azucarero y ampliando su visión política hacia y desde las masas. Pero esta evolución no respondía a un eclecticismo ideológico, o a un marxismo heterodoxo de bajo nivel teórico, como ha teorizado un connotado intelectual del ala izquierda de la academia. Muchos intelectuales de academia no comprenden que todo fenómeno social es un proceso que va desarrollándose, desenvolviéndose, mostrando su inagotable diversidad, que esa realidad, que es más compleja que la más avanzada de las teorías, va actuando sobre la consciencia de los hombres. Nadie puede permanecer inmodificado durante 20 años, “todo fluye” como decía la dialéctica ingenua del filósofo griego Heráclito. Se asume en el papel la existencia de un Marx joven y de un Marx maduro. El Che nos habla de dos o quizás tres Lenin. Y nuestros intelectuales de academia quieren que en aras de vaya a saber qué ortodoxia Santucho fuera monstruo siempre idéntico.

 

Tanto a Lenin como a Santucho les tocó actuar en épocas de auge revolucionario, diferente a la actual. En esta época no revolucionaria la burguesía domina a través de la república parlamentaria: la mejor envoltura para la dictadura de esa clase. Es cuando la burguesía está más fuerte porque su dominación se disimula por infinitos velos que impiden a las clases populares comprender el fondo de la explotación y el origen de las injusticias. ¿Por qué en un país gran exportador de alimentos amplios sectores de la población padecen hambre? Esa y otro centenar de preguntas no encuentran fácil respuesta en la conciencia de las masas y mucho más lejos aún se encuentra la conciencia de la posibilidad del cambio de sistema, ya que el socialismo no es cómo en el siglo anterior el ideal de futuro. Es por eso que Fidel ha planteado que en la actualidad que el eje de la lucha es la batalla de ideas. Fidel y Gramsci nos ayudan mucho en esta época.

Ayer como hay la garantía de no apartarse del camino revolucionario, de sortear con éxito las presiones reformistas producto de la utilización de métodos legales de lucha y de la fuerte hegemonía de la ideología burguesa es la construcción de organizaciones revolucionarias y progresistas que tengan un profundo enraizamiento en las masas, una firme formación teórica de sus militante en los principios del marxismo revolucionario y una identidad política propia la que, para nosotros en nuestra América y en la Argentina, es el guevarismo. Estos elementos junto con la combatividad en cualquiera de las formas de lucha en las que debamos actuar conforman la base de nuestra ideología revolucionaria.

Daniel De Santis

La Plata, 5 de febrero de 2009

 

1 Lenin era el seudónimo de Vladimir Ilich Ulianov. (1870-1924). Revolucionario ruso que fundó en 1898, junto a otros militantes, el Partido Obrero Social Demócrata Ruso. Su ala revolucionaria fue conocida como bolchevique a partir del segundo Congreso realizado en 1903. Al frente de los bolcheviques encabezó las revoluciones rusas de 1905 y 1917. En noviembre de 1917 al triunfar la Revolución de Octubre se convirtió en el indiscutido jefe del naciente estado obrero, de la Unión Soviética y de la Internacional Comunista o Tercera Internacional hasta su muerte en enero de 1924.

2 El Izquierdismo enfermedad infantil en el comunismo. V. I. Lenin: Obras completas, tomo 33. pág. 202. Ed. Cartago. Bs. As. 1969.

3 Ante las posibilidades democráticas forjar y fortalecer la unidad. Informe de Mario Roberto Santucho al CC Ampliado, Vietnam Liberado, del PRT. Julio de 1975.

4 Para comprender cabalmente el sentido de la propuesta de Santucho recomendamos leer el texto completo del informe titulado: Ante las posibilidades democráticas forjar y fortalecer la unidad.

5 El Izquierdismo enfermedad infantil en el comunismo. V. I. Lenin: Obras completas, tomo 33. pág. 164. Ed. Cartago. Bs. As. 1969.

6 V. I. Lenin: Obras completas, tomo 33. pág. 204. Ed. Cartago. Bs. As. 1969.

7 V. I. Lenin: Obras completas, tomo 33. pág. 203. Ed. Cartago. Bs. As. 1969.

8 Comité Ejecutivo de abril de 1971. Resoluciones del V Congreso y… Pág. 166 y 167. Ver también A Vencer o Morir Tomo I pág. 266 y 267.

9 Es muy ilustrativo cómo los militaristas, con argumentos opuestos, unos votaron por Cámpora -oportunismo de derecha- y otros militaron la abstención como línea correcta- oportunismo de izquierda, se resistieron a una línea de masas.

10 Historia del PRT, 25 Años de la Vida Política Argentina. Pág. 26. 2da. Edición. Ed. 19 de julio.

11 Resoluciones del CC del PRT de febrero de 1973.

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