Sobre la consigna “Poder popular”

Daniel De Santis

27 de enero (ampliada en agosto) de 2013

1-        Desde hace un tiempo aparece aisladamente, dentro de la JG, el debate acerca de esta consigna pero que no ha llegado orgánicamente a ninguna de las instancias de centralización, al menos en las reuniones que he participado, por lo que creo conveniente fijar posición y abrir un debate necesario. Por otro lado algunos planteos teóricos exigen la profundización de la cuestión a la que contribuimos con las siguientes reflexiones.

2-        Como decimos en su mismo texto, cuando escribimos Nuestra línea: “Estuvimos tentados en titular este trabajo como: Nuestra estrategia de construcción revolucionaria (…) no lo hicimos, pero si a algún compañero le parece más claro nos hacemos cargo. Queremos dejar aclarado que en ningún caso estamos hablando de una estrategia de poder”.

3-        En la actualidad las organizaciones de izquierda no debaten acerca de una estrategia de poder. Eso resulta bastante atinente por un lado y un indicador de que el poder no está hoy en disputa, por el otro. Ninguna organización del campo popular ha definido una estrategia de poder. No le podemos llamar así a las propuestas del trotskismo orgánico que en el mejor de los casos no sobrepasan la descripción de los hechos de la Revolución Rusa de febrero de 1917 y han desnaturalizado una consigna de la guerra de clases como es la huelga general (sin siquiera diferenciar si se trata de una tal huelga en el marco de la lucha de clases o de la conciliación de clases). No lo han hecho ninguna de las organizaciones denominadas movimientos sociales, y nosotros nos hemos negado a hacerlo para no repetir la estrategia de los años ‘60 y ’70 sin antes hacer un profundo análisis de la evolución del capitalismo en el plano internacional y nacional en los 40 años trascurridos.

4-        ¿Estamos en una situación al menos incipiente de poder alternativo?

No vayamos a situaciones máximas como fueron el período entre las dos revoluciones rusas de 1917, o los años que van entre 1911 y 1917 en la Revolución Mexicana, tampoco a los tres años que duró la Guerra Civil española, o la situación en China desde 1925 a 1949, como tampoco y los años inmediatos posteriores a la Segunda Guerra en Grecia, ni tampoco a la que se vivió en Cuba luego de la derrota de la ofensiva general del Ejército de la dictadura en agosto de 1958. Pero si, por ejemplo, la que se vivía en éste país luego de la toma del cuartelito de El Uvero, efectuado el 28 de mayo de 1957, porque esos cuartelitos quedaron condenados a desaparecer y un mes después la dictadura levantó a todos los que había en la Sierra Maestra porque no los podían defender. O la que había en México hasta los asesinatos de Zapata en 1919 o de Villa en 1923. Un ejemplo nacional podemos encontrar en la situación de Villa Constitución durante 1974 y principios de 1975, en la que las fuerzas revolucionarias, con gran presencia política y militar del PRT y otros grupos revolucionarios, dirigían la UOM, lideraban al conjunto de la clase obrera de la Zona y toda ella y el conjunto de la población que se enfrentaron al gobierno de Perón primero y de Isabel y López Rega después liderados por esa vanguardia. Esta situación fue la que inspiró a Santucho a escribir Poder burgués y poder revolucionario. La situación en Argentina está muy por detrás de la menor de las que hemos citado, por el contrario en la actualidad recién hemos salido de una situación contrarrevolucionaria y estamos en un proceso de recuperación de la lucha popular.

5-        Lenin diferenciaba la propaganda de la agitación: La propaganda es la explicación profunda de un concepto o una serie de conceptos para lo cual se vale de instrumentos como un libro o un folleto de alguna extensión, una película, una conferencia, etc. Con la propaganda se busca concientizar acerca de las cuestiones tratadas. En cambio la agitación es la difusión de ideas inmediatas, concretas, por su brevedad utiliza otros instrumentos como una arenga encendida, una mariposa, video clips, un spot publicitario. La agitación no tiene como objetivo específico tanto concientizar sino de llamar a la acción. Al ser “poder popular” una tarea estratégica -similar a otras como: socialismo, partido (incluso esta podría ser más inmediata), poder revolucionario, huelga general, guerra de guerrillas y ejército del pueblo, la consigna “bajada” del periódico El Combatiente: Por la revolución obrera, latinoamericana y socialista, etc.- la podemos aceptar en el plano de la propaganda, pero el mismo hecho de darle ese tratamiento nos dará la oportunidad de descubrir los argumentos que estamos exponiendo. Las consignas que hemos indicado y otras que podríamos agregar no las manejamos en el plano de la agitación ya que no son un llamado a la acción inmediata en este momento como serían: ¡vamos a la huelga! o ¡afíliate a la UP! Sino en el de la propaganda, para ser debatidas en los cursos, en las reuniones de formación ideológica, etc.

6-        Una consigna tiene mucha mayor importancia de lo que a primera vista puede parecer. Si la consigna es correcta ayuda a avanzar, pero en épocas como las actuales de hegemonía de la ideología individualista del capitalismo, esos avances son lentos por lo que es difícil percibir la relación directa entre los avances y la consigna. En cambio, por esa hegemonía una consigna equivocada puede tener importantes consecuencias negativas en forma mucho más inmediata. Si bien en otra situación, podemos citar como ejemplo la consigna del PRT: ¡Argentinos, a las armas! Lanzada como respuesta al golpe contrarrevolucionario del 24 de marzo de 1976. El 9 de junio, en su autocrítica, Santucho evaluaba que nos había debilitado en lo ideológico y en lo orgánico. En este último aspecto porque no adecuamos la estructura de la organización a la nueva situación de reflujo de masas provocando ingentes caída de dirigentes y cuadros medios principalmente, junto a cientos y cientos de militantes y simpatizantes. En lo ideológico porque no nos preparamos para un esfuerzo de guerra prolongada quedando una visión de un auge ininterrumpido hasta la victoria. Éste, fue el error decisivo para el fin del PRT, ya que al no superarlo nunca, sobre todo en importantes sectores de la dirección, nunca se tomaron las medidas para la reorganización orgánica para un período de retroceso o de reflujo. La consecuencia fue la derrota de la organización y su posterior división en la que el “triunfalismo” jugó el papel decisivo (ver La historia del PRT-ERP por sus protagonistas).

7-        La repercusión en la consciencia es un dato a tener muy presente. La consigna que estamos analizando usada en el plano de la agitación puede traer como consecuencia inducir una visión facilista, en el sentido que la lucha revolucionaria es un camino ininterrumpido de éxitos y acumulación permanente de fuerzas ¡No compañeros, la lucha está y estará llena de dificultades, de sinsabores, de dolor, de esfuerzos y sufrimientos, también de retrocesos, avances, triunfos y alegrías! Pero estos últimos no nos deben confundir. Ésta consiga, que no se corresponde con la real correlaciones de fuerzas de clases tiene el peligro de debilitarnos ideológicamente, de ir creando en los militantes una consciencia socialista teñida de superficialidad, peligro difícil de advertir en lo inmediato. Se preguntaba el Che, en qué momento los dirigentes de la URSS perdieron el rumbo y abandonaron la lucha por la transformación de la conciencia. Porque las necesidades inmediatas los llevaron a avanzar por la línea de menor resistencia, haciendo concesiones a la ideología dominante, y darle continuidad de la NEP (política económica con elementos de mercado) más allá de la coyuntura en que Lenin la propuso como necesaria.

8-        En varios cursos hemos leído a Gramsci, lectura que amplió el marco teórico de los análisis y tareas que venimos haciendo desde nuestra fundación. En este sentido nos parece que lo que debemos fortalecer es la idea de la construcción de una consciencia contra hegemónica. Por caso, la Mascaró se inscribe en esa lucha. Aunque estamos retrasados, salvo en las elecciones, en lo poco que apelamos a los volantes, las pintadas, etc. Las ideas de Gramsci sobre consenso y hegemonía se relacionan con su análisis de las condiciones del capitalismo industrial y del carácter más complejo de estas sociedades. En ellas al existir una sociedad civil más “densa” y, en un período en que la clase obrera y los sectores populares pasaron a la defensiva y por lo tanto no estaba a la orden del día el asalto al poder, Gramsci elaboró su idea de que había que pasar de la guerra de movimientos a una guerra de posiciones. En esta guerra de posiciones se iría organizando el asedio a la fortaleza capitalista, durante la cual los trabajadores, organizados en un partido de la clase, construyen y defienden espacios políticos y sociales incluso en el marco del estado, como por ejemplo en la educación, con los cuales van minando las posiciones de la clase dominante en todos los órdenes de esa estructura social y política más densa[1].

9-        Esto es a lo que se le ha dado en llamar una praxis contra hegemónica capaz de permitir al partido proletario disputar las instituciones estatales y el poder, entendido como algo mucho más amplio que las instituciones de la democracia burguesa. Resume Guillermo Cabiasca en su PRT-ERP Montoneros dos caminos que: “Esta concepción es en realidad una elaboración de la concepción bolchevique, que sintéticamente planteaba que la hegemonía era la política que debían darse los obreros para conducir otras clases (populares) tras su proyecto socialista y que se desarrolló en la revolución rusa. Gramsci extiende esta idea a todas las sociedades capitalistas en las que los mecanismos que permiten generar consenso en las clases subalternas priman sobre la coerción, donde ‘la sociedad civil es densa’, y en las cuales la hegemonía es ejercida sobre la clase obrera. O sea, la concepción de la hegemonía es replanteada para analizar el funcionamiento de la sociedad capitalista en su conjunto. Es en el camino de articular su propio dominio que la clase dominante genera corrientes de intelectuales capaces de organizar la hegemonía de la clase dominante y garantizar la internalización por parte de los oprimidos de las condiciones de su dominación. Es importante señalar que para Gramsci la hegemonía lleva implícita la coerción (la violencia material es parte integrante de la hegemonía), ya que para él la coerción no es solamente la fuerza armada, sino que se ejerce en todos los planos de diferentes formas (o sea que existe coerción ideológica, cultural, etc.)”. Y agrega más adelante que: “el consenso no es espontáneo, sino construido, impuesto y debería ser relacionado con los conceptos de alienación y fetichismo”.

Hasta aquí hemos presentado en forma sintética ideas ya tradicionales en el marxismo. Ahora nos toca a los militantes e intelectuales de la actualidad hacer las elaboraciones que nos trasporten de la historia de las ideas a la acción política contemporánea.

10-    En medio de esta sociedad “densa”, “compleja”, en la que predomina el “consenso” de la burguesía sobre el proletariado y el conjunto de la clase trabajadora los pos moderno decretan, que poco más que al sólo análisis de estas condiciones, surge y se desarrolla el poder popular. Nos amenazan con lo complejo para responder con una inmensa simplificación. El largo asedio a la fortaleza capitalista es largo, que es una redundancia pero también una tautología, es decir que no se lo puede soslayar por subterfugios discursivos, porque sea cual sea el camino que se emprenda en la lucha por el socialismo será intrincado y de dura lucha. Para nosotros la sola comprensión de la necesaria construcción contra hegemónica no hace nacer el poder popular. No se le puede llamar así al inicio de organización en un barrio, en una facultad o en una fábrica. Tampoco a ganar las elecciones en un sindicato por importante que sea el hecho y el sindicato. Muchas veces el triunfo de la izquierda en ellos no significa un salto en la politización de la base de trabajadores.

11-    En este camino, algunas de las tareas más importantes consiste en constituir grupos políticos, que se eleven a partidos revolucionarios, que se propongan el asedio a la fortaleza, ello requiere una intensa formación ideológica que, para que no sea libresca, debe hacerse en el marco de la encarnizada lucha de clases, es decir, en la cruda realidad de la lucha política. Esta construcción ideológica y política de las organizaciones implica la formación de miles y miles de militantes de entre los cuales se forme una red de cuadros que constituyan la columna vertebral de la organización de los revolucionarios y del pueblo. Sobre la tan meneada cuestión de la formación de los cuadros sólo agregaremos que difícilmente se formen por fuera de la organización revolucionaria. Junto a la organización política se irán difundiendo las ideas de una nueva sociedad entre las clases subalternas.

12-    Sabemos que la Rebelión de 2001 abrió una nueva etapa de lucha. Dentro de ella el emergente por el lado capitalista fue el kirchnerismo (yo lo hemos analizado). Pero éste en sus 10 años de gobierno ha influido, indudablemente, en la manera de hacer política durante el período. Uno de esos más que ingrediente es lo que bien señala Eduardo Lucita en un reciente trabajo: “Por el contrario el kirchnerismo hace política desde la política, con o sin las instituciones, con o sin los partidos y da batalla en todos los frentes”. Hoy no es posible hacer política desde lo social aisladamente, ni desde lo meramente reivindicativo, ni de ambos a la vez. Hoy, para hacer política hay que meterse de patas y cabezas en la lucha política y, como también señala Nuestra línea, con una política que comience a disputar realmente el poder a las clases dominantes. Acierto de la JG en el sentido de empujar en esa dirección aunque nuestra incidencia haya sido muy pequeña, pero con una presencia más activa y de algún peso desde el 24 de marzo de 2013.

13-    “Poder popular” fue el escudo con el que intentaron protegerse las organizaciones pos modernas para encubrir su política populista y reformista, pero los vientos de cambio las han dejado a la intemperie. Estos cambios en la situación política fueron apreciados, desde hace un par de años por Guillermo Cieza dirigente del Frente Santillán. En esos momentos su posición era muy minoritaria, seguramente su persistencia pero sobre todo la acentuación de los cambios en la formulación de la política y la percepción de ello por amplios sectores llevaron a consolidar su posición hasta llegar a ser representativa dentro de su organización. Han pasado varios meses de la división del FPDS y nadie sabe concretamente el motivo de la misma, pero consideramos que no es aventurado afirmar que la lucha política y como parte de ella la lucha electoral ha tenido una importante incidencia. Con lo dicho no estamos avalando la posición de Cieza sino que, desde nuestra visión, consideramos que el estado de consciencia de la militancia, del activo social y de sectores del pueblo han producido su efecto.

14-    A la concreción de las tareas en torno a la construcción del poder popular llegará el pueblo luego de un largo asedio a la ciudadela capitalista, en el que se jalonaran distintos tipos de luchas como grandes huelgas que se den en el terreno de la lucha de clases y no en el de la conciliación de las mismas, como ocurre en la mayoría de los casos en la actualidad; grandes luchas sociales con contenido clasista, pero sobre todo a la maduración en el plano de la política, en la que podría jugar un papel decisivo un desconocimiento por el poder capitalista de un triunfo electoral popular, como ha ocurrido en todas las revoluciones del siglo XX en América Latina. Pero, lo más importante es que sólo puede haber un poder popular o doble poder, que se mantenga en el tiempo, en momentos de ruptura del consenso respecto de las ideas dominantes. Es decir que el poder popular emergerá en momentos de crisis de hegemonía de la clase dominante, de agrietamiento de su dominación de clase luego de un período de lucha más o menos prolongado de la clase obrera y el pueblo. Y, si ellas son lo suficientemente amplias, fuertes y sostenidas en el tiempo esas grietas se transformarán en rupturas, momento para el que las fuerzas populares deberán haberse preparado con suficiente antelación para pasar del asedio al asalto de la ciudadela capitalista.

15-    Derrotada la visión post moderna en lo político y en lo teórico, el único argumento que queda a favor de esta consigna es que machacando desde ahora se irá haciendo carne en la consciencia del pueblo. Ante él insisto en que el efecto más inmediato que puede lograr es crear una falsa conciencia triunfalista y facilista en el militante. Además ese argumento la reduce a una consigna de propaganda, y para ejemplificar su utilidad se la equipara con la lucha por el socialismo. Enorme error. El socialismo es el objetivo general por el cual luchamos los revolucionarios. Es un objetivo abstracto, mucho más después de la derrota revolucionaria a nivel mundial. Afortunadamente la prédica de Hugo Chávez le ha dado actualidad política. Pero, si queremos movilizar a las masas por el socialismo lo haremos a través de consignas concretas que sean visualizadas por estas. Si queremos llegar a una abstracción (el socialismo) por medio de otra abstracción (“poder popular”) lo único que lograremos es alejar la maduración del objetivo en la conciencia del pueblo, alejar a las masas del socialismo. Los que levantan “poder popular” como consigna de agitación, en los hechos, están renegando de la lucha política entendida ésta como los caminos y las tareas para llegar a la construcción del poder alternativo y construir el socialismo.

16-    Las masas aprenden de otra forma distinta que los intelectuales y estamos hablando de ellos en un sentido gramsciano, es decir, muy amplio, en el sentido que todos somos intelectuales. Las masas no son la suma de muchos individual, las masas tienen una entidad diferente y aprenden de su experiencia práctica y no de las abstracciones. La consiga “Poder popular” fuera de un contexto que la hace necesaria tiene el mismo efecto que la consigna revolucionaria de la “Huelga general” (aclaramos, por las dudas, que no es lo mismo que insurrección), alejar a las masas del objetivo. La única diferencia es que la consigna “Poder popular” no ha sido tan desnaturalizada, hasta ahora, como ha hecho el trotskismo orgánico con “Huelga general”.

17-    Otra consideración a tener en cuenta es que, por un lado una estrategia de poder es elaborada por el elemento consciente, es decir, el partido revolucionario, pero al no estar a la orden del día la lucha por el poder esa elaboración no aparece. La existencia de una consigna de poder al margen de una estrategia de poder es un primer indicador de lo ambiguo de la consigna. Pero también es verdad que no es necesario que exista una estrategia de poder para que se presenten situaciones de doble poder o lucha por el poder, o la existencia de un poder popular alternativo al de la clase dominante. Este puede surgir en forma más o menos espontánea en el curso de la lucha de clases sin una estrategia de poder y ni siquiera la existencia de un partido revolucionario, y ni tampoco de una organización de masas que lo cobije. Situaciones que pueden ejemplificar lo afirmado hay varias en la historia de la lucha de clases. De ellas tomamos la última y en la que a la JG le tocó tener ser una destacada protagonista.

18-    Desde los primeros momentos de la inundación del 2 de abril en La Plata, por la ausencia de los tres niveles del estado, municipal, provincial y nacional se vislumbraron muy tenuemente, en forma insipiente y no estructurados, algunos atisbos de poder popular en el que ni sus actores tomaron conciencia de ello. Este se manifestó en: 1- La masiva y eficiente organización de la solidaridad por parte de la población por fuera de las estructuras de los tres niveles del estado (Mascaró lo sintetizó afirmando que la solidaridad derrotó al sálvese quien pueda). 2- El cuestionamiento a porciones del entramado de consenso de los partidos burgueses: crisis de las redes de los punteros del justicialismo; la imposibilidad por parte del poder municipal para movilizar alguna de sus estructuras, ni siquiera la patrulla municipal; varios hechos de repudio a agrupación oficialista como La Cámpora pese a presentarse ante los damnificados con bienes materiales. 3- Las investigaciones sobre la real cantidad de muertos y daños por fuera y en contra de la política oficial realizados por el Juez Arias. 4- El estudio de las consecuencias de la inundación por el Colegio de Trabajadores Sociales de la Provincia de Buenos Aires con el sustento de un millar de estudiantes. 5- La irrupción y permanencia, por el lapso de dos horas, de una muchedumbre nucleada en las Asambleas de vecinos en el recinto del Concejo Deliberante de La Plata exigiendo la presencia del Intendente. 6- Los estudios sobre la inundación de Ingenieros del Departamento de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Plata. 6- Los aportes urbanísticos de los Arquitectos de la Comunidad. Fueron manifestaciones de que ante la renuncia a ejercer su poder posibilitó la emergencia transitoria de la organización espontánea de amplios sectores del pueblo.

19-    La consigna de agitación “poder popular” además de generar una falsa consciencia por lo que hemos indicado, tiene el agravante de estar vinculada a los balances de la lucha revolucionaria de los años ’70, en los que se simplifican, reducen y tergiversan la profundidad de aquella experiencia, favoreciendo esas respuestas simplistas, introduciendo la idea que la lucha por el socialismo en un recorrido mucho más fácil y benévolo que lo que enseña la historia de la lucha de clases. Entre la consigna “construir poder popular” y la línea discursiva para las elecciones de Marea Popular hay un abismo que responde a una inconsecuencia política pero también a la inconsistencia teórica que estamos analizando. Está instalado en gran parte de la militancia socialista la errónea concepción de que los revolucionarios de los ’60 y ’70 fueron derrotados fácilmente porque no estaban ligados a las masas, o porque cometieron el pecado del militarismo, o porque tenían unas débiles construcciones teóricas, o una combinación de estos factores. El desconocimiento de la realidad histórica favorece un ambiente intelectual proclive al facilismo porque piensan que, releyendo con más profundidad a los clásicos no se cometerán aquellos supuestos infantiles errores.

20-    Lo más revolucionario hoy es hacer realidad nuestra consigna de “la construcción de canales de participación popular”, que venimos propagandizando desde hace 10 años y que ahora ha encontrado eco en nuestra militancia. Ello es una demostración práctica de lo que estamos diciendo. Mientras se mantuvo como una abstracción no era retenido ni siquiera por gran parte de nuestros mismo compañeros. Hace unos días, en medio de la campaña electoral, la escuché en boca de nuestro primer candidato a concejal Alejandro Presa en La Plata lo que me indujo a plantearla con mucha fuerza en el acto del 9 de julio. Por qué ocurrió esto: Porque ahora ya es una consigna de acción, los militantes de la JG y de la UP comenzamos a tirar las primeras líneas de la construcción de canales de participación popular. Si costó años para que entrara en la consciencia, no ya de las masas, sino de la militancia la conclusión que tenemos que sacar, no es que los militantes no la entendían sino que no estaba planteada como una consigna de acción sino meramente en el terreno de la propaganda, pero ahora en este nuevo contexto pasó a ser una consigna no sólo de agitación sino también de acción y construcción. Y, además “construir canales de participación popular” es más avanzada que la falsa consigna del poder fuera de tiempo porque esos canales pueden comenzar a ampliarse (porque existen varios) hoy mismo y muchos se pueden convertir, o no, en futuros órganos de poder popular, y seguramente surgirán otros nacidos desde la infinita creatividad de las masas en estado de movilización.

21-    La JG ha tenido un avance sostenido desde su fundación, más visible en el último par de años, esto nos provoca a todos una enorme alegría, un entusiasmo militante y combativo, y es muy bueno que así sea, la compartimos y lo impulsamos. Pero lo que no nos debe hacer es llevarnos a pensar que las tareas de construcción y los momentos de lucha nos llevaran por una pendiente siempre ascendente casi sin obstáculos. Esa sería una mala conclusión que nadie se animará formular expresamente, (y quizás nadie sea consciente de ella) pero que puede anidar en las consciencias. Nos debemos preguntar: ¿Cuántas huelgas hemos dirigido? ¿Cuántos sindicatos encabezamos, aunque más no sea pequeños? ¿hemos logrado un alto o mediano porcentaje de votos? Ni que hablar de otras tareas más riesgosas. Por otro lado, ¿hemos verificado un vuelco en la consciencia de nuestro pueblo hacia las ideas del socialismo o un pensamiento más proclive a ellas? Lo que probablemente haya, y mucho más extendido de lo que creemos, es un sentimiento solidario entre los sectores más postergados de la sociedad pero que, son de los que nos encontramos más lejos de poder influenciar en la actualidad. Este punto lo resumiría llamando a tener ¡cuidado con los éxitos! Aunque ¡bienvenidos sean!

22-    Se argumenta internamente que ésta consigna es levantada por fuerzas con las que estamos estrechando una positiva y alentadora relación. Pensamos que varios de nuestros aliados no expresan al posmodernismo sino que están lejos de ello, pero con el mayor de los respetos y cuidando de no herir a nadie nos parece que esta consigna es una rémora de influencias agotadas y que más temprano que tarde ellos también la pondrán en el archivo ideológico, como hacemos nosotros, que pero que no tiene actualidad política. No consolidaremos estas relaciones rebajando nuestras ideas, siendo en el más cabal de los sentidos de esta palabra: oportunistas, cediendo ante ellos para quedar bien. Ante las discrepancias lo más sano es debatir con sólidos argumentos, sobre todo políticos, y con respeto por los aliados y amigos sosteniendo con firmeza nuestras convicciones y, por supuesto, con la cabeza bien abierta. De esta forma nos ganaremos su respeto y consideración. ¡Bienvenidos sean los debates francos, sinceros, con ideas genuinas y sin agachadas! Con ellos e inmersos en la contienda forjaremos las armas políticas e ideológicas de la futura organización de revolucionarios necesaria para llevar al triunfo la revolución socialista argentina y latinoamericana.

23-    Hoy que el posmodernismo está en retroceso y a las puertas de su total derrota no podemos retroceder 10 años. No lo hicimos cuando nacimos que éramos apenas un puñado y ellos estaban en la cresta de la ola, no lo hagamos ahora que la marea cambia de sentido. Como notarán, esta minuta, no contiene ninguna cita de los clásicos, ni una elaboración mayor, fue escrita a vuelo de pluma por la imperiosa necesidad de abordar un debate necesario. Estamos dispuestos a escuchar los argumentos a favor, por nuestra parte afinaremos la crítica si fuera necesario o aceptaremos aquello que tenga la fuerza de la verdad.


[1]
                        [1] Esa tarea fue cumplida cabalmente por el PC italiano durante el fascismo y la Segunda Guerra mundial. Finalizada la guerra el PC se siguió consolidando pero el “Giro [a la derecha] de Salerno” que, entre otras medidas, acordó el desarme de los partisanos comunistas. Pese a ello, en 1948 en las primeras elecciones tras la instauración de la República luego de obtener en alianza con los socialistas el 31 % de los votos su Secretario General, Palmito Togliatti, el 14 de julio, recibió un atentado fascista que lo dejó mal herido. Sus propios llamados a la calma evitaron que la Huelga General en su apoyo se transformara en una insurrección y diera inicio a un proceso revolucionario.

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